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martes, 10 de noviembre de 2015

EGIPTO....RECONSTRUCION DE SU IMPERIO Y EXPULSION DE LOS EXTRANJEROS




Durante el siglo XVI, la isla de Creta se recuperó de su declive. Se volvieron a construir palacios más grandiosos que los de los tiempos anteriores. Los nuevos palacios tenían un gran patio central con gradas monumentales para espectadores, donde se celebraban competiciones de lucha (algo similar al boxeo, aunque también se golpeaba con los pies) y juegos rituales con toros: unos atletas saltaban sobre los animales y, tras una voltereta, caían de pie.
El toro tenía una gran importancia religiosa en esta cultura. 


La parte de la leyenda griega sobre el Laberinto, que el rey Minos había hecho construir para encerrar al Minotauro, parece remontarse a esta época. Las casas particulares tenían hasta cinco plantas con escaleras interiores. Se conservan pinturas de escenas cotidianas, en las que los hombres juegan a un cierto juego de tablero mientras el ama de casa teje lana, hay escenas de caza, otras de hombres acompañados de perros y gatos, etc. Los cretenses tenían un dios principal poderoso e iracundo, pero también había una diosa Madre a la que se podía rogar que aplacara a su hijo. El rey era descendiente de este dios y, de hecho, era éste quien le decía en cada momento lo que convenía hacer, de modo que oponerse a una orden real era oponerse a la voluntad divina. Todo esto es lo que se desprende de las numerosas pinturas de la época.



 De los testimonios escritos no se puede concluir nada, pues no se conoce la lengua cretense. La escritura del periodo anterior (la que terminó en 1700) era pictográfica, pero ahora se usaba una nueva en forma de líneas onduladas irregulares (escritura Lineal A).
La cultura cretense se extendió por las islas Cícladas y por el Peloponeso, cuyas ciudades principales a la sazón eran Micenas, Tirinto y Argos. Otras ciudades que más adelante adquirirían importancia eran Esparta y Corinto y, ya fuera del Peloponeso, Atenas y Tebas.
 


En 1595 a.C. el rey hitita Mursil I tomó Babilonia. No obstante, no pudo controlar la ciudad, pues los casitas aprovecharon la ocasión, descendieron definitivamente de los montes Zagros e impusieron su dominio sobre lo que había sido el Imperio Babilónico. Una vez más, la región pasó por un largo periodo de decadencia mientras los bárbaros invasores fueron asimilando lentamente la cultura mesopotámica y la versión babilónica de la religión sumeria. En 1590 a.C.Mursil I fue asesinado por su cuñado y sucesor, Hantil I.


 
Por otra parte, las ciudades civilizadas habían aprendido de los hicsos el uso bélico del caballo, con lo que éste dejó de ser una ventaja para los pueblos nómadas. Los reyes tebanos del Alto Egipto tenían caballos y los usaron para combatir a los invasores. El último rey de la XVII dinastía fue Kamosis, que redujo el dominio hicso a las vecindades de su capital. En 1570 a.C: fue sucedido por su hermano Ahmés (que, por algún extraño motivo, los egipcios catalogaron como primer rey de una XVIII dinastía). Ahmés libró una batalla decisiva en el Delta, en la que derrotó a Apofis III, el último rey hicso. El ejército hicso huyó a Palestina, pero Ahmés lo siguió y lo volvió a derrotar. Indudablemente, los hicsos ya no eran entonces los toscos guerreros de antaño, sino que habían asimilado los lujos egipcios y se habían debilitado. A partir de aquí desaparecen de la historia: la mayoría de ellos permanecieron en el territorio entre los fenicios, cananeos, amorreos, etc., pero ya sin ninguna identidad que los uniera. 



