jueves, 26 de septiembre de 2019

EL NEANDERTAL Y SU LINAJE



Podemos considerar a los neandertales como los últimos representantes de un linaje humano que se desarrolló en Europa entre 500.000 y 40.000 años atrás.Muchos investigadores consideran que los representantes mas antiguos de este linaje constituyen una especie propia:"Homo Heidelberguensis",al que pertenecerian los restos hallados en yacimientos,como la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca (España),Mauer (Alemania),Petralona (Grecia) ó Arago (Francia).Los estudios genéticos de los fósiles de la Sima de los Huesos parecen confirmar el parentesco directo entre estas poblaciones europeas, y entre ellas y los neandertales posteriores.Estaríamos,pues,ante una linea evolutiva propia é independiente,que se puede distinguir claramente del linaje sapiens originado en África durante el mismo periodo.
Poco se sabe del origen y comportamiento de los heidelberguensis,los primeros representantes del linaje neandertal.Los yacimientos de entre 500.000 y 400.000 años de antigüedad son escasos en Eurasia y no es posible adentrarse con garantías en estas cuestiones.Parece ser que hace 750.000 años las primeras poblaciones que ocupaban Europa desde hacia mas de un millon de años empezaron a declinar y casi desaparecieron:la ausencia de yacimientos posteriores indica un largo vacío de población en Europa que acabó hace unos 550.000 años con la llegada de los heidelberguensis,probablemente desde algún punto de Asia.Ellos introdujeron en nuestro Continente el "achelense",una tecnología caracterizada por la elaboración en piedra de grandes instrumentos,como los bifaces:útiles de forma almendrada,tallados por sus dos caras y con aristas cortantes.


Otro aspecto conocido del heidelberguensis es su capacidad para cazar ungulados (animales con pezuñas) grandes y medianos,como caballos,bisontes y cérvidos.En el yacimiento ingles de Boxgrove se ha sugerido la presencia de una lesión sobre el omóplato de un caballo producida por el impacto de una lanza;asi,pues,cabe pensar que los habitantes del sur de Inglaterra de hace 500.000 años ya disponían de herramientas efectivas para cazar.Pero se desconocen las técnicas utilizadas para abatir a los animales:¿las lanzas eran armas arrojadizas ó se usaban como picas?.En todo caso,la caza de grandes ungulados debió de requerir la planificación de los pasos a seguir é involucrar a varios miembros del grupo,En cuanto al fuego,era desconocido para la mayoria de estos grupos.Se habia sugerido la presencia de fogatas en algunos yacimientos de Alemania y Europa oriental.Sin embargo,revisiones hechas con técnicas mas modernas parecen desetimar que aquellas comunidades usaran el fuego de modo regular.



Quizas el aspecto mas novedoso de aquellos neandertales sea el tratamiento de sus muertos.Es muy ilustrativo el yacimiento de la Sima de los Huesos de Atapuerca.En este lugar se están excavando los restos de 28 individuos que vivieron hace unos 400.000 años y cuya presencia en la cueva,según el equipo investigador,solo se puede explicar porque los cadáveres fueron depositados alli de forma intencionada.Asi lo avalaría el que los esqueletos están prácticamente completos y pertenezcan a un segmento de edad muy concreto:son individuos adolescentes y adultos (fuera de esa franja de edad solo se han recuperado restos de un niño y de un anciano de unos 40 años).
Este tratamiento especial de la Sima de los Huesos contrasta con las evidencias de canibalismo encontradas en otros lugares,como la Cueva de Arago en Francia (los restos humanos de este lugar muestran fracturas hechas intencionadamente para llegar al tuétano y presentan marcas de corte producidas cuando se descarnaron los cuerpos).Los investigadores que trabajan en este yacimiento hablan de indicio de rituales asociados a este canibalismo, a fin de distinguirlo de la ingesta de carne humana para alimentarse en un momento de crisis (durante una hambruna).Esta hipótesis se basa en el estudio de la estructura de los dientes,que durante su formación registran la historia de la vida de los individuos al estilo de los anillos de los troncos de los árboles.En ningún caso se observan trastornos de la alimentación en aquellas poblaciones,hecho que,junto a la gran variedad y cantidad de animales hallados en la cueva,sugiere que el canibalismo no se dió por necesidad,sinó que tuvo que responder a una razón simbólica y quizas ritual.


El mundo de los heidelberguensis,los primeros neandertales,se vió truncado por la irrupción de uno de los periodos mas fríos que ha vivido el planeta,desde la aparición del género homo,hace mas de 2,5 millones de años.Aunque aún se desconocen sus causas,entre 400.000 y 350.000 años atrás el clima cambió bruscamente y el frío sumió a los heidelbergueses en un auténtico cuello de botella.A juzgar por el vacío de yacimientos en torno a esas fechas,todo parece apuntar a que el cambio climático pudo empujar a los grupos humanos a refugiarse en ambientes mas templados del sur,como la costa mediterránea en Europa y el Próximo Oriente.En esos lugares formaron bolsas de población aisladas genéticamente entre ellas,lo que favoreció la especiación,es decir,el proceso por el cual una especie da lugar a otra.  
En todo caso,la ausencia de restos de este periodo podría explicarse no sólo por un descenso demográfico,sino también por los cambios de la línea costera que acompañan estos ciclos climáticos.Generalmente,los periodos fríos tienen como consecuencia una concentración del agua del planeta en forma de hielo en los polos.Esto implica un descenso del nivel del mar (y una mayor aridez de los Continentes por la ausencia de agua en la atmósfera);pero cuando el clima vuelve a calentarse,como sucedió al acabar la última glaciación,se produce un deshielo en los polos y vuelve a subir el nivel de los mares.Por ello es posible que el mar haya cubierto la mayoría de testimonios arqueológicos del período en que surgieron los nuevos neardentales.Sin embargo,algunas poblaciones lograron sobreponerse a esta crisis y,con la mejoría climática del periodo posterior (hace 350.000 años),pronto recolonizaron los territorios que sus ancestros habían abandonado a causa del frio.Pero el aspecto físico y cultural de estas poblaciones ya no era el mismo que el de los heidelbergensis.El mundo neandertal se había transformado...


