martes, 15 de diciembre de 2015

ANA DE ÉBOLI...LA DESCENDENCIA DEL CARDENAL MENDOZA


Ana de Mendoza y la Cerda , era hija única de Diego Hurtado de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del Gran Cardenal Mendoza. Diego se casó con Catalina de Silva, hermana del entonces conde de Cifuentes, llevándose mal el matrimonio por las repetidas infidelidades del marido. Ana nació en Cifuentes y murió en Pastrana,por lo que puede considerarse propiamente como la alcarreña más conocida. Se sabe la fecha de su bautismo el 29 de junio de 1540, pero no la de su nacimiento. Fue bautizada como "Juana de Silva" pero cambió su nombre y apellido a Ana de Mendoza antes de 1553, cuando era la única heredera de su padre.
Educada por su madre, su infancia y juventud estuvo muy influida por las peleas y separaciones entre sus padres, en gran parte debidas al ya mencionado carácter mujeriego de Diego, y que llevarían a una separación "de hecho". Ana tomaría partido por su madre, generalmente. Desarroló un carácter orgulloso, dominante y altivo. Pero también voluble, rebelde y apasionado, como el de los antiguos Mendozas. No hay noticias destacadas de su infancia, salvo la leyenda referente a la pérdida de un ojo por causa de una caida o de la esgrima. Pero este dato no esta claro, quizá no fuera tuerta sino bizca o con algun problema ocular que hizo que se pusiera un parche ya adulta. Ciertamente los cronistas alabaron su belleza, a pesar del parche que la adornaba. Cuando se firmaron sus capitulaciones de boda en 1553 se la describe como "bonita aunque chiquita".
El propio rey Felipe II fue quien aconsejó a sus padres su boda con Rui Gómes da Silva (Ruy Gómez de Silva) (1516-1573), noble segundón portugués mucho mayor que ella. Rui había venido a Castilla acompañando a Isabel, futura esposa de Carlos V, y entró al servicio del futuro Felipe II ganándose su amistad, por lo que fue favorecido económica y políticamente siendo, entre otros cargos, Secretario y hombre de confianza de Felipe II. Al servicio de Rui entraría el aragonés Antonio Pérez, apadrinado desde 1566 por éste.
Con el favor de Felipe II, Rui entroncó por matrimonio con los poderosos Mendoza a través de una rica heredera. Como la novia era muy jóven, y la familia Mendoza muy poderosa, las capitulaciones se firmaron en Alcalá de Henares, entonces residencia de los padres de la joven novia, la cual permanecería unos años en casa de sus padres hasta las velaciones y la consumación del matrimonio.
En las capitulaciones se estipulaba que el padre de Ana les cediera el título Condes de Mélito, permaneciendo él como Duque de Francavilla, título que le concedió Felipe II. Ana acompaña a su madre en 1557 a la Corte que en Valladolid tiene la princesa regente Juana de Austria, y allí se producen nuevos escándalos entre su madre y su padre debido al amancebamiento público de éste con una nueva amante que, al salir de la Corte, se llevaría con él a Pastrana, llegando a tener con ella su segunda hija ilegítima (que llamó María de Mendoza). Felipe II envió a Ruy Gómez a entrevistarse con Carlos V en Yuste, lo que aprovechó para visitar a Ana, consumar el matrimonio (hacia 1557 o 58) y engendrar el primer hijo de ambos (Diego, que murió en la primera infancia). Embarazada, Ana y su madre se refugiaron en la fortaleza de Simancas, dónde no hacía más que padecer y llorar, aunque se escribió de ella "que tiene más seso que todos ellos", al compararla con sus padres.

     
Desde sus esponsales, Rui había logrado buscar a su suegro varios puestos que por si solo no hubiera logrado, como miembro y Presidente del Consejo de Italia en 1558 y virrey. Los puestos parece que se eligieron principalmente con el objetivo de alejar lo más posible a Diego de su hija y yerno, incluso con el riesgo de provocar una revuelta entre sus gobernados por su carácter. Ello no evitó tuviera algunos pleitos con su suegro,
Ana y Rui vivieron definitivamente juntos desde la vuelta de éste en 1559, acompañando al rey. Establecidos en la corte madrileña, la leyenda dice que había sido en su juventud la supuesta amante de Felipe II, lo que niegan Marañón y otros autores. Es cierto que Ana intimó con la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, siendo compañeras de diversiones y aficciones comunes hasta la muerte de la reina en 1568. Como fuera nombrada Camarera Mayor de la reina la duquesa de Alba María Enríquez, ello acrecentó el que Ana fuera enemiga del partido de la Casa de Alba (el partido opuesto al liderado por su marido y que, tras su muerte, dirigirá Antonio Pérez, quien le sucederá como secretario de Felipe II. En la terminología actual podría calificarse de "halcones" al partido del Gran Duque de Alba, y de "palomas" al partido del Príncipe de Éboli, ambos siempre en pugna intrigando por el poder. Martínez Millán denomina partido "castellano" al de los Alba y, tras la muerte de Ruy, "papista" al de los Eboli. La mayor parte de los Mendoza fue afin al partido "Ebolista".
Los príncipes de Eboli mantuvieron amistad con don Juan de Austria, siendo en su casa madrileña dónde conoció a María de Mendoza, amante y madre de dos de sus hijos. De hecho, Ana de Austria (hija de don Juan y María) nació en el palacio de la princesa en Madrid antes de que don Juan marchara a mandar las tropas en las Alpujarras en 1569, y fue famosa por mezclarla su confesor con la intriga del "pastelero de Madrigal" de las Altas Torres mientras se encontraba ingresada en el convento de esta villa.
En su intento, truncado por la muerte, de lograr un poderoso mayorazgo para sus hijos, Rui Gómez compró a su suegro la localidad de Éboli en el reino de Nápoles. Felipe II le nombró príncipe de Éboli en 1559. Luego compró las villas de Estremera y Valdaracete, siendo nombrado duque de Estremera, y para finalizar compró Zorita y la villa de Pastrana,siendo nombrado en 1572, por Felipe II, duque de Pastrana con Grandeza de España, intercambiando el título por el de Estremera al ser ahora Pastrana la cabeza de sus estados alcarreños. Por tanto Ana fue la primera princesa de Éboli y la primera duquesa de Pastrana. Rui gastó en las compras el equivalente a cuatro años de la renta anual del Duque del Infantado. Tuvo que vender sus bienes italianos (Eboli) para poder comprar Pastrana.
En los cuatro años que transcurrieron desde la compra de Pastrana hasta su muerte, Rui mejoró y amplió los cultivos en Pastrana, trajo a moriscos que iniciaron allí una floreciente industria, logró una feria anual con privilegios especiales y fundó, con su esposa, la futura iglesia Colegial de Pastrana y favoreció la fundación por Santa Teresa de Jesús de dos conventos Carmelitas en Pastrana en 1569, femenino y masculino.


Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas, salvo los encontronazos con la duquesa de Alba o Santa Teresa. Rui la trato tanto como un padre (por la diferencia de edad) como marido, dando estabilidad a esta parte de su vida y sosegando sus impulsos, hasta su repentina muerte. A partir de entonces, su carácter, los problemas de la infancia ya contados y la falta de la única persona que le había dado estabilidad en la vida hicieron que Ana tuviera una existencia problemática.
El matrimonio tuvo seis hijos vivos en los trece años que duró, de un total de al menos diez embarazos. Aunque el primer hijo muriera de niño, su hija mayor Ana casaría con el heredero del poderoso Duque de Medina-Sidonia (quien cuando heredó el ducado fracasaría mandando la "Armada" contra Inglaterra), el siguente Rodrigo heredaría el Ducado de Pastrana, otro hijo Diego sería Duque de Francavilla, virrey de Portugal y Marqués de Allenquer. A su hijo menor Fernando, ante la posibilidad de llegar a Cardenal, le hicieron entrar en religión pero éste escogió ser franciscano cambiando su nombre a Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal) y llegaría a ser Arzobispo.
Muerto su marido en 1573, en un ataque de dolor la desconsolada princesa de trasladó desde Madrid hasta Pastrana y se instaló en el convento que, con su patrocinio, había fundado Santa Teresa en Pastrana. "¡La princesa monja, yo doy la casa por deshecha!", parece que dijo la priora. Las carmelitas huyeron de allí una noche, trasladandose al convento a Segovia en 1574, ya que Ana mantuvo en el convento una vida rodeada de sirvientas que atendian sus gustos, poco acorde pues con el carácter riguroso que había impuesto Santa Teresa en los conventos reformados de la Orden. Durante este tiempo Ana no fue buena administradora del patrimonio de sus hijos menores de edad, aunque tampoco le habían educado para ello. Su madre Catalina la acompaño en el convento.
Aunque el propio rey le aconsejó que permaneciera en Pastrana, volvió tres años después de viuda a la Corte madrileña, quizá tanto para preservar sus intereses económicos como, quizá, por estar cerca del centro del poder, que conociera a través de su marido. Intentó ascender rápido e intentó preservar su herencia paterna e intereses. Maltby piensa que también quizo vengarse del duque de Alba, y por eso viajó a Madrid. Hay opiniones acerca de que Ana tuvo gran habilidad en la intriga, heredada de su familia materna y de los Mendoza.
En efecto, el 17 de mazo de 1576 muere su madre Catalina de Silva y, en su afán por lograr un heredero varón (o por perjudicar a su hija, no está claro), su padre Diego se casó en 1578 con Magdalena de Aragón, hija del Duque de Segorbe. Aunque Diego murió ese mismo año, dejó a su mujer embarazada, para susto de su hija Ana, quien no perdió la herencia paterna pues Magdalena tuvo una hija que murió a poco de nacer. Lógicamente todo esto afectaría al equilibrio emocional de Ana, precisamente en los años 1576-1579, en que tuvo lugar la parte mas importante históricamente de su vida.

     

Tras su vuelta a Madrid, hubo un primer encuentro poco afortunado en que Ana de Mendoza se burló de la cantidad de perfume que Antonio Pérez llevaba. Pero poco después se establecieron unos fuertes lazos de amistad entre Ana y Antonio. Este era un antiguo protegido de su difunto esposo que le había sucedido como secretario de confianza de Felipe II. Aunque no hay pruebas contundentes, algunos testimonios escritos indican que llegó a la intimidad amorosa con Pérez, quien era seis años mayor que ella. Pérez estaba casado con Juana Coello, que siempre fue fiel a su marido, le defendió cuando fue arrestado y luchó hasta su muerte por defender su memoria y la honra de sus hijos.


