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lunes, 6 de febrero de 2017

LOS ACADIOS....SARGÓN FUNDA EN PRIMER IMPERIO DE LA HISTORIA


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La segunda mitad del tercer milenio fue una época de grandes cambios. Los pueblos indoeuropeos del oeste de Asia se desplazaron hacia el sur. Una tribu de grecohablantes ocupó el noreste de los Balcanes. Por aquel entonces los indoeuropeos ya conocían la agricultura, si bien se decantaban más por la ganadería. Sus armas eran de piedra, pues no conocían la metalurgia. En el sur de Grecia, la población nativa (no indoeuropea) hacía tiempo que comerciaba con el bronce, que obtenía principalmente de Chipre. Los pueblos semitas que habían invadido Mesopotamia cinco siglos antes empezaron a salir de su "edad oscura". La ciudad de Mari desarrolló una cultura mixta que conservaba su lengua semítica, pero, por ejemplo, adoraba a los dioses sumerios.
En Egipto se instauraba la V dinastía, que reinó desde el 2500 hasta el 2430 a. de C., cuando se instauró (obviamente) la VI dinastía. Al parecer, el monarca que sucedió a Menkure fue un sacerdote de Ra, lo que culminaba el ascenso político de este cuerpo sacerdotal. La construcción de pirámides entró en decadencia. Probablemente los egipcios decidieron invertir sus esfuerzos en cosas más útiles, como el refuerzo de sus ejércitos.
Mientras tanto, alrededor del 2425, los elamitas se unieron por primera vez bajo la dinastía de Awan. Siglos después pervivió una tradición según la cual esta ciudad había dominado Mesopotamia antes de la llegada de los sumerios. Puede ser cierto y puede ser que la leyenda se creara a partir de este periodo de esplendor. Por esta época, los elamitas ya habían adaptado la escritura sumeria a su propia lengua. 



Hacia el 2400 en Sumer destacó Eannatum, rey de la ciudad de Lagash, que al parecer derrotó a los ejércitos unidos de Uruk y de Ur. Como conmemoración de sus victorias, Eannatum erigió una serie de columnas de piedra o estelas con inscripciones e imágenes. La más famosa es la Estela de los buitres, en la que se ve una formación de soldados con cascos y lanzas avanzando sobre los cadáveres de los enemigos devorados por perros y buitres. Según las inscripciones, el ejército vencido era el de la ciudad de Umma, que provocó la guerra al quitar ciertas piedras que marcaban las fronteras. Naturalmente, no conocemos la versión de los vencidos. Lagash conservó su preeminencia durante algo más de un siglo. Llegó a dominar un territorio de unos 4.500 kilómetros cuadrados. Su último rey fue Urukagina, que ascendió al trono alrededor del año 2350. Por estas fechas los semitas crearon otro reino poderoso alrededor de la ciudad de Ebla, en Siria, cerca de Fenicia, que llegó a dominar muchas ciudades del norte de la media luna fértil, de Anatolia y de la Alta Mesopotamia. Otro tanto sucedió con la ciudad de Mari, que dominó muchas ciudades de su entorno, entre ellas Assur. 



Volviendo a Lagash, parece ser que Urukagina fue un rey ilustrado, que trató de impulsar reformas sociales para reducir el excesivo poder de los sacerdotes en beneficio del pueblo. Sin embargo, los sacerdotes podían llegar a tener más poder que el rey sobre un pueblo temeroso de los dioses. Lagash se debilitó por sus convulsiones internas y Umma encontró la ocasión de vengar su pasada derrota. A la sazón su rey era Lugalzagesi, que se apoderó de Ur, se proclamó rey de Uruk y, desde allí, en el año 2330 atacó Lagash y la saqueó. Pronto adquirió el control de todo Sumer.
Naturalmente, si conocemos todos estos detalles es porque a partir del año 2800 los sumerios empezaron a usar sistemáticamente la escritura con fines históricos y literarios (los egipcios harían otro tanto a partir del 2100). A los sumerios de siglos posteriores les debió de sorprender la ausencia de registros anteriores al 2800. Posiblemente no se les pasó por la imaginación que la causa fuera que antes se desconocía la escritura o, por lo menos, que ésta tenía un uso aún muy restringido, así que conjeturaron que ésa debía de ser la fecha del Diluvio Universal, una leyenda sobre una inmensa inundación que posiblemente era mucho más antigua. Los sumerios ubicaron todas sus leyendas en la época "antediluviana".
Según dichas leyendas, el mundo fue creado en siete días. El número siete se debe a que los astrónomos sumerios habían identificado siete cuerpos celestes, aparte de las estrellas: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno. Estos astros eran divinidades que influían sobre los hombres. El destino de una persona dependía fuertemente del astro dominante el día y la hora de su nacimiento. Cada día se nombraba según el astro que dominaba en su primera hora, y así surgió la división del tiempo en semanas de siete días.
Las listas de reyes sumerios fueron completadas con diez reyes antediluvianos, a los que atribuían reinados de decenas de miles de años. 