Con sus victorias, Ahmés logró imponer su autoridad sobre un Nuevo Imperio Egipcio. Parece que las tensiones entre el rey y la nobleza quedaron atrás. Ahora Egipto tenía carros y caballos, así como un nuevo orgullo nacional. El rey ya no sólo era sacerdote y dios, sino también un gran general. Su autoridad era indiscutible. Una muestra de la nueva reverencia que se le reservaba es que los egipcios ya no se referían a él como "el rey", sino con el circunloquio más pomposo de "la gran casa" o "el palacio", voz que ha derivado en la expresión Faraón. Aunque anacrónicamente se llama faraones a todos los reyes egipcios, lo cierto es que este título surgió con el Imperio Nuevo.
En 1560 a.C, el rey hitita Hantil I fue asesinado junto a su hijo y sus nietos por su yerno y sucesor Zidanta I, que años atrás había sido su cómplice en la conjura contra Mursil I. Las leyes hititas no establecían claramente la fórmula de sucesión del rey, por lo que las conjuraciones eran cada vez más frecuentes. A los pocos años de subir al trono, Zidanta I fue asesinado por su hijo Ammuna. Los desórdenes dinásticos, unidos a una grave sequía sumieron al reino en una profunda crisis.




En 1545 a.C. el faraón Ahmés fue sucedido por su hijo Amenofis I, quien retomó Nubia, el Sinaí y todo Canaán hasta Fenicia, como en los tiempos del Imperio Medio. Al oeste, los pastores libios protagonizaban frecuentes incursiones en territorio egipcio desde tiempos de los hicsos. El nuevo faraón puso fin a esta situación ocupando una buena franja del desierto libio.
En 1525 a.C, tras la muerte de Amenofis I ocupó el trono Tutmosis I, quien extendió el control egipcio sobre el Nilo hasta la cuarta catarata, mucho más allá que en cualquier época anterior. En Canaán llegó hasta la ciudad de Karkemish, en plena siria, a orillas del Éufrates. Los soldados egipcios quedaron fascinados por la abundante lluvia: "un Nilo que cae del cielo". El propio Éufrates fue también causa de sorpresa, pues los Egipcios usaban la misma expresión para referirse al Norte que para decir "río arriba". Así, el Éufrates era un río que, "fluyendo hacia el norte, fluye hacia el sur".


 
La ciudad de Tebas gozaba ahora de más prestigio que nunca. Tutmosis I construyó grandes templos, y cada uno de los reyes posteriores trató de superar a los precedentes. La construcción de pirámides se abandonó definitivamente (todas habían sido saqueadas por los ladrones de tumbas). En su lugar, Tutmosis I optó por ocultar su mausoleo tras una compleja red de túneles excavados en la roca de una colina cercana a Tebas. Durante los últimos años de su reinado gobernó junto a su hijo y sucesor, Tutmosis II




Mientras tanto, hacia 1500 a.C. los hurritas, que llevaban hostigando a Mesopotamia desde hacía tres siglos, finalmente se organizaron en un estado conocido como Mitanni, que ocupó una buena parte de lo que había sido el ahora decadente Imperio Asirio. Asur conservó su independencia, pero fue tributaria del nuevo reino. Mitanni arrebató también a los hititas gran parte de sus dominios, mientras éstos seguían bajo monarquías débiles que se disputaban el poder. El rey Telibinu trató de establecer una ley de sucesión clara, pero no pudo evitar que el reino hitita sucumbiera ante los hurritas de Mitanni.
En la actual Guatemala se estaban formando las primeras comunidades agrícolas.
En 1490 a.C.murió el faraón Tutmosis II. Siguiendo una costumbre egipcia, éste se había casado con su hermana Hatshepsut (probablemente, los orgullosos reyes egipcios consideraban que ninguna mujer era digna de ellos salvo que fuera de su propia familia). Fue ella quien realmente gobernó el Imperio desde la muerte de Tutmosis I. Por su parte, Tutmosis II había tenido un hijo con una concubina, Tutmosis III, a quien teóricamente le correspondía el trono, pero era menor de edad y su tía y madrastra quedó como regente. Hatshepsut es la primera mujer gobernante conocida en la historia. En los monumentos que construyó se representa a sí misma con vestimentas masculinas, sin pechos y con una barba postiza. Bajo su mandato dejó de lado la expansión militar y, en su lugar, fomentó el comercio, las minas y la industria. En aquella época estaba de moda la construcción de obeliscos gigantes: finas columnas de piedra de tal altura que todavía no está claro cómo conseguían erigirlas sin que se rompieran. Originalmente fueron erigidos en honor al dios Ra, en tiempos del Imperio Antiguo, pero entonces no eran especialmente altos: unos tres metros y medio. En el Imperio Medio se construyeron obeliscos de más de 20 metros de altura, Tutmosis I construyó uno de 24 metros y Hatshepsut llegó a los 30 metros.