Martínez Millán indica que, al volver ella a Madrid en su viudez, Antonio Pérez se puso a su servicio como deudo que había sido de su marido.
No se sabe realmente si la relación entre Ana y Antonio desde finales de 1576 a 1579 fue simplemente una cuestion de amor, de búsqueda de una nueva influencia y poder político, o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido. Pero la naturaleza de esta relación estuvo, mayormente, oculta al rey. Pudo ser porque la sociedad de entonces era menos permisiva si alguno de los amantes estaba casado, consintiendo en secreto cuando ambos fueran solteros.
Fernández Alvarez, sin embargo, intenta explicar el comportamiento entre de Felipe II, Pérez y Ana aceptando que Ana fue amante ocasional del rey durante un corto tiempo (indicando la posibilidad de que Felipe fuera el padre de Rodrigo, tercer hijo y heredero de Ana, nacido en noviembre de 1562) aunque el rey luego huyera de ella como de la peste por "considerarla peligrosa". No me parece fácil dadas las fechas pues Felipe II intimó con la reina Isabel después de la primera menstruación de ésta el 11 de agosto de 1561, y estaba muy enamorado de la reina, y Rodrigo tuvo que ser concebido en febrero de 1562. Su visión sobre Ana es de una persona intrigante y de provocadora belleza.
Geoffrey Parker ("Felipe II, la biografía definitiva", Planeta, 2010) se muestra decididamente contrario a la existencia de amores entre Felipe II y Ana. La leyenda (pues poco cierto parece) de sus amores con Felipe II ha sido muy usada en la literatura, series televisivas, ópera y, por supuesto, es parte de la "Leyenda Negra". Martínez Millán no hace mención alguna a este tema, lo descarta.
Antonio Pérez, como secretario de confianza de Felipe II, conocía tanto los problemas debidos a la rebelión de Flandes como la desconfianza (y quizá envidia) del rey hacia su hermanastro don Juan de Austria por su popularidad tras sus éxitos militares. Para acompañar y (de paso) espiar a don Juan en Italia, Pérez sugirió mandar allí a Juan de Escobedo, amigo suyo desde cuando ambos estaban al servicio de Rui Gómez de Silva. Pero Escobedo se pasó en cuerpo y alma al servicio de don Juan tras conocerle. Respecto a don Juan, mantenía la amistad con Pérez desde los tiempos en vivía Rui Gómez, incluso se alojó en "La Casilla", finca de Pérez en Madrid, cuando vino por sorpresa a la corte en agosto de 1576 antes de marchar a Flandes, seguido de Escobedo. La rebelión de Flandes no había podido ser terminada por el duque de Alba, y la situación había empeorado por los motines y saqueos de las tropas sin paga. Pérez prometió a don Juan mediar entre él y el rey, pero en realidad hizo un doble juego entre ambos. Se cree que pudo ser incluso un "triple juego" pues Antonio mantenía un tren de vida y lujos superiores a su sueldo. Se piensa que pudo vender secretos de estado a los rebeldes protestantes, y se sabe que alteraba las cartas que se enviaban mutuamente el rey y don Juan, pues todas pasaban a través de él.
Nótese que se va a mezclar un problema amoroso con otro político, unido a envidias y tráfico de influencias. La situación en 1577 era de un rey que desconfiaba de su hermanastro pero le mandaba al punto más conflictivo, con un un Secretario Real (Pérez) que manejaba la relación entre ellos como quería. Entre medias, Pérez frecuentaba la casa de Ana de Mendoza y compartían una intimidad que parece difícil que no incluyera también la política que pasaba por las manos de Antonio. Ana hizo unos regalos muy lujosos a Antonio durante su amistad. Y, además, recordemos la acusación de que Pérez proporcionaba bajo cuerda información de estado a los holandeses.
Don Juan mandó a Escobedo a Madrid en julio de 1577 para solicitar ayuda al rey. Amigo de Pérez, y necesitado de acceder al rey mediante él, al mismo tiempo no dejó de visitar a la viuda de su antiguo protector. Por las declaraciones en el proceso contra Pérez, Juan de Escobedo había descubierto las relaciones entre Antonio y Ana, logrando que ella le odiara. La posible denuncia debida a la lealtad de Escobedo al marido muerto (y al estar Pérez casado) seguramente enfurecería por el escándalo al riguroso Felipe II. Otra versión manejada por los historiadores era que, realmente, lo que pudiera Escobedo descubrir al rey eran los manejos políticos interesados de Pérez. Pero, por otro lado, no podía Escobedo perder la amistad con Pérez, para acceder al rey y ayudar a don Juan. Martínez Millán escribe otra teoría: si Escobedo y don Juan de Austria volvían a Madrid, desplazarían de su posición dominante en el nuevo partido "ebolista" a Antonio y a Ana. En todo caso, Antonio y Ana decidieron eliminar a Escobedo.
Pérez logró convencer a Felipe II de que gran parte de la forma de actuar de don Juan era debida a la "perniciosa" influencia de Escobedo y de la la necesidad de su asesinato por razones de Estado. La "complicidad" de Escobedo con don Juan y la posibilidad de que éste intentara de casarse con María Estuardo e invadir Inglaterra, unidos a la rotunda victoria militar de don Juan en Gembloux el 31 de enero de 1578, decidieron al rey. Las cartas "amañadas" y la información que Pérez manejaba lo "demostraban". Tras tres intentos de envenenar a Escobedo mientras comía invitado por Pérez en "La Casilla", unos asesinos le mataron el 31 de marzo de 1578, cerca de la casa de la princesa. La familia de Escobedo, alentada por Mateo Vázquez de Leca, otro secretario real rival de Pérez y afín al partido "albista", pidió justicia.



Poco después, el 4 de agosto de 1578, murió el rey de Portugal don Sebastián derrotado en Alcazarquivir. Empezaba la "cuestión de Portugal", pues el nuevo rey era anciano y Felipe II intentó heredar la corona portuguesa. Parece probable también, según Marañón, una intriga compleja de Ana y Antonio acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal, intentando casar a una hija de Ana con el primogénito del duque de Braganza, familia con posibilidades de heredar la corona contra los intereses de Felipe II. Simultaneamente acaecía el problema de Ana con la enorme herencia de su enamoradizo padre, casado de nuevo y con la segunda esposa embarazada. Mientras tanto, murió don Juan de Austria el 1 de octubre de 1578, siendo enterrado inicialmente en Namur. Hasta el 18 de marzo de 1579 no saldrían sus restos con destino a Castilla, junto con todos sus papeles personales.
Felipe II conoció poco a poco los manejos políticos de Antonio Pérez a través de Mateo Vázquez y fue preparando pacientemente su caída. Para sustituirle en los asuntos de estado mandó llamar desde Italia al anciano político cardenal Granvela el 30 de marzo de 1579. El toque de gracia fueron las verdaderas cartas enviadas por don Juan, pues sus papeles personales llegaron en mayo de 1579, creando un problema de conciencia al rey por su comportamiento injusto su hermano. Fernand Braudel dice "... ¿Fue sincero el rey respecto a sí mismo? Es probable en cualquier caso, que después de la muerte de don Juan, la lectura de las cartas personales del príncipe que le fueron remitidas desde los Países Bajos le hayan proporcionado más de una revelación, tal vez, sobre todo, la de la lealtad de su hermano. Los remordimientos, el sentimiento de haber sido engañado y el espíritu de venganza invadieron entonces su corazón. ¿Quién podría censurarle por ello? ¿Quién podría estar seguro de esos caminos interiores?".
Ello explicaría que, tras la llegada del cadaver con toda ceremonia a El Escorial el 24 de mayo, el rey le enterrara en un impresionante monumento independiente en el mismo monasterio que toda la familia real, aun siendo bastardo y en contraposición al mal trato que le diera en vida. Felipe II mandó destruir la correspondencia de su hermanastro. Cuando el cardenal Granvela llegó el 28 de julio a Madrid, el rey hizo arrestar a Pérez y Ana al día siguiente, el 29 de julio. El asunto debía solucionarse antes del viaje real a Portugal.
Algunos autores indican que Ana no fue cómplice de los manejos políticos de Antonio, pero los tuvo que conocer necesariamente y compartir algunos, de ser cierta su implicación directa en la sucesión portuguesa. En la documentación aparece la frase "la hembra es el fermento de todo". Además la situación para Antonio y Ana era diferente, pues Pérez poseía (o hizo creer al rey ello) papeles de estado comprometedores que impedían su reclusió sin proceso o su ejecución, como había hecho el rey con con Montigny. El primer proceso y condena contra Pérez fue por corrupción y no sería acusado hasta 1589 (diez años después) del asesinato de Escobedo.