El último y más famoso de estos reyes fue Gilgamesh, rey de Uruk. Su leyenda se basa indudablemente en el Gilgamesh histórico que reinó hacia el 2700, pero el Gilgamesh legendario fue situado antes del Diluvio, como era preceptivo. Según la leyenda fue un héroe valiente que realizó hazañas increíbles. Tras la muerte de un amigo se puso a buscar el secreto de la vida eterna. Así pasó una larga serie de peripecias. Entre ellas sobrevivió al diluvio, causado por unos dioses enojados. Otro de los supervivientes fue Utnapishtim quien, favorecido por los dioses, construyó un barco en el que se salvó juntamente con su familia. Los dioses, sin hombres que les ofrecieran sacrificios, sintieron hambre, pero Utnapishtim, cuando el Diluvio hubo pasado, sacrificó animales en acción de gracias. Dice el poema:

Los dioses olieron su aroma, Los dioses olieron el dulce aroma, Como moscas, se agruparon sobre el sacrificio...
En agradecimiento, los dioses otorgaron a Utnapishtim el don de la inmortalidad. Se encontró con Gilgamesh y le indicó que debía buscar cierta planta mágica. La encontró, pero, cuando se disponía a comérsela, una serpiente se la robó (lo que explicaba la creencia antigua de que las serpientes rejuvenecen al cambiar de piel). 
Otra ciudad semita que había alcanzado cierto esplendor era Kish. Mientras Lugalzagesi reinaba en Uruk y ejercía su influencia sobre todo Sumer, el primer ministro del rey de Kish se las arregló para usurpar el trono, tras lo cual adoptó el nombre de Sargón, que significa "Rey legítimo". Su legitimidad no debía de estar tan clara, pues el nuevo rey prefirió trasladar la corte a una nueva capital fundada por él mismo y que no estuviese asociada a la monarquía anterior. Esta capital fue Agadé, o Acad, y desde entonces el rey fue conocido como Sargón de Acad. Alrededor del 2300 Sargón se enfrentó a Lugalzagesi y lo derrotó. Según sus inscripciones conmemorativas, esta victoria le dio el dominio de todo Sumer, pero parece ser que en realidad necesitó varias campañas más para lograr esta meta. En cualquier caso, Sargón acabó dominando una extensa región de Mesopotamia que incluía a todo Sumer y que fue conocida como el Imperio Acadio. Más aún, sometió al reino de Elam, dejándolo bajo el gobierno del rey de Susa, una de sus ciudades menos destacadas, que a partir de este momento empezó a ganar influencia.

                   

Sargón siguió combatiendo y sojuzgando ciudades del norte y del este, mientras la capital de Acad iba engrandeciéndose. Por ejemplo, la ciudad de Assur se había liberado recientemente del dominio de Mari, e instauró una monarquía propia, pero sus reyes se convirtieron en tributarios de Sargón. La propia Mari no tardaría en someterse también al yugo acadio. Por el contrario, Ebla estuvo a punto de derrotar a Sargón, quien, no obstante, logró rehacerse. Ebla conservó su independencia y se convirtió en un importante centro cultural que absorbió la cultura acadia (que a su vez había incorporado la cultura sumeria). En sus restos se han encontrado numerosas tablillas cuneiformes escritas en eblaíta con textos jurídicos, religiosos, diplomáticos, administrativos y económicos. Incluso se han encontrado diccionarios sumerio-eblaítas. Según los escritos acadios, Sargón llegó en sus campañas hasta la costa de Canaán. 