Los individuos que superaron aquel cuello de botella ya tenían bien desarrollados gran parte de los rasgos que los investigadores utilizan para caracterizar a los neandertales.Sus cráneos eran bajos y redondeados,con una capacidad encefálica en aumento y que en algunos casos superaría los 1.500 centímetros cúbicos.Su aspecto era el de individuos con una marcada prominencia osea sobre los ojos (el llamado toro supraorbital),narices anchas y ausencia de menton.Su altura media disminuyó desde 1,80 metros de los heiderbergensis hasta 1,65 metros,pero su masa corporal se mantuvo.Se trataba,pues,de individuos bajos y muy robustos (aunque su esperanza de vida seguia siendo corta,como la de todos los humanos prehistóricos e incluso de épocas históricas,y en pocos casos debió de superar los cuarenta años.
Su tecnología también había cambiado.Mientras que los heidelbergensis se habían mantenido estancados en el achelense durante mas de 100.000 años,los nuevos conjuntos arqueológicos atestiguan claras innovaciones.Una de estas nuevas tecnologías acabó por imponerse a las demás y fué adoptada por buena parte de los grupos eurásicos:el musteriense.Esta técnica empleaba nuevas formas de talla de la piedra,como el método Levallois:el núcleo de las piedras se preparaba para ir extrayendo lascas con una forma preconcebida por el tallador.Después,los filos de las lascas se retocaban para obtener instrumentos especializados en diversas tareas.
De este modo,el utillaje neandertal se diversificó y empezó a incluir puntas para las lanzas,raederas de distintos tipos para raspar pieles y cortar carne,denticulados para trabajar la madera y perforadores.Con todo,en los yacimientos siguen apareciendo bifaces y otras piezas de gran formato,pero con menor frecuencia y en contextos usualmente relacionados con lugares de matanza y despiece de grandes animales.La eficacia de los nuevos métodos de talla hizo que perdurasen en el tiempo hasta la practica desaparición del linaje neardental.



Las innovaciones tecnológicas no se limitaron a la talla de piedra.Durante este periodo,el fuego se convirtió en un elemento esencial en la vida diaria de los grupos humanos.Se ha teorizado mucho sobre la aparición de este elemento esencial en yacimientos cercanos a un millón de años,en África y el Próximo Oriente,es decir,antes del mundo nehandertal.Pero estos sitios no muestran un uso del fuego como los neandertales,quienes fueron los primeros en situar el fuego en el centro de gran parte de sus actividades domésticas,desde el asado de los alimentos hasta el aprovechamiento de la luz y el calor,para dar forma a sus instrumentos.
El yacimiento mas antiguo en el que se observan actividades de este tipo es Qesem Cave,en Israel,donde se detectó un uso controlado y continuado del fuego hace ya unos 350.000 años.Los restos humanos que se han recuperado en Qesem (básicamente dientes) parecen estar mas cerca de las poblaciones neandertales europeas de ese mismo periodo que de las africanas del linaje "sapiens".Mas cerca la "Cova del Bolomar" en la costa valenciana,presenta hogares bien estructurados,cercanos a los 250.000 años de antigüedad,y claros indicios de huesos quemados en niveles inferiores,lo cual podría indicar un uso aun mas temprano del fuego en esta área geográfica y hace unos 100.000 años prácticamente todos los sitios neandertales usados como refugio cuentan con el fuego como elemento central.



El tratamiento de los muertos también se volvió mas complejo.Sin abandonar practicas previas,como el canibalismo,los neandertales comenzaron a desarrollar un comportamiento sin precedentes...los enterramientos.
El mas antiguo conocido corresponde a una mujer enterrada en la Cueva de Tabun (Israel) hace unos 100.000 años.Mas tarde empezaron a proliferar en distintos puntos de Europa y del Próximo y Medio Oriente;ente los mas conocidos figuran los de la Ferrasie y La Chapelle-aux Saints (Francia),la Cueva de Kebara (Israel) y Shanidar (Irak).
El  hecho de encontrar los primeros enterramientos en el próximo Oriente,una zona donde neandertales y sapiens convivieron durante un tiempo y compartieron territorios,culturas y recursos naturales,ha llevado a algunos investigadores a sugerir fenómenos de intercambio cultural entre ambos linajes,lo que pudo derivar hacia la adopción de nuevas modalidades en el tratamiento de los muertos.En cualquier caso,las relaciones con los sapiens marcarian,miles de años despues la desaparición definitiva de los neandertal.