Por otro lado, Ana era una "Grande de España", con tratamiento de "prima", y los nobles de su nivel intercedieron durante su primer encierro en Pinto, como el duque del Infantado o su yerno el duque de Medina-Sidonia. Ana fue desterrada por Felipe II a la torre de Pinto en penosas condiciones de encarcelamiento, luego a Santorcaz (febrero de 1580) y finalmente a su propio palacio de Pastrana en marzo de 1581. Allí permanecería hasta su muerte en 1592 estrechamente vigilada. A pesar de todo lo anteriormente expuesto, aún los autores dudan en la explicación de los hechos que provocaron un encierro tan inhumano y cruel de una persona de tan alta cuna.
Desde Lisboa, en 1582 Felipe II despoja a Ana de la custodia de sus hijos y de la administración de sus bienes, que recayó en una junta de tres personas afines al partido "albista". Es curioso que mientras la actitud de Felipe hacia Ana podría tildarse de cruel, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Rui. Al menos, justifica en el beneficio de los hijos el que Felipe II nombrara administradores para sus bienes. Trás la muerte de Ana, llevaría las cuentas de los mismos su hijo menor Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos.
Desde Pastrana, Ana escribe repetidos memoriales al rey y se interesa por sus hijos Diego y Rui, pero apenas por el heredero Rodrigo. En sus cartas llamaba "primo" al monarca y le pide en uno de ellos "que le protegiera como caballero". Felipe II se referirá a ella como "la hembra", y no varió su actitud inmisericorde.
Durante el procesamiento de Pérez, Ana intenta refugiarse el 10 de agosto de 1584 en el convento de monjas franciscanas de Pastrana, sin ser allí admitida. Aunque en jaula dorada, no pudo ya vivir fuera de su palacio. Su estado de salud era débil.
Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en mayo de 1590, Felipe II mandó poner dobles rejas en puertas y ventanas del palacio ducal de Pastrana. La prisión, pues, se endurece aún más. Ana era atendida por tres criadas y su hija menor Ana de Silva, nacida en 1573 y llamada Ana como la hija mayor de la Princesa, no llegaría a casarse en 1592 con el sexto Conde de Tendilla al morir éste la víspera de su boda al caer del caballo y, vista la suerte de su madre y su novio, entró en religión y murió monja en Pastrana en 1614.
La leyenda local del siglo XVII dice que la Princesa de asomaba una sola hora al día por la reja de una ventana que daba a la Plaza, que se llama desde entonces "Plaza de la Hora". El encierro y el mal trato final recibido, agravaron su enfermedad y su escaso deseo de vivir, quedando postrada en cama y falleciendo después de hacer testamento el 2 de febrero de 1592. Inicialmenre estuvo enterrada en la iglesia del convento de San Francisco. Los restos de Ana y Rui Gómez fueron trasladados en 1637 por su hijo fray Pedro y están enterrados juntos en la cripta que hizo consruir en la antigua Colegiata de Pastrana.

     


Ana favoreció en la herencia a su segundo hijo Diego frente al primogénito Rodrigo. La leyenda negra decía que el segundo Duque de Pastrana, era hijo de Felipe II. Esto es algo difícil pues, cuando su concepción, la madre estaba de postparto, y por tanto en casa, y el Rey Felipe II en plena "luna de miel" con la Reina Isabel de Valois, de la que estaba enamorado y con la que gozaba de intimidad desde poco después de que ella era apta para concebir, el 11 de agosto de 1561.
La Princesa de Éboli ha logrado captar el interés de españoles y extranjeros, pero aunque sobran las novelas y abundan los artículos históricos sobre la misma (yo destacaría el de Erika Spivakowski en Chronica Nova, vol 9, 1977, pag 5-48), se echaba de menos una biografía actualizada sobre la misma hasta la de Nacho Ares, pues la de Gaspar Muro data del siglo XIX. El lector interesado también puede consultar el excelente "Antonio Pérez" de Gregorio Marañon y el libro "La Princesa de Éboli y Pastrana" (varios autores) editado por el Ayuntamiento de Pastrana con motivo del centenario de 1992. Sus coetáneos alabaron o denigraron su carácter y, como dijimos, muchos alabaron su belleza (a pesar del "parche" que adornaba su rostro).

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL VESTIDO FEMENINO EN EL REINADO DE FELIPE II




Desde la prehistoria el vestido se ha utilizado como forma de protección para cubrir el cuerpo y evitar en él el impacto de las inclemencias climáticas. Sin embargo, a medida que avanzamos en la historia, el vestido ha adquirido nuevas funciones. Éstas se amplían en la edad moderna y más concretamente en el reinado de Felipe II. El traje se convierte en un símbolo de identidad y representación, puesto que mediante él mismo se refleja el status, la etnia y el sexo de un individuo.

                         El vestido femenino en el reinado de Felipe II: Isabel Valois

Será a partir del 1566 cuando la monarquía hispánica adquiera una posición hegemónica con respecto al resto de Europa, este hecho se debe a que el monarca tiene el poder sobre gran cantidad de territorios. Tal es la influencia de la monarquía hispánica que su corte se considera uno de los centros irradiadores de moda. Por ello, se dice que el vestido en estos momentos se convierte en uno de los principales aliados de la monarquía. Se produce una total ruptura con la indumentaria del reinado de Carlos V y algunos autores como Carmen Bernis o Ruth de la Puerta comienzan a hablar de que ha nacido el traje nacional. De hecho, surge un nuevo estilo de vestido, el vestido “a la española”.


Este estilo en el caso femenino consta de prendas interiores entre las que destacan la camisa (que puede ir con escote cuadrado o redondo), de prendas semiinteriores entre las que se encuentra la falda interior también conocida como crinolina y por último, como prenda exterior, se usa la saya alta o basquiña. Cubriendo todas estas prendas se encuentra la ropa de encima o galerilla.



 Las prendas descritas forman parte del vestido a la española pero las que verdaderamente definen el reinado de Felipe II son las prendas modeladoras. Mediante ellas la indumentaria adquiere una dimensión simbólica. Las prendas tienen una función principal: modificar el cuerpo femenino.