Hatshepsut murió en 1469 a.C. cuando Tutmosis III tenía unos veinticinco años. Indudablemente, debió de vivir oprimido por su madrastra, pues tras su muerte ordenó eliminar su nombre de todos los monumentos en los que aparecía, sustituyéndolo por el suyo o por el de su padre o su abuelo. Incluso dejó su tumba incompleta, que es la mayor venganza que podía tomarse, de acuerdo con la mentalidad egipcia.
El periodo pacifista de Hatshepsut había acrecentado a las ciudades cananeas. El nuevo faraón había sido un títere de su madrastra, así que los cananeos debieron de pensar que sería un monarca débil y que era el momento idóneo para librarse del yugo egipcio. El reino de Mitanni fomentó la rebelión, que fue encabezada por la ciudad de Cadesh, tal vez el último resto del Imperio Hicso.
Sin embargo, el nuevo monarca resultó ser un buen general. En 1468 a.C.se enfrentó con un ejército cananeo en Megiddo, un enclave estratégico para la defensa de Cadesh. Tutmosis III aprovechó que el grueso del ejército se encontraba en otra parte (pues tomó una ruta diferente a la que sus enemigos habían conjeturado) y consiguió así una primera victoria. Dejó parte de su ejército sitiando la ciudad y siguió avanzando. A los siete meses Megiddo cayó en poder egipcio. Año tras año, Tutmosis III reanudaba sus campañas en Canaán, hasta que en 1462a.C. llegó a la misma Cadesh y la destruyó. Luego cruzó el Éufrates y se internó en Mitanni, pues Cadesh no habría resistido tanto tiempo sin su ayuda. No obstante no se atrevió a ocupar permanentemente una región tan alejada. Durante un siglo, el dominio de Egipto sobre Canaán no tuvo discusión. 


Mientras tanto, el dominio de Creta sobre el Mediterráneo fue decayendo en favor de la civilización micénica. Hacia 1450 se aprecian signos de destrucción en muchas ciudades cretenses, e incluso periodos de ocupación griega. 
En 1438 a.C. murió Tutmosis III y fue sucedido por su hijo Amenofis II, que continuó la política de expansión de su padre y reprimió dos levantamientos en Asia.
Hacia 1430 a.C. el reino hitita encontró finalmente un gobierno estable bajo el rey Tudhaliyas I, que logró algunas victorias sobre Mitanni.
Amenofis II reinó hasta 1412a.C., cuando fue sucedido por su hijo Tutmosis IV. Éste promovió una política de paz con Mitanni, y llegó incluso a tomar por esposa a una de sus princesas (algo completamente inusitado hasta entonces). Con Tutmosis IV empezó a cobrar importancia un dios que hasta entonces sólo había desempeñado un papel secundario en el panteón egipcio, el dios Atón. Es probable que en ello influyera la reina. La religión hitita era mucho más simple que la egipcia, por lo que tal vez a la reina le resultó más fácil identificar sus creencias con el culto a un dios modesto como Atón frente al sofisticado culto a Amón-Ra. En cualquier caso, lo cierto es que Tutmosis IV le rindió un ostensible homenaje.
Hacia 1400 a.C.murió el rey hitita Tudhaliyas I, que fue sucedido por su yerno Arnuanda I.

https://www.uv.es/ivorra/Historia/Historia_Antigua/IImilenio_C.htm

jueves, 23 de julio de 2015

LA HISPANIA ROMANA....LITERATURA Y HOMBRES DE LETRAS DEL IMPERIO





Entre los literatos y hombres de letras del Imperio hay una serie de ellos nacidos en Hispania, en cuyas obras hay unas veces reflejos de la geografía y las costumbres hispanas del momento, y en otras se han querido ver rasgos de una característica sensibilidad hispana.
El más antiguo es Lucio Anneo Séneca, oriundo de Córdoba e hijo de un famoso retórico. Nacido el año 4 de nuestra era, fue senador en tiempo de Calígula, desterrado luego por Claudio y recuperado más tarde por Nerón como maestro y valido suyo durante seis años. Después fue condenado a muerte por aquél. Séneca es el creador de la tragedia romana, hacia la que desde su filosofía estoica estaba especialmente inclinado: sus obras contienen reflexiones sobre la brevedad de la vida, el tiempo, la eternidad, con una preocupación por los problemas éticos característica de los filósofos helenísticos.

