domingo, 5 de marzo de 2017

EL COSTUMBRISMO LITERARIO ESPAÑOL EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII


El costumbrismo es una modalidad literaria que se interesa por la descripción de los tipos y costumbres de la sociedad. Linda con el realismo, aunque el autor costumbrista prefiere pintar los ambientes populares y típicos. Se expresa en prosa, pero en ocasiones utiliza el verso, en especial el romance narrativo. Estos mismos temas atraen en ocasiones a la literatura dramática como observamos en la comedia de figurón, en la zarzuela realista y en determinados géneros breves entre los que destacan el jocoso entremés y el sainete dieciochesco. La narración en prosa es, sin embargo, su forma de discurso habitual, adaptándose a estructuras formales que van variando con el tiempo. El relato costumbrista muestra casi siempre una intención moral: unas veces se llena de melancolía si observa la desaparición de las viejas costumbres españolas o surge su vena burlesca si las ve postergadas por otras extrañas, casi siempre desde puntos de vista conservadores y casticistas; otras, se impregnan de críticas sociales o morales que reconvienen los vicios, escritas desde la atalaya de sus propias convicciones ideológicas y éticas.

Aunque encontramos descripciones de costumbres aisladas desde la literatura medieval, el costumbrismo se configura como una fórmula autónoma en el siglo XVII. Aparece en esta centuria una abundante producción costumbrista, de variada temática, que tiene relación con géneros como la miscelánea y el ensayo. El cómico Agustín de Rojas Villandrando, considerado como uno de los mejores costumbristas de su tiempo, inaugura este género con El viaje entretenido , obra heterogénea tanto en la forma como en el contenido, que adopta el viaje como pretexto para integrar diversos elementos (poesías, anécdotas, costumbres...). Cristóbal Suárez de Figueroa escribió en diálogos su obra autobiográfica El pasajero , en la cual queda patente la vinculación que existe entre miscelánea (poesía, comedia, anécdotas, sermones) y costumbrismo. Siguiendo el artificio tópico del "alivio de caminantes" en un viaje, ensarta relatos, con descripciones de España y los españoles, a quienes enjuicia con severidad. Antonio Liñán y Verdugo compuso Guía y aviso de forasteros . En la conversación que mantienen cuatro personajes, intercala anécdotas sobre tipos pintorescos de la vida madrileña, cuyas tretas y picardías desenmascara, con la pretensión de que sirva de aviso a los incautos. Es un documento de primer orden sobre las costumbres y gente de la época.

El costumbrismo más original del siglo es el que intenta prescindir del componente novelístico. Juan de Zabaleta y Francisco Santos son sus principales representantes . El primero es autor de El día de fiesta por la mañana  y El día de fiesta por la tarde . En ambas obras, sin renunciar a la intención moral, nos presenta una excelente colección de cuadros costumbristas independientes unos de otros, que retratan las actividades de los españoles en un día festivo. Francisco Santos describe en Día y noche de Madrid  numerosos cuadros de la vida madrileña en la segunda mitad del XVII ligados por una leve fábula novelesca. El objetivo preferido por los narradores barrocos en sus descripciones es Madrid y sus habitantes. Profesiones, costumbres, acontecimientos públicos como romerías y festejos, desfilan por estas páginas con una gran colorido.
En el siglo XVIII se dan dos tipos de costumbrismo: uno es heredero del siglo anterior, mientras que la modalidad más novedosa es el costumbrismo crítico, conservador o progresista, testigo fiel de las reformas sociales que trajo la Ilustración.
El costumbrismo que continúa la tradición barroca pierde paulatinamente el tono moralista y sentencioso y se torna más festivo y pintoresco. El tema predominante será, durante los reinados de los primeros Borbones, la vida frívola de algunos cortesanos, aunque con el tiempo pasará a hacer comentario de determinadas conductas y tipos de la ciudad. En la misma línea de avisos de Liñán y Verdugo están las Recetas morales de Gómez Arias, los anónimos Sucesos trágicos de un pretendiente  y Arte de manejarse en la Corte , Falacias y engaños de la Corte de Luis Ignacio de Quirol, Diálogo entre económico y glotón  de Ángel de la Torre... La obra de Santos genera la pareja cortesano-paleto que pasea por la ciudad y comenta, desde su ignorancia o conocimiento, lo que observa en ella: Aventura en verso y prosa, del insigne poeta y su discreto compañero  de Antonio Muñoz, Carta del Marqués de la Villa de San Andrés de Hoyo Sotomayor, Madrid por dentro y el forastero instruido y desengañado de autor anónimo, Sátira de la vida madrileña  de Francisco de la Justicia, El instruido en la Corte y aventuras del extremeño ... Este costumbrismo evoluciona hacia el pintoresquismo al tiempo que se impregna de un tono sentimental. La descripción de la capital del reino es el motivo fundamental de algunas obras de la última década del siglo, como en Visita de las ferias de Madrid , Mis bagatelas o las ferias de Madrid , El café.
A finales del reinado de Fernando VI empieza a configurarse un nuevo modelo de sociedad con rasgos diferentes a la tradición española que ya desde comienzos del siglo había ido perdiendo algunas de sus señas tradicionales. Surge entonces un relato costumbrista crítico que reflejará la nueva ideología de la Ilustración. Así, un folleto clandestino titulado Virtud al uso y mística a la moda de Afán de Ribera critica las ceremonias trasnochadas y las falsas devociones de la religión católica.
Esta misma línea sigue el folleto el Bello gusto satírico-crítico de inscripciones del erudito Pedro de Estala donde se pasa revista de forma jocosa a los carteles o rótulos de la capital...
La máxima novedad del costumbrismo del Setecientos la encontramos en la prensa. Por vez primera aparecen artículos de costumbres, por lo general en periódicos ilustrados, a través de los cuales pretenden hacer un análisis reformista de la sociedad. No está, sin embargo, configurada todavía la fórmula romántica. Figura destacada del periodismo costumbrista es José Clavijo y Fajardo con El Pensador  donde se pintan críticamente tipos (mujer, petimetra, cortejo...) y costumbres (toros, teatro, tertulias, vestimenta). El publicista canario es un preclaro precedente del talante moral de Larra. Otros periódicos siguieron esta corriente: Diario noticioso, Diario Extranjero, Memorial Literario, El Censor, El Correo de Madrid...