El Imperio Acadio fue el primer imperio histórico en el sentido de un pueblo que dominó militarmente a otros pueblos extranjeros. En este sentido, el Imperio Antiguo egipcio no era un imperio, sino una cultura homogénea que poblaba un territorio extenso. El gobierno de Sargón fue opresivo para los pueblos que sojuzgó. Los gobernantes sumerios del sur fueron sustituidos por guerreros brutales, lo que causó muchas revueltas que Sargón tuvo que sofocar. Por otra parte, Sargón instituyó el acadio como lengua oficial del imperio y debió de tomar medidas para fomentarlo pues, a pesar del prestigio que tenía el sumerio, terminó desplazándolo.
Indudablemente, la entrada de los acadios conquistadores en las ciudades de Sumer debió de generar una gran confusión, agravada por el hecho de que los recién llegados hablaban una lengua que casi nadie entendía. Tal vez las gentes más humildes, cuya visión del mundo se reducía a su entorno más inmediato, ni siquiera entendían por qué "de repente" habían aparecido hombres que hablaban una lengua tan extraña que ahora se veían coaccionados a aprender. Era natural pensar en un castigo de los dioses. Con el tiempo, cuando Sumer y Acad se borraron de la memoria de las gentes, pervivió la leyenda de que hubo un tiempo en que todos los hombres hablaban la misma lengua (o sea, el sumerio), pero que un día los dioses los castigaron y sembraron la confusión haciendo que hablaran dos lenguas distintas. Por otra parte, los zigurats eran ya monumentos del pasado y lo que la gente sabía de ellos es que habían sido construidos para acercarse al cielo. Esto era cierto: muchos pueblos con divinidades celestes eligen lugares elevados para estar más cerca de sus dioses al hacer sus sacrificios, y los zigurats fueron la peculiar forma que tuvieron los sumerios de plasmar esta idea. Sin embargo la gente encajó muy bien ambas historias: los antiguos construían torres cada vez más altas con la pretensión de alcanzar el cielo, pero los dioses se enojaron por este intento de "invasión" y lo evitaron sembrando la confusión: les hicieron hablar cientos de lenguas distintas, con lo que ya no podían trabajar conjuntamente y el proyecto fracasó. Los hombres se dispersaron según sus lenguas, y esta era la causa de que en el mundo hubiera tantos pueblos con tantas lenguas diferentes. Por una cuestión de coherencia esta leyenda tuvo que ubicarse después del Diluvio (los hablantes de lenguas extrañas no habían perecido), lo cual, por otra parte también encajaba en la historia: tal vez los antiguos querían llegar al cielo para salvarse en caso de que los dioses provocaran otro diluvio universal. 




Hacia el 2300 se inicia un periodo de esplendor en el valle del Indo. La llamada civilización del Indo fue extendiéndose hasta ocupar un territorio mayor que el actual Pakistán. Se construyeron grandes ciudades de ladrillo con casas rectangulares y calles de 8 metros de ancho, disponían de instalaciones sanitarias, almacenes, piscinas y un sistema de canales muy estudiado. Sus habitantes cultivaban el trigo y la cebada, y se han encontrado los restos más antiguos del cultivo del algodón. Disponían de una escritura reducida de 270 signos diferentes (cuyo significado se desconoce), que únicamente se han encontrado en sellos, por lo que debían de ser identificaciones de mercancías. Sorprende la ausencia de templos en las ciudades, si bien se han encontrado objetos de culto, tal vez antecedentes de la futura religión de la India. Tampoco había palacios, lo que suscita muchos interrogantes sobre el tipo de estructura social de esta cultura. Las capitales más importantes eran Harappa y Mohenjo-Daro. Se ignora si eran capitales de estados distintos o si formaban parte de un mismo imperio. Hay constancia de un intenso comercio marítimo con Sumer.

                     

Por esta época reinaba en Egipto el tercer rey de la VI dinastía, Pepi I, nativo de Menfis. Los nómadas del desierto de Libia empezaron a hostigar el país, pero fueron rechazados cinco veces por los ejércitos egipcios, dirigidos por un general llamado Uni. Este general consolidó también el dominio de Egipto sobre la península del Sinaí, rica en metales, e incluso supervisó expediciones a Nubia, al sur de la primera catarata del Nilo. El Imperio Antiguo alcanzó así su apogeo. Probablemente, Pepi I decidió que las relaciones comerciales que Egipto mantenía con Fenicia desde hacía mucho tiempo no eran satisfactorias: los cananeos pagaban poco por las exportaciones egipcias y cobraban mucho por sus productos. (Cuando dos personas negocian y una tiene a sus órdenes un ejército poderoso, es natural que llegue a esta conclusión.) Los fenicios fueron exhortados a pagar periódicamente un tributo al rey, pero algunas ciudades decidieron negarse. Como consecuencia, Uni dirigió una expedición contra Fenicia: una columna marchó por tierra y otra, transportada por mar, desembarcó hacia el sur de Biblos. El ejército derribó murallas, incendió ciudades, destruyó cosechas, se apoderó de toda clase de objetos valiosos y, sin duda, consiguió que las ciudades castigadas se comprometieran a pagar el tributo. 