                                   Infanta Isabel Clara Eugenia

La primera de estas prendas es el verdugado, significa guardar la virtud. Es una falda rígida de forma acampanada. Por otro lado, nos encontramos con el cartón de pecho considerado por Carmen Bernis como el embrión de los posteriores corsés. Mediante el mismo el busto adquiere una forma casi geométrica.


                                                                            

Ambas prendas se consideraban modeladoras porque hacen que la mujer adquiera la forma de dos triángulos invertidos. Debido a su uso se abandona la flexibilidad de las prendas anteriores en beneficio de las formas triangulares, lo único que queda visible de las formas del cuerpo femenino es la estrechez de la cintura.
 lgunos cronistas consideran que las mujeres usan el vestido para andar muy derechas y así muestran su donaire y gallardía por todo el reino.
Aunque el verdugado y las tablillas de pecho son las principales prendas modeladoras de la época, encontramos otras prendas que reflejan la rigidez del reinado como por ejemplo la cota o la almilla que tratan de alisar el torso o la gorguera o cuellos de lechuguilla que se han considerado como símbolos de linaje, porque quien lo porta no tiene libertad de movimiento para dedicarse al trabajo manual y además refleja la higiene porque han de mantenerse en un blanco impoluto.



                                                                

Por último, hay que destacar al elemento indispensable de la moda femenina del momento: los chapines. Su principal problema es que limitan el movimiento natural de las mujeres, se considera que con ellos se les hace tener más quietud de la que tendrían si solamente calzarán zapatos.
La influencia de estas prendas va más allá del siglo XVI porque muchas de ellas estarán presentes en algunas obras posteriores como por ejemplo “El mundo por dentro” de Francisco de Quevedo, obra en la que se ridiculiza a las mujeres por el uso de determinadas prendas.

El reinado de Felipe II

Sin embargo, la vestimenta no sólo se ve modificada en sus formas sino también en el uso de algunos colores. Un elemento definitorio de la indumentaria femenina en el reinado de Felipe II será la normativización del uso del negro. Gracias al palo de Campeche procedente de América se comienza a usar el negro en la indumentaria. Este color se convierte en un símbolo de poder porque solo pueden portarlo algunos privilegiados.


                                          Juana de Portugal
 La importancia del color negro refleja los valores religiosos del momento puesto que con la normalización de su uso desaparece la colorida indumentaria de origen musulmán. El negro, se convierte en un símbolo de identidad nacional a la vez que refleja la sobriedad de la monarquía. En torno a su uso surge un debate puesto que de un lado se considera que se debe a la aparición del palo de Campeche y por otra parte el negro se concibe como un símbolo de unidad religiosa
Esta última posición con respecto al uso del negro tiene su fundamentación en el Concilio de Trento. Mediante este concilio se intenta evitar la influencia protestante en la monarquía hispánica y una de las doctrinas que se impone se basa en la honestidad en las ropas.
n cualquiera de los casos no se puede negar que durante el reinado de Felipe II se intentó imponer un estilo de moda único que trataba de borrar las formas del cuerpo femenino. El objetivo principal era huir de los vicios que se cometen en las ropas con el fin de mantener la unidad religiosa. Se construye una nueva identidad femenina basada en los valores del concilio de Trento: honestidad, sobriedad, decoro y humildad.
La principal fuente para analizar estas transformaciones son los retratos de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. En ellos se reflejan como las mujeres se someten al tiránico decreto del verdugado. Incluso se llega a hablar de que mediante el uso de estas prendas se está produciendo un proceso paralelo al encorsetamiento de las mentes; el encorsetamiento de los cuerpos.
 No es del todo cierto que se asimilara el uso de estas prendas sin más, aunque mediante los retratos se puede observar como muchas damas portan con cierta majestuosidad y empaque los vestidos que las encierran.
http://revistadehistoria.es/el-vestido-femenino-en-el-reinado-de-felipe-ii/

miércoles, 9 de diciembre de 2015

BATALLAS DE KULICOVO Y UGRA....INVASION MONGOLA DE RUSIA-II


El ascenso del Gran Duque de Moscú, Dmitri Ivánovich, coincidió con la decadencia de la poderosa Horda de Oro. Dmitri inició su reinado con varias incursiones sobre los principados vecinos, ocupando ciudades como Starodub, Dmítrov y Gálich. Mientras tanto, el príncipe Mijaíl de Tver, volviéndose a levantar de la derrota infringida por Moscú y la Horda de Oro en vida de Iván II, intentaba realizar una alianza fallida con el Kkan de Sarai (capital de la Horda), para vengarse del ducado Moscovita. Al no obtener éxito en esta tentativa el Príncipe de Tver optó por aliarse con el Duque Olgierd de Lituania.
Los desesperados movimientos de Mijaíl de Tver, obligaron al Duque de Moscú a convocar sus alianzas. Es así como se realizó una reunión en el Kremlin entre el ducado moscovita y 19 principados rusos. De esta reunión surgió una Santa Alianza y los destacamentos de cada principado se unieron en Moscú con el objetivo de atacar Tver. Frente a esto el príncipe Mijaíl de Tver envió un embajador a Lituania para pedirle ayuda a su aliado. No obstante, el Gran Duque Olguierd ya había firmado un armisticio con Dmitri, absteniéndose así de ayudar a Mijaíl.
El khan Mamái inquietado por la poderosa coalición liderada por Dmitri, además de los informes de su corte de una pretendida conspiración de la alianza rusa contra la Horda, decidió aceptar la propuesta de Mijaíl de Tver y convocó a Dmitri a Sarai con el fin de asesinarlo. Este se negó e hizo matar a los embajadores del khan, preparándose entonces para un conflicto abierto contra la Horda de Oro.La batalla tuvo lugar el 8 de septiembre en el campo Kulikovo cerca del río Don. Las tropas rusas (unas 36.000) formaron en orden de combate desplego la caballería ligera al frente para evitar un ataque sorpresa mientras desplegaba, y detrás la infantería,  a retaguardia situó la reserva que era la caballería de élite de Vladimir Andreyevich príncipe de Volhinia, y escondieron parte de la caballería en el bosque bajo el mando de Dmitri Bobrok príncipe de Serpukhov (primo de Dmitri) con el fin de tender  una emboscada.
Mamai organizó sus tropas (unas 50.000) con la infantería desplegada en todo el frente (20.000), en línea también. Detrás de  la infantería se encontraban 5.000 infantes genoveses contratados. En los flancos puso tropas de caballería de la Horda y otros mercenarios. Detrás situó la caballería pesada de reserva.
Una espesa niebla cubría el campo Kulikovo. La niebla se aclaró hacia las 11 de la mañana, momento en el que ambos ejércitos comenzaron a avanzar.
                                                                          Campo ruso. Autor Boris M. Olshansky 
El preludio de la batalla fue un duelo entre dos guerreros, el monje ortodoxo  Aleksander Peresvet, y el campeón tártaro Temir-Muza (Chelubéi). La leyenda cuenta que los guerreros se mataron uno al otro en la primera embestida, pero según la leyenda rusa, Peresvet se mantuvo herido de muerte sobre su silla, lo que supone que ganó