En Europa occidental,la franja cronológica que va de 45.000 a 33.000 años,corresponde  a la transición entre el Paleolítico Medio y el Superior, y se caracteriza por la desaparición de los neandertales del registro arqueológico y su sustitución por las primeras poblaciones de humanos modernos ,los" sapiens".Por entonces,las ultimas comunidades neandertal parecían vivir una nueva revolución tecnológica y cultural.Los métodos de talla musterienses tradicionales,empezaron a dar paso a sistemas mas sofisticados como respuesta a nuevas necesidades.
En la mitad meridional de Francia y el norte de la Península Ibérica empezó a desarrollarse el "chatelperroniense"(un sistema de talla de la piedra),hubo otras adquisiciones culturales,como el uso de cosméticos y elementos decorativos.
Aunque estos datos son previos a la llegada de los humanos modernos al oeste de Europa,la genética parece apuntar a cruces hibridas entre ambas poblaciones.Se calcula que los primeros contactos de este tipo pudieron darse en el Próximo Oriente hace unos 100.000 años y que aquellos contactos fueron los responsables de que las poblaciones euroasiaticas actuales tengamos una carga genética neandertal de aproximadamente el tres por ciento.
En cualquier caso,los datos arqueológicos recogen la desaparición de los modos de vida tradicionales,un desvanecimiento que habria tenido lugar a ritmo desigual en las diferentes zonas de Europa y cuyas causas son motivo de acalorados debates cientificos.
Algunos autores insisten en un proceso de  competencia por los recursos,en el que la superioridad tecnológica de los sapiens se impuso y llevó a los neandertal a su desaparición 
Frente a la hipótesis de la competencia,otros investigadores argumentan que los neandertal que los neandertal ya habrian desaparecido cuando llegaron los sapiens.Para ello se basan en criterios geológicos,alegando que en ningun yacimiento europeo occidental hay extratos donde ambas especies aparezcan juntas.
En realidad,los datos arqueológicos no permiten decantarse por una linea ó por otra.Lo mas probable es que fuera la suma de varios factores (algunos ni siquiera plantaeados) lo que provocó la desaparición de los neandertales europeos.
Quizá la aparición de nuevos yacimientos arroje mas luz sobre la verdadera causa de la extinción del linaje de nuestros primeros hermanos evolutivos...

martes, 17 de septiembre de 2019

LOS DUELOS EN RUSIA



Grandes poetas rusos como Alexandr Pushkin, Mijaíl Lérmontov, Alexandr Griboyédov, Nikolái Gumiliov, Maximilián Voloshin, el político ruso (presidente de la III Duma de Estado y ministro de Defensa del Gobierno provisional de Kérenski) Alexandr Guchkov y muchas otras personas de renombre o menos conocidas construyeron la sangrienta historia de los duelos en Rusia.
El primer duelo conocido en Rusia se libró en 1666 entre dos oficiales… extranjeros: el escocés Patrick Gordon (futuro general de Pedro el Grande) y el mayor inglés Montgomery, ambos en el servicio ruso. Aunque la costumbre de los duelos “clásicos” se desconocía en el ámbito ruso, este precedente hizo que la princesa Sofía, que gobernaba el país de facto, los prohibiera.
Aunque Pedro I difundió en Rusia muchas tradiciones europeas, se mostró categóricamente contrario a que un oficial perdiera su vida en vano. En su habitual forma tajante, el emperador no dejó posibilidades a ninguno de los contrincantes. Su famoso reglamento militar de 1715 castigaba con la horca y la confiscación de bienes cualquier “pelea con pistolas o espadas”, tanto a oficiales extranjeros en el servicio ruso como a los propios rusos. “Si alguno fuere herido o muerto... será ahorcado por las piernas aun estando sin vida”. La misma pena estaba prevista para los padrinos de los duelos.
No obstante la drástica regulación de Pedro, oficialmente en vigor hasta 1787, esta norma nunca llegó a aplicarse. Cabe recordar que las transformaciones en la vida de los nobles rusos inicialmente no iban más allá del cambio en la vestimenta y que conceptos como el pundonor entró en la aristocracia rusa con posterioridad. A esto se sumaba el común temor de castigo.
Cuando en 1762 la nueva emperatriz, Catalina II, sancionó el famoso decreto de su recién derrocado por ella misma esposo, Pedro III, que suprimía la obligación de la nobleza de servir en la administración pública o en el Ejército, en la Rusia zarista apareció por primera vez un estrato de población libre. Junto con la libertad, la siguiente generación de jóvenes aristócratas adquirió el sentido del honor.
En la época de Catalina II la juventud noble, todavía fiel al juramento a la bandera y al zar, poco a poco fue adquiriendo la costumbre de no dejar que el Estado se entrometiera en los asuntos del honor. Mucho más tarde esta fórmula fue resumida por el general Lavr Kornílov en estas palabras: “El alma, a Dios; el corazón, a la mujer; el deber, a la patria; el honor, a nadie”.
Durante más de dos siglos los duelos fueron parte de la vida y de la literatura rusa. A ellos dedicaron obras Alexandr Pushkin, Mijaíl Lérmontov (los más destacados poetas rusos, ambos fallecidos en sendos duelos), Antón Chéjov, Alexandr Kuprín, Lev Tolstói y muchos otros.
Pese a las constantes prohibiciones nada pudo detener el derramamiento de sangre. Más aún, los duelos rusos destacaban por su tremenda crueldad, a diferencia de lo que ocurría en países como Francia, donde esa dureza había sido desterrada hace tiempo. Por ejemplo, la distancia de fuego variaba de 3 (!) a 25 pasos (la más frecuente era de 15 pasos); había duelos “hasta el desenlace grave” (muerte o herida grave) y duelos sin padrinos ni médicos; a veces uno de los contrincantes, elegido al azar, se situaba al borde de un precipicio, de espaldas a este, para que incluso una herida ligera resultase mortal al poder hacerle perder el equilibrio (tal como lo describió Mijaíl Lérmontov en La princesa Mary). Los duelos con condiciones más “ligeras” se despreciaban y se tildaban de “duelos franceses”, “duelos de corcho” (en alusión a las botellas de champagne que se abrían para celebrar la avenencia), etc.
Dadas tales condiciones con frecuencia perecían ambos contrincantes, tal como pasó en 1825, cuando cayeron en su famoso duelo “a ocho pasos” el aristócrata y cortesano Novosíltsev y el oficial Chernov, quien defendía el honor de su hermana y familia. Los jefes de regimiento, aunque respetando formalmente las leyes, motivaban el sentimiento del honor entre sus oficiales y bajo cualquier pretexto trataban de quitarse de encima a aquellos que se negaban a aceptar desafíos.
Aún más terrible era el duelo “del pañuelo”, cuando de dos pistolas se cargaba solo una. Los contrincantes elegían un arma al azar. Acto seguido se ponían uno frente otro sosteniendo un pañuelo por sus extremos (esa era toda la distancia que los separaba) y disparaban a la señal del “árbitro” de la contienda. El que quedaba con vida averiguaba entonces cuál era la pistola que estaba cargada.
A ello hay que añadir que a pesar de los correspondientes artículos del Código Penal y del Reglamento Militar, la sociedad rusa (y con frecuencia las autoridades) “toleraban” los duelos. A veces esta permisividad se elevaba al más alto nivel… El extravagante emperador Pablo I se pronunció a favor de que los gobernantes europeos solucionaran sus disputas por medio de duelos.
Sin embargo, estos enfrentamientos no eran tan frecuentes entre militares de especialidades más “técnicas”: zapadores, ingenieros, marineros, artilleros, etc. El conocimiento y la inteligencia se valoraban más que la valentía en estas tropas.