Hacia el año 2280 muere Sargón de Acad. Inmediatamente, Sumer y los pueblos de los montes Zagros vieron en la muerte del rey una oportunidad para liberarse de la tiranía acadia y se rebelaron. Sin embargo, Sargón fue rápidamente sucedido por su hijo mayor Rimush, quien, con ayuda de su hermano Manishtusu, sofocó las revueltas. 



En 2272 el hijo de Pepi I subió al trono de Egipto con el nombre de Pepi II. Era sin duda un niño, pues su reinado duró noventa años, y es, al parecer, el más largo de la historia. 



En 2252 Naram-Sin, nieto de Sargón, ocupa el trono de Acad. Tras sofocar varias revueltas internas, Naram-Sin continuó la tradición imperial de su abuelo, reemprendiendo expediciones a tierras lejanas. En el 2200 destruyó el floreciente reino de Ebla. Para consolidar su autoridad se hizo proclamar dios, organizó un cuerpo de nobles-funcionarios que supervisaban o sustituían a los reyes locales e instaló colonias de acadios en las ciudades sospechosas de rebeldía. La cultura floreció en la corte de Acad. Los escribas acadios desarrollaron y superaron las tradiciones sumerias. Aunque el lenguaje de la cultura siguió siendo el Sumerio, los comerciantes y la administración hablaban acadio.
Mientras tanto, como es habitual, en los cielos se reproducían los acontecimientos de la tierra: Los dioses acadios se mezclaron con los sumerios. Es fácil distinguirlos porque tienen nombre semíticos. Además son todos dioses celestes, como corresponde a las culturas de pastores. Así,  Sin, dios de la luna, se convirtió en el dios principal de Ur (Naram-Sin significa "amado por Sin").
 Ishtar, identificada con el planeta Venus, diosa del amor y la belleza, se convirtió en la diosa principal de Uruk, desplazando el culto a Anu. Esto era aceptable, pues pronto se descubrió que Ishtar era hija de Anu. También estaba Shamash, dios del Sol, que no consiguió tanta notoriedad como sus compañeros. 

http://www.historialuniversal.com/2009/05/los-sumerios-imperio-mesopotamia-sargon.html
http://sobrehistoria.com/los-acadios-guia-de-estudio/
https://www.uv.es/ivorra/Historia/Historia_Antigua/IIImilenio_B.htm
https://myrozco.wordpress.com/los-sumerios/
http://sobrehistoria.com/los-acadios-gobierno-y-economia/

martes, 3 de noviembre de 2015

LOS AMORREOS INVADEN MESOPOTAMIA....HISTORIAS A LO LARGO DE LA HISTORIA




El periodo de anarquía en que se vio envuelta Mesopotamia al final del tercer milenio a.C. facilitó una nueva invasión del territorio por una nueva oleada de pueblos semitas. Éstos se llamaban a sí mismos Amurru, pero actualmente son más conocidos como Amorritas o Amorreos. La invasión no fue tan traumática como las anteriores, en parte porque esta vez el caos de la región no lo habían ocasionado ellos, en parte porque su lengua era muy similar al acadio, por lo que fueron asimilados fácilmente y no se les tuvo por odiosos extranjeros, como había sucedido con los guti. Tal vez no sería exagerado afirmar que los amorreos, pese a su falta de cultura, impusieron el orden necesario para que la cultura mesopotámica siguiera floreciendo. No obstante, fueron necesarios unos dos siglos para que la vida volviera a ser la de antes. Los amorreos se asentaron en lo que había sido Acad y también en Canaán. La ciudad más importante tras la caída de Ur fue Isin. El reino de Elam también ejercía su influencia sobre las ciudades mesopotámicas más cercanas. Más al norte destacaban las viejas ciudades de Mari y Assur, así como la ciudad de Eshnunna. No fueron ocupadas por los amorreos, pero parece que dependieron seriamente de ellos. 