Duelo de campeones  entre el campeón ruso Alexander Peresvet -un monje ortodoxo- y el campeón tártaro Temir-Muza (Chelubei), ambos resultaron muertos en el lance , pero Peresvet consiguió mantenerse en la silla herido de muerte. Autor Pavel Ryzhenco
La batalla empezó con una carga frontal de 20.000 infantes esclavos contra el centro de los rusos, tras los infantes venían 6.000 jinetes arqueros en cada flanco con órdenes de descargar una tormenta de flechas para apoyar el ataque de los infantes.
El ataque se saldó con seria bajas para ambos ejércitos, cayendo muchos estandartes rusos que rápidamente eran vueltos a levantar.
Mamai reagrupo las fuerzas y decidió lanzar una nueva carga, esta vez situó a la caballería en los flancos y la infantería genovesa en el costado derecho.
El flanco derecho impulsado por la infantería genovesa y la caballería, desintegró rápidamente a su contraparte rusa e hizo retroceder poco más de 1 kilómetro a la infantería rusa. Dimitri intercambió su armadura con la de un joven noble para no ser identificado por los tártaros, su suplente moriría y el propio Dimitri acabaría gravemente herido e inconsciente en el campo de batalla. Creyendo ya perdida la batalla dio la orden al ejército emboscado dirigido por Dimitri Bobrok de lanzarse al combate. Sin embargo, el príncipe de Sérpujov (primo hermano del Gran duque), intervino enérgicamente:
¡No, Dmitri Ivanovitch, espera que el sol hiera los ojos de los tártaros! Entonces soltaremos a Bobrok…
Después de haber perdido muchos de sus soldados, el ala izquierda rusa comenzó a retirarse y los mongoles penetraron por la brecha. Mamai decidió impulsar el avance, sobre las 14:00, lanzó su reserva (8.000 jinetes pesados) por el flanco derecho para profundizar sobre las fuerzas rusas que estaban ahora en verdadero peligro de derrumbarse y ser envueltas.
                        Ataque del príncipe Vladimir Andreyebich de Volhinia con la reserva. Autor Pavel Ryzhenko
En este momento la reserva rusa (unos 5.000 jinetes pesados) dirigida por Vladimir Andreyevich príncipe de Volhinia, atacó para cerrar la brecha, se produjo un choque frontal entre ambas caballerías pesadas, consiguiendo parar el avance. Cuando estaban agotados por el esfuerzo, la caballería emboscada de Dimitri Bobrok y apareció y atacó por retaguardia. Esta participación inesperada de las tropas rusas de refresco cambió radicalmente la situación. En 30 minutos destrozaron la caballería mongola y cargaron contra la infantería genovesa que se puso en fuga.
Las fuerzas de Mamai se debandaron y fueron perseguidos hasta la noche.
El Gran Khan, herido por el príncipe de Kozelsk, logró escapar a Crimea, donde fue finalmente asesinado por sus enemigos, dejando la Horda al mando de Toqtamish.
Las bajas se estiman de 5.000 a 8.000 rusos muertos y 10.000 mongoles. El penoso levantamiento de cuerpos de los rusos duró 7 días, que actualmente se celebran con fiestas para honrar a aquellos valientes.


                                                                   Entierro de los muertos. Autor Pavel Ryzhenko
El significado de la batalla de Kulikovo tuvo sobre todo una gran importancia simbólica al ser la primera gran derrota de los tártaro-mongoles en Rusia. No obstante, a nivel militar no fue una derrota definitiva. Apenas dos años más tarde en 1.382, Tokhtamish atacó a los rusos y Moscú fue saqueada y casi destruido por las llamas. Los rusos que no pudieron alinear un número suficiente de hombres para luchar contra él, indica que no se recuperaron fácilmente de la batalla, mientras que los mongoles lo hicieron rápidamente.
Sin embargo, la batalla de Kulikovo tuvo una importancia espiritual para la unificación de Rusia más importante. Los rusos fueron a la batalla de Kulikovo como ciudadanos de varios principados y volvieron como una nación rusa unida.
Esta victoria es considerada como el inicio del fin del dominio mongol sobre Rusia, que estaba regido por la Gran Horda.