                                 
Con experiencia en muchos duelos, Lunin, al igual que muchos jóvenes oficiales en tiempos de paz, no podía vivir sin riesgo y estaba dispuesto a retar a cualquiera.



Duelo a muerte
El trágico desenlace de una contienda sirvió de pretexto para la primera manifestación política pública en Rusia. Vladímir Novosíltsev, procedente de una influyente familia de la aristocracia rusa, joven y brillante oficial de la corte real, se enamoró de Yekaterina Chernova, de una familia noble pero pobre. Cuando los padres de Yekaterina bendijeron a su hija, la madre de Vladímir se opuso al matrimonio y obligó a su hijo a que retirase su propuesta. El hermano de Yekaterina, Konstantín Chernov, un oficial del regimiento de guardia Semiónovski, exigió explicaciones al “novio” y más tarde, viendo que Vladímir era incapaz de desobedecer a su madre, tuvo que retarlo. Dada la gravedad de la ofensa, las condiciones fueron mortíferas: ocho pasos. Ambos dispararon casi simultáneamente y recibieron heridas de muerte.
El catafalco con las exequias de Novosíltsev atravesó solemnemente todo San Petersburgo, seguido por lujosas carrozas decoradas con los escudos de sus dueños. La aristocracia se despedía de uno de los “suyos”.
En contraste con el “aristocrático” entierro de Novosíltsev, la despedida de Chernov se convirtió en una verdadera manifestación política organizada por el poeta y primo hermano del difunto, Kondrati Ryléyev, su padrino en el duelo. El escritor, que moriría ahorcado tras la sublevación del catorce de diciembre de 1825, informó sobre el entierro a todos sus conocidos, en lo que se convirtió en una verdadera “revista de tropas”. El cortejo fúnebre atravesó la capital rusa impresionando a muchos habitantes.
Miles de personas, entre ellas compañeros de regimiento del fallecido, miembros de la sociedad clandestina, Yakubóvich, Kiujelbékker y otros (recordemos estos apellidos, que van a reaparecer en nuestra historia), junto con todos aquellos que tres meses más tarde se sublevarían por la libertades en Rusia, se congregaron para dar el último adiós al modesto oficial que pudo defender el honor de su familia contra la cúpula aristocrática… al menos así pensaban todos los reunidos.
La idea fue expresada en una carta del decembrista Vladímir Shtéinguel: “Todos los que son capaces de pensar y sentir se unieron en esta silenciosa procesión para expresar su compasión a aquel que pudo haber expresado una idea común, sentida consciente e inconscientemente: la idea de defender a un débil contra un fuerte, a un humilde contra un holgazán”.
Vílguelm Kiujelbékker intentó leer sobre la tumba el poema de Ryléyev A la muerte de Chernov, que contenía acusaciones contra la tiranía, pero otros decembristas no le dejaron hacerlo para no provocar al Gobierno y evitar así una investigación a pocos meses de la insurrección.

