sábado, 10 de octubre de 2015

HONDEROS BALEARES LA INFANTERIA DE LA ANTIGÜEDAD Y LA BATALLA DE EKNOMOS



Decía el historiador Diodoro de Sicilia de los Honderos Baleares que:
“en la práctica de lanzar grandes piedras con honda aventajan a todos los demás hombres”
Fueron laureados como una de las mayores milicias de la Edad Antigua. Y es que este cuerpo de infantería ligera era muy temido por sus enemigos por su eficacia y su arrojo. Se decía de ellos que desde muy pequeños eran entrenados por sus propias madres en ejercicios de destreza donde tenían que derribar con su honda el alimento que pendía de una rama para poder comer.
 De este modo se aseguraban que practicasen con el fin de afinar su puntería si querían sobrevivir. Una técnica que a día de hoy podría parecernos poco ortodoxa, pero que en la Edad Antigua sirvió para crear un cuerpo letal de hombres preparados para la guerra.
[…]Y las madres señalaron a sus hijos más pequeños, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probará el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco[…]
Licofrón de Calcis.

EL ORIGEN DEL HONDERO BALEAR 

El hondero balear combatía semidesnudo e iban generalmente con hasta tres hondas; una para proyectiles de gran tamaño, otra para proyectiles que necesitaban de mayor precisión y otra para las distancias menos largas. Las hondas se elaboraban con lino, esparto u otras fibras vegetales duras. Pero también se podían hacer de crin de caballo o tripas de cabra. Los proyectiles eran rocas de diferentes tamaños o bolas pesadas de plomo. El alcance de la honda podía llegar hasta los 100 metros de distancia. Todo aquel que osase amenazar las tierras baleares era recibido con una lluvia de piedras que a menudo se traducía en el abandono de la ocupación.

LOS HODEROS BALEARES Y SU FEROCIDAD

Parafraseando de nuevo a Diodoro de Sicilia, nos dijo del hondero balear que:
[…] utilizando esta arma son capaces de arrojar proyectiles mayores que los lanzados por otros honderos y con una fuerza tan grande que parece que el proyectil ha sido lanzado por una catapulta. Por ello en los ataques a las ciudades son capaces de desarmar y derribar a los defensores que se encuentran en las murallas y, si se trata de combates en campo abierto, consiguen romper un número enorme de escudos, yelmos y toda clase de corazas. 
Por estos motivos los cartagineses incorporaron en sus ejércitos a los temibles honderos baleares en calidad de mercenarios cobrando normalmente en especies. En las guerras de los púnicos contra los griegos comenzaron a ver la luz como tropas especializadas en abrir brechas en los ejércitos enemigos. Eran, sobre todo, certeros a la hora de combatir a campo abierto, ya que su pericia desestabilizaba las líneas griegas quebrando sus escudos y sus armaduras con los pesados proyectiles. Pero también fueron excelentes asaltantes  de fortificaciones, usados en algunos casos como armas humanas móviles de asedio.
Honderos Baleares
                                                       Honderos Baleares, campañas
Aníbal, al llegar a la Península Itálica, llegó a usar hasta 2000 honderos en las primeras filas de sus formaciones para hostigar los scutum romanos y romper sus formaciones hasta que el enemigo estaba tan cerca que, debido a su armadura ligera, podían desplazarse en retirada con comodidad y dejar paso a una infantería más preparada para combatir el cuerpo a cuerpo contra sus enemigos los romanos.
Estrabón los describía como hombres que llevaban escudo y lanza, sin más armadura que su torso desnudo, y que llevaban atadas a su cabeza las tres hondas que solían utilizar.
La batalla más célebre con victoria púnica frente a los griegos fue la que aconteció en el año 311 a.C. en la batalla de Eknomos, donde 1000 honderos lucharon para Amílcar para derrotar a sus enemigos.

LA BATALLA DE EKNOMOS....UN DIA DE FURIA

Polibio dijo una vez que la Primera Guerra Púnica fue la mayor guerra a la que se había enfrentado jamás la  humanidad. Una afirmación así, viniendo de un testigo directo e informado siempre tiene el peso de la Historia de su parte. Aunque sospechemos un tanto de la subjetividad del implicado – que nunca está de más – lo cierto es que por primera vez se vivió un conflicto a gran escala en el Mediterráneo, de unas proporciones nunca vistas o recordadas hasta entonces. Incluso superó en duración (del 264 al 241 aC) a la mítica guerra de Troya, que se creía que se alargó durante diez años. Vamos, que la Primera Guerra Púnica fue algo así como una Primera Guerra Mundial que enfrentaba a dos modelos bien diferentes: el romano y el cartaginés. Dos modelos que chocaban en casi todo. Por ejemplo, en su papel en el Mediterráneo.
Hasta entonces las guerras habían sido algo que dirimir en tierra. Egipcios, asirios, hititas… todos ellos limaban sus diferencias con suelo firme bajo sus carros. Pero los nuevos tiempos exigían nuevas formas de combatir, como ya se había visto en Salamina hacía varias generaciones. El control del Mediterráneo y sus rutas comerciales hacía pivotar cada vez más las expectativas bélicas y el avance tecnológico hacia el perfeccionamiento de la navegación y el combate marítimo.