Batalla del río Ugra 1.480
La Horda de Oro tenía la misión primordial de recaudar impuestos entre los príncipes rusos, quienes, convertidos ahora en vasallos de señores feudales, debían pagar tributos regulares a sus caciques. Pero dos sucesos debilitaron a la Horda de Oro. Uno de ellos fue la Peste Negra de 1346-1347, que causó estragos en sus filas.
El otro fueron las luchas internas entre los herederos al khanato. Durante la década de 1.440, la Horda de Oro se sumió en una guerra civil que dio lugar a la aparición de cinco khanatos distintos. Aquellos cinco estados separados eran mucho más débiles que el estado ruso de Moscovia, el cual había empezado a florecer pese al control tártaro. En 1.476, Iván III se negó a pagar más impuestos al khanato de la Gran Horda, el más importante surgido de la división de la Horda de Oro. En un principio, el khan estaba más preocupado por las luchas militares que tenían lugar en Crimea, pero al final decidió castigar a Iván. Así, en 1.480 movilizó a su ejército para invadir Moscú, tenía como aliado al príncipe Casimiro IV de Polonia-Lituania.
El khan Akmat partió de su capital Sarai que se encontraba a 2.200 km de Moscú, avanzando a un ritmo de 45 km diarios. Los moscovitas exigieron al Gran Duque  Iván que emprendiera medidas para derrotar a los mongoles, y el príncipe se preparó para conducir a su ejército a la lucha contra el khan. Salió de Moscú unos días más tarde con un ejército menor, avanzando a un ritmo de 12 km al día, buscando un campo de batalla que le proporcionara ventaja, se detuvo a unos 250 km al suroeste de Moscú a orillas del rio Ugra a esperar a las fuerzas adversarias, organizando sus posiciones y asentando sus cañones, el río Ugra era navegable y tenía una profundidad entre 2,5 y 5 metros con una anchura entre 80 y 250 metros.
Los tártaros llegaron a las orillas del rio Ugra, pero la batalla no dio comienzo de inmediato, pues ambos ejércitos aguardaban la llegada de refuerzos. Los de Iván llegaron fueron sus hermanos Andrés y Boris, pero no así los lituanos aliados del  khanato y, tras varias semanas de pulso en medio del gélido invierno. Finalmente el 8 de octubre de 1.480  las tropas del khan intentaron cruzar el río al oeste de Nizhny Novgorod, cerca de la confluencia del río Oka y el Volga pero fueron rechazados, los rusos según la crónica emplearon armas de fuego para detenerles. Durante cuatro días, los tártaros intentaron cruzar el río, pero fueron repelidos y finalmente se batieron en retirada hacia su capital Sarai, ya que el kan de Crimea amenazaba su retaguardia. Aquel fue el primero de una serie de desastres que desembocaría en la desintegración de la Horda de Oro. Varios meses después, el khan fue asesinado por un rival y el poder mongol sufrió un nuevo varapalo. Los actos de Iván libraron a los rusos de pagar impuestos y les valieron por fin la independencia.
http://arrecaballo.es/edad-media/la-rus-de-kiev/la-invasion-mongola-de-rusia/

lunes, 7 de diciembre de 2015

ATAQUE A PEARL HARBOR...CONSECUENCIAS Y DOOLITTLE RAID



El ataque a Pearl Harbor fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor,Hawái, en la mañana del 7 de diciembre de 1941. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio del Japón estaba planeando realizar en el Sudeste Asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, los Países Bajos y los propios Estados Unidos
Los japoneses hicieron coincidir esta ofensiva con el ataque a las posesiones del Imperio Británico en Malasia,Singapur y Hong Kong, todas las cuales estaban ya en su poder a mediados de febrero de 1942.
La base naval fue atacada por 353 aeronaves japonesas que incluían cazas de combate,bombarderos y torpederos que despegaron de seisportaaviones. Resultaron dañados los ocho acorazadosestadounidenses atracados en el puerto, y cuatro de ellos se hundieron. De estos ocho, dos fueron reflotados y cuatro reparados, por lo que seis pudieron volver a entrar en servicio más tarde, durante la guerra. El ataque japonés también hundió o dañó tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador.
Los norteamericanos perdieron 188 aeronaves, murieron 2402 estadounidenses y 1282 quedaron heridos de diversa consideración. Sin embargo, los japoneses no atacaron la central eléctrica, el astillero, las instalaciones de mantenimiento, los depósitos de combustible y torpedos, los muelles de submarinos y el edificio del cuartel general y de la sección de inteligencia.
Los japoneses perdieron 29 aeronaves y cinco minisubmarinos, además de sufrir 65 bajas militares entre muertos y heridos. Asimismo, un marino japonésfue capturado vivo.
El ataque conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los teatros de guerra de Europa como del Pacífico. Al día siguiente del ataque, 8 de diciembre, los Estados Unidos le declararon la guerra al Imperio del Japón.
El apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido fuerte, desapareció, mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue remplazada por una alianza plena. La Alemania nazi y la Italia fascista declararon la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre en respuesta a las operaciones puestas en marcha por la nación norteamericana.
Hay numerosos precedentes históricos de ataques militares sin previa declaración de guerra por parte de Japón. Sin embargo, la inexistencia de una declaración formal por parte nipona mientras se llevaban a cabo negociaciones que parecían prosperar, llevó al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt a calificar al 7 de diciembre de 1941 como «una fecha que vivirá en la infamia».




El hombre clave del ataque japonés fue el almirante Yamamoto, gran conocedor de las estrategias de la Armada británica y de la tecnología naval de las diferentes bases británicas desplegadas por el Pacífico. Conocedor de la costumbre de los americanos de fondear sus barcos en el puerto los fines de semana y bajar a tierra todo el personal de servicio para divertirse, Yamamoto eligió la madrugada del domingo día 7 de diciembre como la fecha adecuada para el ataque por sorpresa.
Ese día, aproximadamente a las siete de la mañana, una flota nipona, al mando del vicealmirante Nagumo, atacó por sorpresa a la norteamericana del Pacífico, fondeada en Pearl Harbour, mediante una fuerza de seis portaaviones, con 423 aparatos, una escolta de 17 buques de guerra y ocho petroleros. El objetivo primordial de Yamamoto era los tres portaaviones americanos del Pacífico. Pero, en aquel preciso momento, uno estaba en California, y los otros dos transportando aviones a las islas de Midway y Wake. Aún así, Yamamoto pudo atacar a ocho acorazados sin redes antitorpedos, anclados en la rada del puerto.
Antes del ataque del grueso japonés, los submarinos nipones fueron detectados por los radares de la isla, al igual que todo el grueso de los aparatos nipones en ruta hacia la base, pero la defensa no entendió que aquello era un ataque en toda regla. A las 7.55 cayó sobre la base de Pearl Harbour la primera de las oleadas de aviones japoneses, los cuales fueron apoyados desde el mar con fuego de torpedos lanzados por los 17 acorazados de guerra. Todos los aeródromos y las bases de los hidroaviones también sufrieron la visita aérea de los cazas japoneses.
La confusión fue tremenda tras la primera embestida nipona. Teniendo en cuenta que pronto la visión del cielo fue prácticamente nula, a causa del gran humo levantado por las llamas, la defensa antiaérea respondió con relativa rapidez y notable eficacia. Poco después de las ocho en punto, la segunda oleada aérea nipona prosiguió la sistemática destrucción de los objetivos vitales de la base.
Como balance final, los cerca de 400 aparatos utilizados por Yamamoto pusieron fuera de combate, en poco más de una hora, a ocho acorazados (dos de ellos irreparables), tres cruceros, otros tantos destructores y ocho buques auxiliares, con un registro bruto de 300.000 toneladas. Cerca de 200 aviones fueron destruidos por completo y unos 70 dañados seriamente, hasta el punto de que tan sólo una docena de ellos pudieron volar inmediatamente después del ataque. El número de muertos americanos, incluyendo al personal auxiliar, ascendió a más de 4.000. Las pérdidas niponas se elevaron a 29 aparatos, cinco submarinos enanos y 65 hombres, entre pilotos y tripulantes de los submarinos.
Una vez acabado el segundo ataque, Nagumo ordenó la retirada inmediata de todas las fuerzas niponas, decisión que no dejó de parecer extraña y un tanto controvertida, ya que tuvo la oportunidad de infringir mayores pérdidas a la sorprendida base naval americana, destruyendo los inmensos talleres y astilleros de Oahu y pulverizando sus depósitos de combustible, además de los 70 buques que quedaron en la base indemnes o con averías de poca consideración, que les permitieron entrar en funcionamiento pocas semanas después.