                         
El duelo “de los cuatro”
Entre los duelos que han pasado a la historia se encuentra una partie carrée (un tipo de duelo en el que después del enfrentamiento entre los principales contrincantes se batían sus padrinos) en la que se vieron involucrados la famosa bailarina Avdotia Istómina (loada en hermosos versos de Alexandr Pushkin), el dramaturgo, poeta y diplomático Alexandr Griboyédov y el decembrista (y famoso duelista) Alexandr Yakubóvich, entre otros. Los principales contrincantes fueron: el joven cortesano, conde Alexandr Zavadovski, y el teniente de caballería de guardia Vasili Sheremétiev. Pocas personas hubieran recordado este duelo y a sus protagonistas si no fuera por los padrinos: el oficial de caballería famoso por sus hazañas en el Cáucaso Yakubóvich (futuro decembrista) y el clásico de la literatura rusa (autor de la brillante obra teatral en verso La desgracia de ser inteligente) Griboyédov.
El duelo se libró en 1817 en San Petersburgo y el motivo fue una mujer: la famosa primera bailarina de la ópera y el ballet capitalino, Avdotia Istómina, amante de Sheremétiev. Después de una fuerte discusión con este, la artista fue invitada “a tomar té” por el joven poeta Griboyédov al apartamento que el escritor alquilaba con Alexandr Zavadovski (ambos solteros). Istómina se quedó allí dos días
Sheremétiev se encontraba fuera de la ciudad pero cuando a su regreso supo lo sucedido, recurrió a su amigo, el famoso y pendenciero oficial de caballería Alexandr Yakubóvich, quien solo conocía un remedio: “Claro que hay que pelear.  Tu amada estuvo en el apartamento de Zavadovski pero la llevó por allí Griboyédov, así que tenemos dos personajes que necesitan un balazo”.
Según varios testigos, la barrera para Zavadovski y Sheremétiev estaba colocada a doce pasos. Después le tocaba el turno a los padrinos de ambos: Griboyédov y Yakubóvich.
Ardiendo en cólera y celos, Sheremétiev disparó antes de llegar a la barrera y su bala arrancó el cuello de la levita de Zavadovski. “¡Me ha querido matar! ¡A la barrera!”, exclamó Zavadovski. Sheremétiev se acercó a la barrera pero al oír que algunos de los presentes estaban persuadiendo al conde (quien por cierto era un gran tirador) de que no lo matara y que Zavadovski les contestó que iba a disparar en la pierna, gritó: “¡Me tienes que matar! ¡En caso contrario te mato yo!”.
Zavadovski disparó al vientre. Veintiséis horas después el joven oficial moría y el duelo entre Griboyédov y Yakubóvich se postergaba para otra ocasión.
Tras algunas semanas de encarcelamiento, Zavadovski fue enviado al extranjero. Yakubóvich fue castigado con el envío al Cáucaso (lo que implicaba una importante rebaja de estatus social, además el Cáucaso era región en constante guerra), al regimiento de dragones de Nizhni Nóvgorod. Muy pronto por allí llegó Griboyédov (quien pudo evadir el castigo ya que todos los presentes afirmaron que fue tan solo un testigo) en una misión diplomática, camino a Persia.
Griboyédov comprendía que era él quien había provocado la anterior y trágica contienda que había terminado con la muerte de Sheremétiev y temía otra muerte. El diplomático trató de calmar a Yakubóvich pero fracasó. Según Nikolái Muraviov-Karski, futuro general y gobernador del Cáucaso y entonces un joven oficial y padrino de Yakubóvich en aquel duelo, Yakubóvich fue el primero en disparar pero no quería matar a su rival, por lo que su bala atravesó la mano de Griboyédov. Este disparó antes de llegar a la barrera, aunque tenía derecho a ello, y erró el tiro. Justo por su mano desfigurada se pudo identificar, años más tarde, el cadáver del gran diplomático, poeta, músico y patriota, muerto junto con todo el personal de la embajada (se salvó solo el tercer secretario) en Teherán a manos de una muchedumbre de fanáticos religiosos. 
En una entrada del diario de Muraviov-Karski datada el mismo año del duelo aparece, como algo tan rutinario como las clases de persa que le daba Griboyédov, una mención al duelo que tuvo uno de aquellos días Kiujelbékker, un compañero de estudios y amigo de Pushkin…
                               
                                
Pese a que el asesinato de una persona en duelo suponía una pena de cárcel de seis a diez años, en la práctica este castigo no se aplicaba, siendo la pena más difundida entre los militares su envío al ejército activo (solía ser al Cáucaso, como en el caso del poeta Mijaíl Lérmontov, por su duelo mantenido contra Ernest de Barante, hijo del embajador francés) o, en caso de muerte, degradación a soldado (como en el caso del barón Georges-Charles de Heeckeren d'Anthès, el asesino de Pushkin), con su posterior envío a la guerra, donde por lo general los duelistas recuperaban su grado. 
En algunos regimientos se reunían tantos “degradados” y duelistas que en cierta medida daban fama a estas unidades. Posiblemente el más conocido de ellos fue el 44.º regimiento de dragones de Nizhni Nóvgorod, con frecuencia llamado “la guardia del Cáucaso”. Por una parte en este regimiento solían ingresar los aristócratas del Cáucaso, y por la otra en el mismo servían los castigados oficiales de guardia y los duelistas degradados a soldado. Además, a este regimiento llegaban a servir oficiales de guardia en busca de hazañas y medallas.
En él sirvieron, entre otros famosos “espadachines” de la época, Yakubóvich, Mijaíl Lérmontov (en su primer exilio al Cáucaso, a donde lo enviaron tras la publicación del poema A la muerte del poeta, dedicado a la caída en un duelo de Alexandr Pushkin y cuyos versos ofendieron a la alta aristocracia), así como muchos ex oficiales juzgados y degradados a soldado tras la sublevación de los decembristas.