                                               
Séneca.
Sigue cronológicamente a Séneca otro literato muy distinto a él: Marco Valerio Marcial, nacido en Bilbilis hacia el año 40. Inclinado hacia la sátira, critica las debilidades humanas en pequeños poemas que hicieron las delicias de la corte de Domiciano.
Muy distinto en sensibilidad y temperamento fue el cordobés Marco Anneo Lucano, pariente lejano de Séneca y que, como aquél, sirvió en la corte neroniana, fue amigo de Nerón y fue ejecutado por orden del emperador. Sólo conocemos una obra suya, titulada De bello civilis, que narra la lucha entre César y Pompeyo conjuntando la belleza del verso con la exactitud histórica.
Al mediar el siglo IV la Península se hallaba totalmente romanizada, precisamente cuando los elementos de descomposición del fuste político y económico del Imperio comenzaban a fermentar. Las reformas administrativas de Diocleciano y su desarrollo en época constantiniana contienen en ciernes todos los elementos de la sociedad medieval. Algunas de las ciudades de la Península (Mérida, Itálica, Caesaraugusta, Tarragona) se alinean con las más importantes del Imperio; se decía que Mérida, sin duda la más sobresaliente de todas ellas, era la novena ciudad del Imperio, siendo precedida por otras tales como Roma, Constantinopla, Alejandría o Antioquía. Aún hoy, la antigua capital de Lusitania es una magnífica acumulación de moles constructivas romanas, entre las que destacan las murallas, el teatro, el anfiteatro, los foros, los templos, los puentes, los acueductos y el pantano de Proserpina. Y junto a este acervo monumental, destacan la enorme cantidad de inscripciones, públicas y privadas, que conservan la memoria de la ciudad y la rica estatuaria con que las autoridades regalaron a la extrema colonia de occidente, así como los retratos con que sus notables se inmortalizaron, los bellos mosaicos con que decoraron sus mansiones, sus termas y sus edificios públicos.

Mosaico romano de Mérida. Badajoz.
Mientras Mérida fue la capital de una región en el más amplio sentido, sede administrativa a la par que centro económico de una región, Tarraco fue esencialmente un centro de la administración romana, destino de buen número de militares y burócratas de Roma en camino hacia otros destinos, y ello se manifiesta sin duda en su perfil más severo, más oficial: destacan sus murallas y su gigantesco pretorio. Un perfil vital más recreativo y más placentero debió ofrecer Itálica, donde se han hallado importantísimas y refinadas obras de arte, estatuas, mosaicos y joyas. La explotación del campo debió dar lugar a cambios importantes a lo largo de los siglos de dominación romana: en los primeros tiempos tras la conquista tienen lugar las centuriaciones, repartos de tierras entre los veteranos del ejército convertidos en colonos; luego, los recursos del agro tienden a explotarse en unidades agrícolas de cierta extensión, y hacia fines del Imperio las villas o unidades de explotación agrícola se transforman sustancialmente. Durante los primeros siglos del Imperio, las villas son explotaciones rurales de perfil austero, como corresponde a su papel de alquerías o edificios dedicados a la explotación de recursos agropecuarios. Hacia el siglo IV la mayor parte de estas granjas sufrió cambios sustanciales: muchas de las villas hispanas experimentaron grandes remodelaciones o se reconstruyeron de nueva planta, se adornaron con mosaicos, se embellecieron con jardines y estatuas, con rico y sofisticado mobiliario. En origen, estas casas de gentes adineradas se convirtieron en los centros naturales de reunión de los aldeanos y gentes de los alrededores, en los días de fiesta.