                           


Los amorreos no introdujeron muchas novedades. Se limitaron a asimilar la cultura preexistente. Ni siquiera introdujeron nuevos dioses, pues la similitud de su lengua con el acadio favoreció que sus dioses se identificaran con algunos de los ya existentes. Tenían un dios nacional, Amurru, que pervivió como un dios secundario.
También hubo movimientos en el norte. Los indoeuropeos domesticaron el caballo. Hasta entonces los únicos animales de carga eran los bueyes y los asnos. El caballo, aun domesticado, no servía para estos fines, pues los arneses primitivos les oprimían la tráquea y los asfixiaban. Durante un par de siglos tal vez fue usado únicamente como alimento. Ya hacía tiempo que un pueblo indoeuropeo se había asentado en el norte de Grecia, y ahora otro se asentó al sureste de Anatolia. Se les conoce como Hititas. Como es habitual, tanto los hititas como los griegos tardaron varios siglos en asimilar la cultura de la zona y durante este periodo dieron poco que hablar.
Al mismo tiempo, la civilización empezaba a cuajar en dos zonas de América: En México aparecen los primeros núcleos urbanos con viviendas rectangulares de techos de paja. En las ciudades se desarrolló una economía autosuficiente basada en la agricultura, caza, pesca y recolección. El metal era desconocido.



 En Perú los avances fueron más espectaculares, allí las ciudades contaban con edificios públicos para ceremonias y en Las Haldas destaca un templo piramidal compuesto por siete terrazas superpuestas. No conocemos muchos detalles sobre la sociedad que llevó a cabo estas construcciones, pero en cualquier caso podemos deducir que había excedentes económicos y una organización social estratificada que regulaba la actividad comunal.


La isla de Creta se convirtió en una nueva potencia. Ya llevaba mucho tiempo comerciando por mar con Egipto y Canaán principalmente, pero ahora la isla se unió bajo un gobierno poderoso, cuya capital fue la ciudad de Cnosos. Ahora los barcos comerciales cretenses estaban protegidos por una flota militar. La prosperidad y la influencia de la isla fue aumentando gradualmente en los siglos siguientes. La Grecia continental fue ocupada por un pueblo indoeuropeo que implantó una cultura homogénea en la región, típica de las primeras fases de la Edad del Bronce. No obstante esta cultura no llegó al Peloponeso ni a las zonas costeras, que continuaron habitadas por una población nativa bajo la influencia de Creta. 


Egipto estaba en los mejores días del Imperio Medio. Los reyes Mentuhotep IV y Mentuhotep V tuvieron un capaz primer ministro llamado Amenemhat, de origen tebano. De algún modo se rebeló y en 1991 a.C. se convirtió en rey con el nombre de Amenemhat I, inaugurando así la XII dinastía. Trasladó la capital del imperio a Lisht, cerca de Menfis, pues debió de juzgar que Tebas estaba demasiado al sur para controlar eficazmente el Bajo Egipto. La construcción de pirámides continuó, si bien éstas nunca volvieron a alcanzar las proporciones de las del Imperio Antiguo. Amenemhat reforzó el dominio egipcio sobre el Sinaí, restableció el comercio con el sur y mantuvo controlada a la nobleza. Así mismo ordeno la limpieza y restauración del canal que unía el Nilo con el lago Moeris, lo que aumentó considerablemente la fertilidad de la región.
La XII dinastía fue considerada en épocas posteriores como la Edad de Oro de la literatura egipcia. A esta época corresponden los ejemplos más antiguos que conocemos de literatura de ficción no relacionada con la mitología, como el cuento del náufrago que se encuentra con una serpiente monstruosa, o el cuento de Sinuhé, que cuenta la vida de un exiliado egipcio entre las tribus nómadas de Siria. También las ciencias progresaron. Se conoce un papiro que explica cómo operar con fracciones, así como el cálculo de ciertas áreas y volúmenes. Hay recopilaciones de refranes y proverbios. Se cree que uno de ellos fue escrito por el propio Amenemhat I para su hijo. Parece que la vida de palacio no era del todo fácil, pues entre otros consejos leemos:
Ten cuidado con tus subordinados... ten cuidado con tu hermano, no conozcas al amigo y no intimes con nadie...
En 1971 a.C. Amenemhat I fue sucedido por su hijo Sesostris I, quien conquistó la región de Nubia, situada al sur de la primera catarata del Nilo. Los nativos eran un pueblo primitivo que no tenía nada que hacer frente al ejército egipcio. Quince siglos después, cuando Egipto había perdido su poderío, los sacerdotes contaban historias legendarias sobre las extraordinarias hazañas de los reyes del pasado, que habían conquistado todo el mundo conocido, y el mayor de todos los conquistadores era Sesostris I. 
 