La época fue rica no solo en poetas y militares ilustres, sino también en duelistas, y sin duda el más temible de ellos fue el conde Fiódor Tolstói, tío segundo del gran novelista ruso Lev Tolstói.
Apodado “el Americano” por su estancia en las colonias rusas de América, cuando participaba en la primera expedición rusa alrededor del mundo, bajo el mando del capitán Iván Kruzenshtern, fue arrestado y expulsado de su barco por “conducta impropia”.
Según los testimonios de una sobrina segunda suya, María Kaménskaya, “de acuerdo a sus propios cálculos mató a once personas y las anotó en su ‘lista de difuntos’. Tuvo once hijos que murieron siendo niños y a medida que iban falleciendo, él iba tachando de su lista a sus víctimas y añadía la palabra ‘pagado’. Cuando murió su undécima hija, encantadora e inteligente, Tolstói tachó de la lista al undécimo fallecido y dijo: ‘Ahora, gracias a Dios quedará con vida por lo menos mi gitana de pelo rizado’”, es decir su hija Praskovia. Y así fue. A propósito, en 1826 solo un milagro evitó que se enfrentaran en duelo Fiódor Tolstói y Alexandr Pushkin, once años antes de que el gran poeta ruso (que participó en dieciocho duelos durante su vida) falleciera, en 1837, en un duelo con el barón Georges-Charles de Heeckeren d'Anthès.


Finalmente en 1894 el zar Alejandro III decidió que tan solo con un duelo un oficial podría defender su honor. Fueron publicadas las “Reglas de procedimiento para la resolución de desavenencias entre oficiales”, por las cuales los Tribunales de Honor Castrenses se arrogaban el derecho de asignar duelos sin petición ni reto alguno por parte de los involucrados y si alguien se negaba a batirse, debía retirarse del servicio. Curiosamente este documento no anulaba el castigo ni los correspondientes artículos del Código Penal, pero prometía un indulto a aquellos que se batieran de acuerdo “con las reglas”.
Quizá con la firma de este documento el emperador recordaba la lección (descrita por el famoso príncipe y anarquista Piotr Kropotkin) que aprendió de su padre, Alejandro II, cuando, siendo todavía el heredero al trono, ofendió a un oficial. Ante tal desigual situación y la imposibilidad de retar al heredero, el oficial ofendido envió un mensaje a Alejandro, demandando sus disculpas por escrito bajo amenaza de quitarse la vida. Transcurridas veinticuatro horas sin obtener respuesta, el oficial se pegó un tiro. El enfurecido Alejandro II reprendió a su hijo con dureza y le obligó a formar parte del cortejo fúnebre durante todo el camino al cementerio.
No tan frecuentes como en la primera mitad del siglo XIX, los duelos se mantuvieron como un fenómeno cultural ruso hasta los inicios del siglo XX. El conocido político Alexandr Guchkov participó en varios duelos a lo largo de su vida. Cuando Guchkov fue herido en un brazo en el enfrentamiento que mantuvo con el coronel de la inteligencia militar Miasoyédov, al que había acusado sin pruebas de espiar para Alemania, lo que le valió la “invitación” al duelo, fue recibido con una ovación en el Parlamento ruso, del que era miembro. A propósito, ni él ni muchos otros duelistas de la época pertenecían a la clase noble rusa.
La revolución rusa de 1917 cerró esta época. Tras el golpe del Estado bolchevique, en 1917, los mejores intelectuales y oficiales rusos, con su espíritu de dignidad y honor personal, cayeron en la guerra civil o tuvieron que emigrar. Por su parte el Estado bolchevique declaró que tales conceptos como el deber y el honor eran vestigios del “pasado zarista”. Muy pronto la función de los duelos fue sustituida por las denuncias a los comités del partido o a la Policía secreta, mientras que el pragmatismo estatal se impuso sobre el sentido del honor. La nobleza fue reemplazada por el fanatismo en unos y la prudencia en otros.