Mosaico romano. Sevilla.
La contribución de Hispania a las necesidades de Roma fue grande: tanto en las primeras fases de la conquista, cuando proveía abundantes medios para sus actividades bélicas, en forma de recursos minerales, mercenarios, esclavos o caballos, como en los años después de implantada la pax romana, en que la Península, transformada en una pieza clave del engranaje económico de Roma, tuvo una extraordinaria relevancia durante los siglos I y II del Imperio, proporcionando a la urbe una ingente cantidad de trigo, aceite y vino, la vigésima parte de las cosechas que producía. Llegadas las ánforas con estos productos, se distribuían entre la plebe de la urbe, y luego eran arrojadas en un punto junto al Tíber, que al acumularse con los años fueron formando el montículo conocido como el monte Testaccio.
La clase aristocrática que se había desarrollado en Hispania a partir de la gente de las colonias había amasado durante los primeros siglos del Imperio unas considerables fortunas, y muchas de ellas podían compararse con las de la clase senatorial de la misma Roma. No es por ello extraño que una provincia como la Bética comenzase a tener un peso específico grande en el conjunto de tierras conquistadas y que estuviese destinada a desempeñar un papel importante dentro de los designios del Imperio. Ya durante el siglo I algunos hispanos habían desempeñado cargos importantes en el ejército y la administración imperiales, pero es a inicios del siglo segundo cuando se asiste al mayor brillo de las provincias hispanas, al recaer en hombres nacidos en su suelo el honor de regir sus destinos desde la más alta magistratura del Imperio. El principio de sucesión en el trono imperial se había intentado asociar desde su creación a un sistema de herencia familiar, al modo de las dinastías helenísticas orientales; no obstante, ya a mediados del siglo I, este sistema se había visto envilecido por la presencia de intrigas de corte como las que llevaron al poder a Nerón, que lo consiguió en el año 68, conocido como el año de los cuatro emperadores por ser el número de ellos que llegaron a ocupar efímeramente el poder. El acceso de los hispanos al poder se produjo en unas circunstancias distintas, y revestido de una gran dignidad; acaso precisamente por verse accedidos al mismo a causa de una reacción de los sectores militares ante el corrupto régimen de Domiciano. Éste había elevado al trono al anciano Nerva, un general cuya principal actuación al frente del Imperio fue la de proporcionarle un digno sucesor, cosa que hizo al adoptar a Marco Ulpio Trajano, nacido en la Bética de familia hispana. Militar de raza, Trajano recibió el Imperio en su madurez y su obsesión era la de hacer valer las virtudes de los tiempos heroicos, mantenidas un tanto artificialmente gracias a la prolongación intermitente de las campañas guerreras y de conquista. Prácticamente desde Augusto, Roma intentaba hacer realidad el ideal de que un nuevo orden se había establecido en el mundo bajo su égida: era la Nueva Era de paz y prosperidad tanto tiempo esperada, cuya llegada habían pronosticado los filósofos y cantado los poetas. En este mundo reinaría la equidad y la justicia bajo la mano firme y el imperio de razón de Roma.