 
 
Mientras tanto, en Mesopotamia, la ciudad de Larsa se liberó de la dominación de Elam, en 1924 a.C. derrotó a Isin y tuvo su propio siglo de grandeza. Podemos decir que hacia 1900 a.C. los sumerios habían desaparecido de la historia. No fueron exterminados ni expulsados. Simplemente perdieron su identidad nacional. Ya nadie hablaba sumerio, si bien la lengua se conservo como "lengua culta" en los rituales religiosos (algo similar a lo que le sucedería al latín mucho después). Durante 2.000 años los sumerios habían inventado el transporte con ruedas, la astronomía, la matemática, la empresa comercial, la construcción con ladrillo a gran escala y la escritura, y a partir de este momento fueron paulatinamente olvidados, hasta tal punto que no se volvió a saber de su existencia hasta los descubrimientos arqueológicos del siglo XIX d.C.
A esta época corresponden los sucesos narrados en la parte final del libro del génesis, en la Biblia. El génesis fue escrito por sacerdotes judíos más de mil años después. Su primera parte es una versión de los mitos sumerios sobre el Diluvio y las épocas anteriores, drástica y sistemáticamente adaptados para dejar como único protagonista al dios judío, que en la época que tratamos ahora no existía todavía. Por ejemplo, se conserva una tablilla sumeria de esta época que hace referencia a un conflicto entre un dios pastor y un dios agricultor, en los que no es difícil reconocer a los que la Biblia presenta como Caín y Abel. Los diez reyes legendarios de antes del Diluvio son sustituidos por diez patriarcas de Adán a Noé. Luego viene la adaptación de la leyenda sobre los hombres que querían construir una torre que llegara al cielo. Ahora es el dios judío el que lo impide haciendo que cada cual hablara una lengua distinta. La Biblia sitúa la historia en la ciudad de Babel o Babilonia. Al parecer los judíos encontraron una falsa etimología que relaciona el nombre con la palabra "confusión", cuando en realidad Babel es una derivación de Bab-Ilum (puerta de Dios), nombre de una pequeña ciudad mesopotámica que tomaron los amorreos y que pronto iba a destacar en la región. 



Tras una larga lista de descendientes de Noé, el génesis prosigue con la historia del patriarca Abram. Las fuentes de esta última parte ya no son mesopotámicas, sino cananeas. No se conoce ninguna otra versión más que la de la propia Biblia. En principio, toda la historia de Abram podría ser una invención muy posterior, pero hay indicios de que existe un sustrato que se remonta realmente a los finales del siglo XX o principios del XIX. Por una parte, se describe una situación política que cuadra con la realidad histórica:
Aconteció por aquel tiempo que Amrafel, rey de Senaar; Arioc, rey de Elasar; Codorlahomor, rey de Elam y Tadal, rey de Naciones, hicieron la guerra contra Bara, rey de Sodoma, y contra Bersa, rey de Gomorra, y contra Senaab, rey de Adama y contra el rey de Bala, la misma que después se llamó Segor. Todos estos vinieron a juntarse en el valle de las Selvas, que ahora es el mar salado. Y el motivo fue que, habiendo estado doce años sujetos a Codorlahomor, al decimotercero sacudieron el yugo. (Gen. XIV, 1-4)
Senaar es el nombre que la Biblia da a Mesopotamia, mientras que Elasar debe de ser Larsa y, obviamente, el mar salado es el mar Muerto. Las ciudades de Sodoma, Gomorra, eran cananeas. Debían de estar cerca del mar Muerto, pues la Biblia sigue explicando que allí tuvo lugar el enfrentamiento como consecuencia del cual fueron derrotadas y saqueadas. En el texto hay una aparente contradicción, pues parece que Elam es la potencia más poderosa (era la que tenía sometidas a las ciudades cananeas), mientras que a Amrafel se le presenta como rey de Mesopotamia. Probablemente Amrafel era rey de Babel, y se le atribuye el gobierno de toda Mesopotamia anacrónicamente, pues poco después la ciudad dominaría en verdad toda la región.
Otro indicio del valor histórico de la última parte del Génesis es que la historia de Abram parece haber sido modificada varias veces, en particular para encajarla con el siguiente libro de la Biblia, el Éxodo. Así, los protagonistas cambian de nombre de forma repentina y a veces muy forzada. El propio Abram (padre excelso) pasa a llamarse Abraham (padre de una multitud excelsa), su mujer Sarai (señora mía) pasa a llamarse Sara (señora) y sus nietos Esaú (velloso) y Jacob (que echa la zancadilla) pasan a llamarse Edom e Israel. Estas modificaciones sugieren que existía una primera versión que fue necesario conciliar con la que más convenía a los judíos. 