El costumbrismo del XIX se emparenta, de modo tangencial, con el romanticismo y el realismo literarios. Los estudiosos han señalado varias causas para el nacimiento de este movimiento, que intenta pintar en cuadros o escenas una realidad española (matritense primero, de provincias después) y que participa más del tipo que de la individualidad y especificidad psicológica.
Con antecedentes remotos en el realismo de formas novelísticas como la picaresca, el surgimiento del costumbrismo se relaciona con dos hechos cruciales: la existencia de una sociedad en vías de transformación, donde las revueltas políticas, los desengaños y pasiones ciudadanas son abundantes (nos referimos a la época posterior a la invasión napoleónica); y el desarrollo del periódico, que permite transmitir de manera más directa que el ensayo, la novela epistolar o el discurso como modelos de exposición de ideas triunfantes en la centuria anterior, impresiones o ideas.

Su carácter de género independiente y autónomo queda subrayado por el hecho de que sus cultivadores tuvieron conciencia de escribir algo diferenciado de la novela. Mesonero Romanos, en su Panorama (a modo de manifiesto del género), lo definió por su rapidez, agilidad y cuidado estilístico. Los críticos han definido con posterioridad otros elementos formales y discursivos. En especial, la mediación que se produce entre el mensaje y el receptor a través de la figura de un narrador omnisciente (que se presenta por lo general escondido tras un seudónimo) a quien liga con el lector una complicidad, a modo de guiño, basada en la pertenencia a un mismo sistema de coordenadas culturales, espacio-temporales y morales.
La crítica también ha discutido, en el terreno del contenido, el grado de conformismo político e ideológico del género, que fluctúa desde la queja de Larra, al sosiego de Mesonero Romanos y el lirismo romántico de Estébanez Calderón. También se han señalado las diferencias entre el llamado género costumbrista y la novela de costumbres, que procura el análisis de conflictos sociales y humanos individualizados en los personajes, frente a la ausencia de caracteres del costumbrismo, en aras de la esquematización de la realidad y su abstracción en tipos.

Entre los autores y obras más representativos podemos citar a Larra (El Duende Satírico del Día,; Mesonero Romanos (Panorama, Mis ratos perdidos, Escenas matritenses); Estébanez Calderón (Cartas españolas, Escenas andaluzas), Sebastián Miñano y Bedoya (Lamentos políticos de un pobrecito holgazán), Antonio María Segovia, Santos López Pelegrín, Los españoles pintados por sí mismos (publicada por Boix en , Antonio de Trueba, Vicente Barrantes, Luis Taboada, Luis Mariano de Larra e Isidoro Fernández Flórez. A finales de la centuria, el género acabaría por desaparecer, aunque sus mejores exponentes ya se habían producido más de un tercio antes de su defunción definitiva.

Bibliografía

  • CORREA CALDERÓN, E.: Costumbristas españoles
  • ----: "Los costumbristas españoles del s. XIX", en Bulletin Hispanique, LI 
  • ESCOBAR, José: Los orígenes de Larra, Madrid
  • ----:"La mímesis costumbrista", en Romance Quarterly
  • ----: "Costumbrismo y novela", en Insula,
  • FONTANELLA, L.: "The Fashion and Styles of Spain's Costumbrismo", en Revista Canadiense de Estudios Hispánicos
  • MARUN, A.: Orígenes del costumbrismo ético-social
  • MONTESINOS, J. F. : Costumbrismo y novela. Ensayo sobre el redescubrimiento de la realidad española
  • VÁZQUEZ MARÍN, Juana: "Literatura costumbrista", en Historia literaria del siglo XVIII en España,
    http://www.enciclonet.com/articulo/costumbrismo/

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