                                    
Emperador Trajano. Museo Arqueológico de Cádiz.
No obstante, las guerras de conquista se habían prolongado más de lo previsto y este panorama de paz habría todavía de demorarse un poco. Trajano era uno de esos hombres que creía que un Imperio grande y poderoso sólo podría sobrevivir avalado por la fuerza de las armas, por lo que dedicó sus esfuerzos a ensanchar y consolidar los límites del Imperio, convencido de poder rechazar hacia el exterior a cuantas potenciales amenazas pudiesen presentarse. Volvió a afirmar la disciplina de los ejércitos, tratando de recuperar las míticas virtudes de la época republicana, alejándolos de las debilitantes costumbres de Oriente: al derrotar a los germanos celebró su triunfo a pie, como a pie permaneció al ser elegido cónsul mientras su antecesor permanecía sentado. Cuidadoso con las instituciones que Augusto había diseñado, reforzó y dio nuevas funciones al Senado, mostrando un estilo de gobernar basado en la austeridad y en la justicia, al tiempo que sus dotes personales y su capacidad de trabajo hacían de él un magnífico administrador de la cosa pública. Pasó la mayor parte de su reinado conquistando las fronteras donde se preveían potenciales amenazas para la seguridad y la estabilidad del Imperio: primero Germania y luego las regiones danubianas, que los relieves de la columna Trajana conmemoran; mientras dominaba y extendía los confines de Roma hacia las tierras de la actual Rumanía, sus eficaces generales hacían valer en otras fronteras el poder incontestable del Imperio: en Arabia y en la Iberia de Asia, mientras él en persona llevaba la guerra a esa región que habría de mantener en pie de guerra en constante desafío al Imperio, el mundo persa, Armenia y Mesopotamia. Tras dominar Babilonia regresó victorioso pero exhausto, por lo que falleció camino de Roma en el año 117. El principio de la adopción permitió incorporar al gobierno del Imperio como heredero de la máxima magistratura al príncipe que el emperador considerase digno de sucederle.
Esta norma, fundamental en el éxito del sistema sucesorio en el Imperio, llevó al Imperio a otro hispano, Publio Elio Adriano, lejanamente emparentado con Trajano y también nacido en Itálica. Buen soldado, forjado en las guerras de Siria, se reveló desde los inicios de su mandato como un hombre de sensibilidad y visión política muy alejadas de las de su antecesor. Adriano entendió que el Imperio había llegado a los confines del mundo conocido y que ninguno de sus enemigos había podido presentarle batalla duradera, considerando que había llegado el momento de desarrollar en la paz los ideales de esa nueva Edad de Oro que se sentía próxima y que correspondía a su reinado hacer realidad. Amante de la cultura griega, dedicó su reinado a recorrer sus amplios territorios con un sentido universalista de su raza: viajó por Germania, Britania, las Galias, Hispania, África, Grecia, Asia Menor, Egipto y Oriente. Su política ayudó a reforzar las fronteras y a consolidar el sentido de pertenencia de los distintos pueblos que vivían bajo la égida de Roma: a diferencia de Trajano, que emulaba a Augusto tanto en su política austera como en su enaltecimiento de Roma mediante el fortalecimiento de Occidente, Adriano era un sofisticado intelectual que amaba y comprendía a Oriente, que condescendía con los refinamientos de sus antiguas culturas y que no veía amenaza alguna para el Imperio en las relajadas costumbres orientales.

                                 
Busto del emperador Adriano. Palacio Real de Madrid.
 http://www.enciclonet.com/articulo/espanna-historia-de-218-a-c-415-d-c/

jueves, 30 de abril de 2015

LICINIO VALERIO LICINIANO.....Emperador romano que transforma el imperio Triarca en Diarca


  
                          

Emperador romano (307-325) nacido en Iliria sobre el año 250 y muerto en Tesalónica en el 325. Nacido en el seno de una humilde familia de campesinos, pronto entró a formar parte de las legiones romanas asentadas en oriente. Licinio demostró su valía en la campaña emprendida contra Narsés, rey de Persia, en el 297. Fue durante sus primeros años de vida militar cuando entabló amistad con el futuro emperador Galerio quien, como él, era originario de Illiria y se mostraba igual de rudo, ignorante y convencido pagano.


                                                  GALERIO

Una vez que Galerio ocupó el rango de césar y más tarde el de augusto en la Tetrarquía ideada por Diocleciano, Licinio inició una ascensión fulminante por los principales cargos militares. El sistema colegiado de gobierno entró en crisis en el año 306, momento en el que Galerio y Constancio Cloro fueron proclamados augustos, así como Severo y Maximino, césares. La segunda Tetrarquía no convenció a Majencio, hijo de Maximiano y a Constantino, hijo de Constancio, quienes consideraron dañados sus derechos sucesorios.


                                                 CONSTANTINO

La muerte de Cloro en Britania en el año 306 marcó el inicio de la crisis en el gobierno imperial. Por una parte, las tropas nombraron augusto a Constantino, por otro, el emperador Galerio promocionó a Severo al mismo rango en noviembre del 306. Paralelamente la plebe y los pretorianos de Roma nombraron augusto a Majencio, que asesinó a Severo a finales de año. La situación era desesperada. Galerio intentó deponer a Majencio, pero sus tropas fueron rechazadas en Italia. En el 308 reunió a Maximiano y a Diocleciano en Carnuntum para declarar usurpador a Majencio, pero su propuesta fue rechazada. Buscando un apoyo en el gobierno de oriente, Galerio promocionó a su amigo Licinio al cargo de augusto en noviembre de del 308.