El núcleo de la historia de Abram es el siguiente: Abram parte de Ur con su padre, su mujer y su sobrino y se asienta en Canaán (donde muere el padre). Durante un periodo de hambre viajan a Egipto, donde son bien recibidos por el rey, pero Abram le hace creer que Sarai es su hermana, el rey la toma como esposa y Dios castiga a Egipto con terribles plagas. Cuando el rey se entera de que Sarai es la mujer de Abram, le invita a marcharse de sus tierras con ella y toda su familia. Vuelven a Canaán.  Abram se asienta en la ciudad de Hebrón, a mitad de camino entre la costa y el mar Muerto, mientras que su sobrino Lot se asienta en Sodoma, que debía de estar junto al Jordán, al norte del mar Muerto. Entonces tuvo lugar el enfrentamiento descrito más arriba, en el cual Lot fue hecho prisionero por Codorlahomor. Abram se entera, recluta un ejército, persigue y derrota a Codorlahomor, librando así a Lot y restituyendo a Sodoma sus prisioneros y riquezas incautadas. Luego Abram pasa a la ciudad de Gerara, donde nuevamente hace creer a su rey que Sarai es su hermana y se repite el mismo incidente que en Egipto, pero esta vez se aclaran las cosas y el rey de Gerara permite a Abram que ocupe la parte de su territorio que más le plazca. Pero la parte más importante de la leyenda es que, en varios momentos, Dios promete a Abram que entregará a sus descendientes toda la tierra de Canaán. A partir de aquí, los distintos apaños posteriores de la leyenda parecen intentos de unos y otros por considerarse descendientes directos de Abram y, por consiguiente, legítimos propietarios por voluntad divina de la tierra de Canaán.
El primogénito de Abram es Ismael y la Biblia afirma que sus descendientes poblaron la costa arábiga del mar Rojo. (Más de dos mil años después, Mahoma se consideraría descendiente de Ismael.) Pero resultó que no era hijo de Sarai, la mujer legítima, sino de una esclava, luego el verdadero primogénito era Isaac. A su vez, éste tuvo dos hijos gemelos, Esaú nació primero y Jacob nació después cogiéndolo por el tobillo (como intentando nacer antes, de ahí su nombre). Teóricamente, la posesión de Canaán correspondía a Esaú, pero éste la vendió a su hermano por un plato de lentejas y, mediante un engaño, Jacob logró que Isaac ratificara el trato en su lecho de muerte. 


Un posible análisis de esta fábula sería el siguiente: El hecho de que Abram pudiera reclutar un ejército indica que en realidad debía de ser un rey de alguna ciudad o bien un caudillo de una de las tribus amorreas que llegaron de Arabia. La procedencia de Ur no es verosímil. Tras todo el folletín de la descendencia de Abram, los judíos terminaban siendo  sus legítimos herederos. Son muchos los pueblos que remontan su origen a un personaje concreto, y siempre tratan de atribuirle un origen ilustre. Cuando se escribió el Génesis, la ciudad de Ur conservaba la leyenda de su antigua fama, y es natural que los judíos la eligieran como patria de su antepasado. Lo más razonable es que Abram fuera un caudillo amorreo que no consiguió un buen territorio en la invasión, por lo que llevó a sus hombres hacia Egipto con la esperanza de encontrar mejores oportunidades. Allí se encontró con un poderoso Imperio Medio que debió de rechazarlo sin apenas esfuerzo. Naturalmente los hombres de Abram debieron de silenciar rápidamente esta parte de la historia, por lo que se convirtió en un punto oscuro que los judíos rellenaron con fragmentos posteriores: por una parte, las plagas de Egipto están tomadas del siguiente libro bíblico, el Éxodo, y el incidente entre Sarai y el rey tiene toda la traza de ser una duplicación del incidente análogo con el rey de Gerara. Es probable que los hombres de Abram se sintieran descontentos con un caudillo que los llevaba de un sitio a otro infructuosamente. Tal vez Abram los aplacó con alguna historia sobre un dios portentoso enfadado con los cananeos y los (restantes) amorreos y que estaba dispuesto a usarlos a ellos como brazo de su venganza, de modo que con su ayuda conquistarían todo Canaán. No podemos saber nada sobre el dios de Abram, pues la Biblia atribuyó toda intervención divina al dios de los judíos, eliminando cualquier resto de otra religión. En cualquier caso, parece que los hombres de Abram cobraron ánimo y, de vuelta en Canaán, tuvieron alguna victoria destacada (probablemente no tan importante como derrotar al rey de Elam). Finalmente pudieron asentarse en Gerara (la historia de que el rey les ofreciera voluntariamente su territorio es increíble). Fuera así o de otro modo, es plausible que los amorreos de alguna ciudad de Canaán se formaron la leyenda de que un dios les había otorgado el territorio que ocupaban a través de un pacto con su primer caudillo, Abram. Tal vez fueron muchos los toscos invasores amorreos que se sentían acomplejados frente a la cultura de los pueblos conquistados, por lo que acogieron gratamente la historia y se apresuraron a encontrar líneas genealógicas que los remontaran al patriarca y legitimaran así (con la voluntad divina) su posición dominante. La genealogía de Abram que recoge la Biblia es posterior, pues termina con pueblos que todavía no habían entrado en escena.