            Situación del Mediterráneo Occidental a las puertas de la Primera Guerra Púnica

En este ámbito Cartago le llevaba la delantera a Roma de todas todas. La Roma anterior a la Primera Guerra Púnica apenas había conseguido su salida al mar años antes. La conquista de la Magna Grecia había llevado a Roma al Mediterráneo un poco por azar; por esos años la futura dueña del Mare Nostrum no tenía ni un asomo de algo a lo que podríamos llamar agenda política mediterránea. La conquista de Rhegion, la colonia griega situada justo en frente de la actual Mesina llevó a Roma a inmiscuirse de lleno en el avispero político que era por aquellos años la isla de Sicilia.
Cartago, en cambio, tenía clara su política mediterránea. No por nada había hecho del control de sus factorías repartidas por la costa del Mediterráneo Occidental su principal fuente de riqueza. Una riqueza que para mantenerse obligaba a estar al tanto de las cambiantes relaciones de poder en el Mediterráneo como, por ejemplo, las que llevaron al desencadenamiento de la Primera Guerra Púnica.
Explicar la compleja situación de Sicilia a inicios del siglo III aC daría para una entrada por sí misma. Baste retener un par de ideas: 1. Sicilia era una de las piezas claves del control marítimo del Mediterráneo, tanto por su posición como por su excelente producción de cereales, 2. La isla se encontraba dividida en dos áreas de influencia, la que oscilaba hacia el mundo griego y la que lo hacía hacia Cartago, 3. Si a esto le sumas compañías de mercenarios acampando por ahí a su aire, tiranías en decadencia y necesidades geoestratégicas de Roma y de Cartago el conflicto estaba más que servido.
Uno de los grandes misterios de la Primera Guerra Púnica  es el cómo fue capaz Roma de crear de la nada una flota lista para plantarse frente a la gran potencia naval del momento. Polibio nos cuenta cómo los romanos capturaron un quinquerreme cartaginés y lo usaron como modelo para construir sus embarcaciones. En total construyeron cien quinquerremes y veinte trirremes en tiempo record. Mal construidos y difíciles de maniobrar, pero barcos al fin y al cabo. Con unas tripulaciones que se vieron obligadas – también nos lo cuenta Polibio – a aprender a remar en tierra firme y que apenas conocían los rudimentos de la navegación, pero tripulaciones al fin y al cabo. Las primeras acciones de la flota romana fueron, como no podía ser de otra manera, un desastre total pero no por ello dejaron de querer intervenir en el Mediterráneo.
En el 256 aC tuvo lugar uno de los mayores enfrentamientos navales de la historia, la batalla de Eknomos, en la costa occidental de Sicilia. Según Polibio 230 embarcaciones romanas se enfrentaron a una flota cartaginesa de tamaño similar (¡anda que no le gustaba exagerar!). Eknomos será el escenario de un ejemplo clásico en el arte militar: ¿qué pasa cuando dos ejércitos chocan llevando a cabo estrategias bien diferentes? Veámoslo:
La flota romana, falta de la experiencia naval de su adversario,  hizo de la necesidad virtud. Gracias al corvus (inspirado en el korax griego), una suerte de rampa acabada en garfio con la cual se perforaba la cubierta de las naves enemigas, las naves romanas podían convertir una batalla en el mar en un sucedáneo de batalla terrestre. Con las rampas tendidas, los romanos podían hacer lo que mejor sabían hacer: combatir cuerpo a cuerpo parapetándose tras sus escudos. Para ello, la disposición de la flota romana en Eknomos adoptó una formación compacta, con apenas espacio entre barcos, quizá una plasmación sobre las olas de lo que hacían las legiones romanas en tierra. Frente a ellos, la flota cartaginesa seguía unos patrones totalmente distintos. Con barcos ligeros, rápidos y maniobrables, basaba su ataque en las relampagueantes embestidas de sus espolones, intentando romper las líneas de quinquerremes enemigos.

 
                                     

El resultado del choque de las flotas en Eknomos no fue el esperado. Los capitanes cartagineses no supieron reaccionar ante la solidez de la nueva forma de combatir de las naves romanas, basada en un esquema que funcionaba en tierra. Amílcar, el general de la flota cartaginesa, planteó una disposición clásica: una línea de naves más o menos dispersa, compuesta de tres escuadras, en las que las naves de los flancos envolvían la flota enemiga y atacaban su retaguardia. Frente a esto, la carga frontal de la flota romana, que precipitaba el choque hacía un combate cuerpo a cuerpo más que hacía el hundimiento de las naves, sorprendió. Frente al cabo Eknomos, Roma recibió su bautismo de fuego como potencia marítima.



Hondero balear, tropas auxiliares romanas y su desaparición
Con el paso de los años y la pesada carga que arrastró Roma por la conquista de las Islas Baleares, los honderos isleños pasaron a formar parte de las tropas auxiliares de Julio César durante la conquista de la Galia, y en sus proyectiles de plomo se podía leer la inscripción “Caesar Imperator” en honor al procónsul romano. Eran usados como elementos hostigadores desde los barcos romanos para amedrentar a los nativos bretones en la invasión de Britania en torno al 55 a.C.
 A partir de entonces se pierde la estela del hondero balear, sobre todo a raíz de la conquista de las islas por parte de Quinto Cecilio Metelo, con la que se perdieron tradiciones y se forjaron otras nuevas a partir de la romanización. La honda ocupó un papel secundario como un arma defensiva para pastores de cabras y ovejas; muy lejos de un arma letal que funcionó con verdadera efectividad durante sus choques.

Hondero balear, el legado

“Las islas Baleares fueron en primer lugar, denominadas Gimnesias, después, cuando fueran ocupadas por los griegos, ya que sus habitantes atacan a sus adversarios con piedras que voltean con la honda, éstos denominaron Balears las islas que ésos habitaban, nombre derivado que significa: lanzar”
Servi, Ad Virgil.
http://entrehistorias.com/es/historia-antigua/un-dia-de-furia-la-batalla-de-eknomos/
http://revistadehistoria.es/honderos-baleares-la-infanteria-mas-temida-de-la-antiguedad/


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