CANTAR DEL MIO CID Y EL CÓDICE DE VIVAR


El Cantar de mio Cid es un poema épico anónimo del siglo XII que refiere las hazañas de madurez del Cid, en torno al episodio central de la conquista de Valencia, tras ser desterrado de Castilla por el rey Alfonso. Éste lo condena al exilio por haber dado crédito a los envidiosos cortesanos enemigos del Cid, quienes lo habían acusado falsamente de haberse quedado parte de los tributos pagados a la corona por el rey moro de Sevilla. El texto conservado se inicia cuando el Cid y sus hombres se preparan para salir apresuradamente de Castilla, pues se acerca el final del plazo impuesto por el rey Alfonso. Tras dejar el pueblo de Vivar, de donde era natural, dejando allí su casa abandonada, el Cid, acompañado de un pequeño grupo de fieles, se dirige a la vecina ciudad de Burgos. Los ciudadanos salen a las ventanas a verlo pasar, dando muestras de su dolor, pero su pena por el héroe no es capaz de hacerles contravenir la orden real que prohíbe hospedar y abastecer al desterrado. El Cid y los suyos se ven entonces obligados a acampar fuera de la ciudad, a orillas del río, como unos marginados.
En esta situación reciben el auxilio de un caballero burgalés vasallo del héroe, Martín Antolínez, que prefiere abandonarlo todo antes que dejar al Cid a su suerte. Sin embargo, su ayuda no es suficiente, pues el héroe, que carece del oro supuestamente malversado, no posee los recursos necesarios para mantener a sus hombres. Por ello, con la ayuda del astuto Martín, urde una treta: empeñarles a unos usureros burgaleses, Rachel y Vidas, unas arcas aparentemente llenas de los tributos desfalcados, pero que en realidad están rellenas de arena. Consigue así seiscientos marcos de oro, cantidad suficiente para subvenir a las necesidades más inmediatas. A continuación el Cid y los suyos siguen viaje hacia San Pedro de Cardeña, un monasterio benedictino donde se ha acogido la familia del héroe, mientras este se halle en el destierro. La estancia es, sin embargo, muy breve, porque el plazo para salir del reino se agota. Tras una desgarradora despedida, el Cid prosigue viaje y, esa misma noche, llega la frontera de Castilla con el reino moro de Toledo. Antes de cruzarla, el héroe recibe en sueños la aparición del arcángel Gabriel, quien le profetiza que todo saldrá bien.
Animado por el aviso celestial, el Cid entra tierras toledanas dispuesto a sobrevivir en tan duras condiciones, iniciando su actividad primordial en la primera parte del destierro: la obtención de botín de guerra y el cobro de tributos de protección a los musulmanes. Para ello desarrolla una primera campaña en el valle del río Henares, compuesta de dos acciones combinadas: mientras el Cid, con una parte de sus hombres, consigue tomar la plaza de Castejon, la otra parte, al mando de Álvar Fáñez, su lugarteniente, realiza una expedición de saqueo río abajo, hacia el sur. Las dos operaciones resultan un éxito y se obtienen grandes ganancias, sin embargo, al ser el reino de Toledo un protectorado del rey Alfonso, es posible que éste tome represalias contra los desterrados. Por ello, el Cid vende Castejón a los moros y sigue viaje en dirección nordeste. La segunda campaña tendrá como escenario el valle del Jalón. Tras recorrerlo saqueándolo a su paso, el Cid establece un campamento estable, con dos objetivos: cobrar tributos a las localidades vecinas y ocupar la importante plaza de Alcocer. La caída de esta localidad, que el Cantar de mio Cid presenta como la clave estratégica de la zona, hace cundir la alarma entre la población musulmana circundante, que acude a pedir auxilio al rey Tamín de Valencia. Éste, preocupado por la pujanza del Cid, envía a dos de sus generales, Fáriz y Galve, para que lo derroten. Éstos lo asedian en Alcocer, pero el héroe, aconsejado por Álvar Fáñez, decide atacar a los sitiadores por sorpresa al amanecer, lo que le proporcionará una sonada victoria.
Pese al triunfo, el Cid considera que se halla en una situación difícil, así que, como en Castejón, vende Alcocer y prosigue viaje hacia el sudeste. En ese momento, ha adquirido ya tantas riquezas que se decide a enviar a Álvar Fáñez con un regalo para el rey Alfonso, como muestra de buena voluntad y un primer paso hacia la obtención de su perdón. Mientras su embajador va a Castilla, el Cid se adentra por el valle del Jiloca, hasta hacerse fuerte en un monte llamado El Poyo del Cid, nombre que, según el poema, se debe a este asentamiento de su héroe. Desde allí, el Cid realiza diversas incursiones y obliga a los habitantes de la zona a pagarle tributo. Más tarde se desplaza hacia el este, a la zona del Maestrazgo, que se hallaba bajo el protectorado del conde de Barcelona. Éste, al conocer la actuación del Cid, se propone darle un escarmiento y se dirige en su busca con un fuerte ejército. La batalla se producirá en el pinar de Tévar y, como siempre, el Cid resulta victorioso. Además de obtener un rico botín, el héroe y los suyos capturan a los principales  caballeros barceloneses y al propio conde. Éste, despechado, decide dejarse morir de hambre, pero al cabo de tres días, cuando el Cid le propone dejarlo en libertad sin pagar rescate, a cambio de que coma a su mesa, el conde accede muy contento, olvidando sus anteriores promesas.



Tras su victoria (bélica y moral) sobre el conde de Barcelona, el Cid comienza su campaña en Levante. Su objetivo último ya no es el saqueo y la ocupación transitoria, como en Castejón y Alcocer, sino la conquista definitiva de Valencia y la creación de un nuevo señorío, donde el héroe y sus vasallos puedan vivir permanentemente. Para ello, el héroe comienza por controlar la zona que rodea Valencia, para estrechar el cerco en torno a ella. Tras la toma de Murviedro (Sagunto), los moros valencianos intentan detener su avance asediándolo allí. Sin embargo, como había pasado antes en Alcocer, las tropas del Cid los derrotan por completo, lo que aún les da más ímpetu en sus propósitos de conquista. Al cabo de tres años, han ocupado casi todo el territorio levantino, dejando aislada a Valencia. Sus habitantes, desesperados, piden ayuda al rey de Marruecos, pero éste no puede dársela. Perdida toda esperanza de socorro, el Cid cierra el cerco y, tras nueve meses de asedio, cuando el hambre aprieta ya a los valencianos, se produce la rendición.
La conquista de Valencia no asegura aún su posesión. Al conocer la noticia, el rey moro de Sevilla organiza una expedición para intentar recuperarla, pero fracasará por completo, al ser derrotado por el Cid y los suyos, que completan con el enorme botín las grandes riquezas obtenidas tras la toma de la ciudad. Afianzada la situación, el Cid toma una serie de medidas para garantizar la adecuada colonización de la ciudad y su organización interna. Incluso aprovecha la llegada de un clérigo guerrero, el francés Jerónimo, para instaurar un obispado valenciano. Además, envía de nuevo a Álvar Fáñez con un nuevo regalo para el rey Alfonso, al que pedirá permiso para que la familia del Cid se reúna con él en Valencia. La embajada es un éxito, pues el rey acepta complacido la dádiva y concede el permiso solicitado. Además, provoca efectos contrarios entre los cortesanos, pues despierta la envidia de los calumniadores que habían provocado su exilio (encabezados por Garcí Ordóñez) y la admiración de otros aristócratas, entre ellos los infantes de Carrión, que se plantean la posibilidad de casar con las hijas del Cid y beneficiarse así de sus riquezas.