Otro hecho notable que narra el Génesis es la destrucción de Sodoma y Gomorra. Es posible que la caída de un meteorito o, más probablemente, un terremoto acabara con estas ciudades. Naturalmente una catástrofe de esta envergadura debió de suscitar muchas historias cuya conclusión natural era el castigo divino. De todos modos no debía de haber muchos detalles (o los que había debían de discordar mucho de la religión judía) porque para describir la vida pecaminosa de Sodoma y Gomorra los autores bíblicos tuvieron que adaptar una historia posterior contenida en el libro de los Jueces sobre unos hombres que trataron de sodomizar a un levita (capítulo XIX) y en su lugar éste les ofreció a su mujer para que la violaran. (Irónicamente, los pecados que los judíos atribuían a los sodomitas están basados en historias sobre los propios israelitas.)
Por esta época, las ciudades más importantes del sur de Canaán eran Siquem, Betel, Salem, Hebrón y Beersheba. Salem no debía ser la más destacada por estas fechas, pero tal vez era la mejor emplazada, sobre una colina con fuentes de agua, lo que la hacía fácil de defender y la capacitaba para resistir asedios. Más adelante cobraría importancia bajo el nombre modificado de Jerusalén. En general, lo amorreos pasaron los siglos XX y XIX entre tensiones y disputas. Durante el siglo XIX la ciudad de Kish tuvo una época de predominio, pero no tardó en cedérselo a Babel. En 1850 a.C.los amorreos tomaron la ciudad de Assur, que por aquel entonces era una próspera ciudad comercial.
En 1842 a.C.murió el rey de Egipto Sesostris III, poco después de haber sometido a su dominio a todo Canaán. Le sucedió su hijo Amenemhat III, que extendió la hegemonía egipcia a algunas ciudades interiores de Siria. La ciudad de Biblos se benefició de su larga tradición de buenas relaciones con Egipto, y gozó de una especial protección. Hacia el sur, Egipto dominó el curso del Nilo hasta la tercera catarata. Por esta época debió de implantarse en Canaán la circuncisión, un rito egipcio tal vez relacionado con la fecundidad que los cananeos terminarían interpretando como símbolo del pacto entre Abram y su dios. Aunque no sabemos nada a ciencia cierta sobre este dios, el hecho de que los cananeos se circuncidaran en su nombre es indicio de que ser identificados como descendientes de Abram era de suma importancia para ellos.




Amenenmhat III construyó dos pirámides junto al lago Moeris, además de numerosas estatuas colosales con su imagen y un complejo grupo de palacios, todo ello rodeado de un mismo muro. Al parecer la construcción contaba con tres mil quinientas habitaciones, la mitad de las cuales eran subterráneas y se usaban como cámaras funerarias. Al parecer el rey trató de burlar a los ladrones de tumbas escondiendo las momias y los tesoros en un complicado sistema de pasadizos en lugar de bajo una mole de piedra. Los egipcios denominaron a esta construcción con una palabra que significa "el templo a la entrada del lago", pero los griegos de tiempos posteriores la deformaron a Labyrinthos, esto es, Laberinto.



  El Laberinto egipcio debió de ser una obra imponente, hecha de mármol blanco, con una cuidada ornamentación, si bien no cumplió su cometido, pues todas las tumbas que contuvo fueron saqueadas con el tiempo. También la ciudad de Tebas fue embellecida con nuevos templos, estatuas y otros edificios notables.
En 1822 a.C. ocupó el trono de Larsa el rey Rim-Sin, que tuvo que luchar frecuentemente con Isin para mantener la supremacía de su ciudad sobre la región. En 1814 a.C. un amorreo consiguió hacerse con el poder de Assur, fundando una dinastía que iba a gobernar durante mil años. Se llamaba Shamshi-Adad I. Sometió a Mari, que por entonces era la otra gran potencia comercial del entorno, y dominó así el norte de Mesopotamia, formando un pequeño imperio que más adelante crecería y sería conocido como el Imperio Asirio.
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