Consecuencias del ataque


Dos días más tarde, los portaaviones japoneses Hiryu y Soryu y los cruceros Tone y Chikuma se desviaron hacia la isla de Wake, al sur de las islas Hawaii, la cual fue bombardeada y tomada el 23 del mismo mes. Paralelamente al ataque de Pearl Harbour, la aviación nipona destruyó la mayoría de los modernos B-17 y cazas P-40 enclavados en las islas Filipinas, tras lo cual salieron en búsqueda del siguiente y último de los objetivos de la ofensiva: la flota británica de Singapur, a la que se dio caza en alta mar cuando intentaba salir del infierno marítimo que las fuerzas niponas habían establecido en el Pacífico. La aviación nipona volvió a usar el fuego combinado de torpedos y bombas aéreas, hundiendo a gran parte de la flota, incluyendo al acorazado Prince of Wales y al crucero de batalla Repulse.
El ataque a Pearl Harbour, de cualquier manera, y los posteriores ataques por sorpresa a la flota aliada, proporcionaron a Japón la supremacía naval en el Pacífico durante algunos meses, el tiempo necesario para la reacción norteamericana.
Mientras, en los Estados Unidos, una ola de indignación patriótica, perfectamente orquestada por los partidarios del intervencionismo en la guerra, proporcionó al presidente Roosevelt la ansiada ocasión de intervenir en el conflicto y alcanzar el cenit de su popularidad. Las críticas que surgieron de entre algunos sectores por la evidente improvisación fueron cuidadosamente acalladas. No obstante, Roosevelt se vio obligado a designar una comisión investigadora para depurar a los responsables directos de semejante desastre. El resultado del informe encontró a los comandantes de la Marina y del Ejército de Hawaii, el almirante E. Kimmel y el general Walter C. Shart, culpables de "dejación de sus obligaciones" y "error de juicio", por lo que fueron inmediatamente cesados de sus cargos. Aun así, diversas investigaciones sobre Pearl Harbour continuaron su propio curso, sacando a la luz conclusiones totalmente contrapuestas al primer informe. Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, el Congreso de los Estados Unidos determinó llevar a cabo una investigación pública y exhaustiva sobre el asunto de Pearl Harbour, el cual había introducido una gran herida en lo más hondo de la sociedad norteamericana. Los dos acusados fueron, finalmente, declarados culpables de "error de juicio", pero no de "dejación de obligaciones".


 La Incursión de Doolittle ayudó a subir la moral estadounidense en abril de 1942 que estaba por los suelos. Después del ataque japonés por sorpresa a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941 y tras meses de continuas retiradas y derrotas a lo largo de todo el pacífico, el presidente Roosevelt ordenó a su Estado Mayor que organizase algún tipo de operación que hiciese sentir a los japoneses que no estaban impunemente seguros en su isla. El general George C. Marshall engargó al entonces teniente coronel Doolittle el diseño de tal operación.
Para complicar mas la operación, tenían que despegar al atardecer para poder bombardear Tokio a plena luz del día y dado que no podían volver a los portaaviones(que nada mas despegar los B-25 volverían a toda máquina al resguardo de Pearl Harbor), tuvieron que ser guiados por radio-guias desde china y la URSS.




La clave estaba en el sigilo, pero los japoneses, que no disponían de radar, tenían una cortina de pesqueros armados dispuestos a unas 700 millas de Japón por el Almirante Yamamoto. Uno de ellos, el Nitto Maru, avistó a la flota japonesa, y aunque fue hundido de inmediato, pudo dar la alarma. Doolitlle decidió entonces despegar, a pesar de que se encontraban aún muy lejos de las costas de Japón, lo que implicaba que tendrían muy poco margen de combustible para aterrizar en China.
 La inexperiencia japones propició que los bombarderos americanos alcanzaran con sus bombas Tokio, Kanagawa, Yokohama, Nagoya, Osaka y Yokosuka y aunque apenas causaron daños materiales, propinaron a los japoneses un golpe demoledor a su moral y a su alto concepto del honor.


El aterrizaje en China

Tras reunir a sus efectivos Doolittle voló en dirección a china, pero la falta de combustible hizo que muchos de sus aviones alcanzaran la costa de China casi sin combustible, uno de ellos cayó al mar sin llegar siquiera a tocar tierra. Otro llegó a Vladivostok, otro fue capturado por los japoneses, y el resto de tripulaciones, incluido Doolittle consiguieron ser rescatados por guerrilleros chinos. De los 80 tripulantes, sobrevivieron 69.



Ascensos y Consecuencias
Doolittle fue ascendido a general por su azaña, aún sin haber provocado daños significativos a los japoneses, y habiendo perdido todos sus aviones en la incursión, pero consiguió subir la moral de los ciudadanos estadounidenses. Y mas allá del marketing, la consecuencia mas importante, es que su incursión obligó a los japoneses, que ya no se sentían tan seguros en su isla, a acelerar los preparativos de la invasión de Midway, donde fueron derrotados decisivamente por los estadounidenses, cambiando las tornas de la guerra.

 http://revistadehistoria.es/ataque-pearl-harbor-en-6-infografia
http://www.enciclonet.com/articulo/pearl-harbour-ataque-a/#
http://revistadehistoria.es/doolittle-raid-72-anos-despues-aun-hay-4-supervivientes/