 Mientras que Italia, África e Hispania quedaban en manos de Majencio, así como Galia y Britania en las de Constantino, Licinio sólo pudo ejercer el control sobre el Nórico y Panonia. Fue entonces cuando en el verano del 310 Licinio llevó a cabo una contundente victoria sobre los sármatas. Tras la muerte de Galerio en el año 311, Licinio llegó a un acuerdo con Maximino Daya, sobrino y sucesor de aquel que pretendía el control sobre la totalidad de los territorios orientales, por el que Licinio conservaba la soberanía sobre Grecia, Macedonia y Tracia hasta el Bósforo, mientras que Maximino ocupaba las ricas provincias de Asia, Siria y Egipto.
Licinio no dudó en aliarse con Constantino contra Maximino y Majencio. Aprovechando la ausencia de Licinio, Majencio ocupó Bizancio y Heraclea, y rompió con ello el acuerdo firmado en el 311. En el año 312 las tropas de Constantino atravesaron los Alpes en su marcha hacia Roma. Tras unas victorias iniciales en Turín y Verona, el 28 de octubre del 312 se libró la decisiva batalla del Puente Mulvio donde el usurpador Majencio cayó derrotado y muerto.


                                BATALLA DEL PUENTE MULVIO

 Esta victoria fue mitificada por la historiografía cristiana como el momento de la conversión de Constantino, quien con la ayuda de Dios pudo vencer a su rival. El 30 de abril del 313, en el Campus Ergenus, tuvo lugar la confrontación entre Licinio y Maximiano. Tras la derrota de Maximiano, Licinio pudo ocupar la totalidad de los territorios orientales.


Licinio y Constantino iniciaron una política de colaboración que fue sellada con la boda entre Licinio y Constancia, hermana de Constantino, así como con la promulgación de la libertad de cultos mediante el Edicto de Milán


                                                           EDICTO DE MILAN

Sin embargo, la concordia de la diarquía fue breve y fue necesario nombrar a Bassiano césar de los territorios limítrofes entre ambos emperadores. Licinio conspiró con Bassiano para asesinar a Constantino, lo que inició una guerra civil que se saldó con la derrota de Licinio en Cibalae (Panonia) en el 314. A pesar de su derrota nombró augusto al general Valente, llamado a suceder al propio Constantino a su muerte. Tras un segundo enfrentamiento en diciembre del año 317 en el Campus Ardiensis (Tracia) se pudo llegar a una tregua gracias a la mediación de Constancia: Licinio acababa con Valente y cedía a Constantino Panonia, Macedonia y Grecia; por su parte Constantino renunciaba a legislar por su cuenta. La concordia se mantuvo hasta el año 320, momento en el que Licinio inició una política anticristiana en sus territorios. Su decisión resultó un poco extraña, teniendo en cuenta el gran número de cristianos de oriente y la decidida política filocristiana que había mantenido hasta entonces. La decisión de Licinio de que todo funcionario de la administración imperial sacrificara a los dioses le granjeó una enorme impopularidad y un nuevo enfrentamiento con Constantino. Licinio fue derrotado en el año 324, primero en Adrianópolis y después en Chrysópolis.

                                           MURALLA DE CONSTANTINOPLA

Poco después fue sitiado en Constantinopla, donde se rindió con la promesa de que su vida iba a ser respetada. Fue desterrado en Tesalónica, lugar donde acabó por morir estrangulado por orden de Constantino a finales del 325, probablemente para evitar una nueva rebelión.

Bibliografía

  • BAJO, F. Constantino y sus sucesores. La conversión del Imperio. (Madrid; Akal,1990).
  • BARNES, T.D. The new empire of Diocletian and Constantine. (Cambridge; Mass, 1982).
  • MAIER, F.G. Las transformaciones del mundo mediterráneo, s. III-VIII. (Madrid; Siglo XXI, 1972).
  • PFLAUM, H.G. (et al.) Roma. El mundo romano 2. (Madrid; Espasa-Calpe, 1985).
    Enciclonet,Biografias.

martes, 21 de abril de 2015

BATALLA DE PANIPAT....fin de un Sultanato e inicio del Imperio mogol de Babur



                         
La batalla de Panipat se libró entre las fuerzas invasoras de Babur y el Imperio Lodi, que tuvo lugar el 21 de abril 1526 en el norte de India. Marcó el comienzo del Imperio mogol. Esta fue una de las primeras batallas con armas de fuego la pólvora y la artillería de campo.



En 1526, las fuerzas de Mughal Babur, el gobernante de Timurid Kabulistan, derrotaron al ejército sentencia mucho mayor de Ibrahim Lodi, sultán de Delhi.
 La batalla se libró el 21 de abril cerca de la pequeña localidad de Panipat, en el día de hoy el estado indio de Haryana, un área que ha sido el escenario de varias batallas decisivas para el control del norte de la India desde el siglo XII.


                                                                  IBRAHIM LODI

Se estima que las fuerzas de Babur numerada alrededor de 15.000 hombres y tenía entre 20 a 24 piezas de artillería de campo. Babur estimado Lodi tenía alrededor de 100.000 hombres, aunque esa cifra incluye los seguidores del campamento, mientras que la fuerza de combate fue de alrededor de 30.000 a 40.000 hombres en total, junto con al menos 1.000 elefantes de guerra.



Ventaja de los cañones en la batalla

Se suele considerar que las armas de Babur fue decisiva en la batalla, en primer lugar porque Ibrahim Lodi carecía de artillería de campo, sino también por el sonido del cañón asustó elefantes de Lodi, haciendo que se pisotean propios hombres de Lodi. Sin embargo, una lectura de las fuentes de la época muestran que más de la pistola, que era la táctica que ayudó a ganar el día.



 Las nuevas tácticas de guerra introducidos por Babur fueron los tulughma y araba. Tulughma significaba dividir todo el ejército en varias unidades, a saber. la izquierda, la derecha y el centro. Las divisiones de izquierda y derecha se subdividen en divisiones anterior y posterior. A través de este un pequeño ejército podría ser utilizado para rodear al enemigo desde todos los lados. a continuación, el Centro de división Delantero se proporcionó con carros que se colocaron en filas que se enfrenta el enemigo y atadas entre sí con cuerdas de piel animal. Detrás de ellos estaban los cañones colocados protegidos y apoyados por manteletes que podrían ser utilizados para maniobrar fácilmente los cañones. Estas dos tácticas hicieron la artillería de Babur letal. Las armas y los cañones podían ser despedidos sin ningún temor de ser golpeado, ya que estaban protegidos por las carretas de bueyes, que se celebraron en el lugar debido a las cuerdas que sostienen ocultar juntos. la boquilla de los cañones pesados también podría ser cambiado fácilmente, ya que podría ser manoeuvered por los manteletes que fueron proporcionados con ruedas.
Ibrahim Lodi murió en el campo de batalla, abandonado por sus feudatarios y generales. La mayoría de ellos cambiaron su lealtad al nuevo maestro de Delhi. Sin embargo había Sultan Ibrahim sobrevivido otra hora de luchar habría ganado, como Babur no tenía reservas y que sus tropas estaban cansando rápidamente.



 
  Babur y sus memorias...



Reconocida como una de las mejores memorias autobiográficas del mundo, Bāburnāmah relata la historia de Zahīr al-Dīn Muhammad Bābur, que nació en 1483 y gobernó desde los 11 años hasta su muerte, en 1530. Babur conquistó el norte de India y estableció el Imperio mogol (o Imperio timúrida-mogol). Originario de Fergana, en Asia Central, Babur descendía por parte de padre de Timur (Tamerlán) y por parte de madre, de Chingiz (Gengis) Kan.

 

 Babur escribió sus memorias en chagatai, o turco antiguo, al que denominó túrquico, las cuales más adelante se tradujeron al persa y fueron copiadas e ilustradas repetidas veces por sus sucesores mogoles. Esta copia, escrita en persa en escritura nasta‘līq, es un fragmento de un manuscrito disperso que fue realizado a finales del siglo XVI. El orden de las hojas, como se encuentra aquí, no sigue la narración del texto.

 El fragmento perteneciente al Museo de Arte Walters contiene 30 pinturas, la mayoría a página completa, que son representativas del estilo de la corte mogol en la época del emperador Akbar, quien gobernó desde 1556 hasta 1605. Otro fragmento importante de esta obra, que contiene 57 folios, se encuentra en el Museo Estatal del Este, en Moscú. La encuadernación en cuero verde oscuro, que no es la original, tiene entre 75 y 150 años de antigüedad. 

 
 EL IMPERIO DE BABUR

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