Acompañadas por Álvar Fáñez, la esposa y las hijas del Cid, junto con sus damas, se dirigen a Valencia. Mientras tanto, el Cid es informado allí de la decisión real y envía una escolta a buscarlas a Medinaceli, extremo de la frontera castellana. Desde allí, la comitiva avanza hacia Valencia, donde el héroe la espera impaciente. Su llegada es motivo un recibimiento a la vez solemne y alegre. La llegada de la familia del Cid se corresponde con un período de calma y felicidad. Sin embargo, la llegada de la siguiente primavera (época en que los ejércitos se movilizaban) les trae el ataque del rey Yúcef de Marruecos. Se va a librar entonces el mayor de los combates descritos en el Cantar de mio Cid, pues es el único que dura dos días seguidos. Pese a la superioridad numérica del adversario, el empleo de una sabia táctica dará una vez más el triunfo al Cid y a los suyos. Gracias al importante botín obtenido, el héroe puede enviar un tercer regalo al rey Alfonso, de nuevo por mano de Álvar Fáñez. La alegría del rey es tan grande como la ira de los cortesanos enemigos del Cid y el prestigio de éste mueve por fin a los infantes de Carrión a pedirle al rey que gestione sus bodas con Elvira y Sol, las hijas del Cid. El rey accede y decide a la vez otorgar formalmente su perdón al Cid.
La reconciliación del monarca y el héroe se produce en una solemne reunión de la corte junto al río Tajo, que dura tres días. El primero, el Cid es recibido a su llegada por el rey, quien lo perdona públicamente y luego los agasaja a él ya sus hombres. El segundo día es el Cid quien organiza un banquete en honor del rey. Por último, al tercer día, se abordan las negociaciones matrimoniales. El Cid se muestra bastante remiso a este matrimonio, pero accede por deferencia hacia el rey. Acordado, pues, el enlace, la reunión se disuelve y el Cid y los suyos, acompañado por los infantes y por numerosos nobles castellanos que quieren acudir a sus bodas, regresan a Valencia. Allí tienen lugar las nupcias, que se celebran con el lujo apropiado al nivel social que ha alcanzado el Cid y con profusión de celebraciones caballerescas, que duran quince días. Tras las bodas, los infantes se quedan a vivir en Valencia, siendo la convivencia satisfactoria durante un par de años.
Cierto día, un león propiedad del Cid se escapa de su jaula, sembrando el terror por el alcázar de Valencia. El héroe está durmiendo y sus caballeros, que están desarmados, lo rodean para protegerlo, mientras que sus yernos huyen despavoridos y se esconden donde pueden. Cuando el Cid se despierta, conduce de nuevo al león a su jaula como si nada. La admiración que despierta el gesto del héroe es, sin embargo, menor que las burlas que provocan los infantes por su notoria cobardía. Ésta quedará confirmada poco después, cuando las tropas del rey Bucar de Marruecos acudan a intentar de nuevo recuperar Valencia. Allí, frente a las proezas de los demás hombres del Cid, sus yernos huirán ante los moros, y sólo la buena voluntad de los principales caballeros impide que el héroe se entere de ello. Sin embargo, las críticas de que son objeto por parte del resto de sus hombres y la riqueza obtenida tras el reparto del botín les hacen urdir un plan para vengarse de las ofensas sufridas. Para ello, deciden abandonar Valencia con la excusa de mostrarles a las hijas del Cid sus propiedades en Carrión, a fin de dejarlas abandonadas por el camino.
Así lo ponen en práctica y, colmados de regalos por el Cid, se ponen en marcha. Por el camino, intentan asesinar a Avengalvón, el gobernador musulmán de Molina, aliado del Cid. Sin embargo, este descubre sus planes y, por consideración hacia el héroe, los deja marchar. Los infantes y su séquito siguen su marcha, hasta llegar al robledo de Corpes. Allí, tras hacer noche, envían a su gente por delante y se quedan a solas con sus esposas, a las que golpean brutalmente y dejan abandonadas a su suerte. Afortunadamente, su primo Félez Muñoz, al que el Cid había enviado en su compañía, acude a rescatarlas y da aviso al Campeador. Éste, además de enviar a sus caballeros para que traigan de regreso a sus hijas, manda a Muño Gustioz, uno de sus mejores hombres, a querellarse ante el rey don Alfonso. Éste, que había sido el promotor de los desdichados matrimonios, acepta la demanda del Cid y convoca una reunión judicial de la corte, a fin de dictaminar lo más justo.



Las cortes se reúnen en Toledo y a ellas acuden el rey, los infantes de Carrión con sus deudos (a los que se suma Garcí Ordóñez) y el Cid con sus principales caballeros. Éste reclama a sus yernos los dos excelentes espadas, Colada y Tizón que les había regalado al despedirse de ellos. Los infantes se las devuelven y respiran satisfechos, creyendo que el héroe se conforma con eso. Sin embargo, a continuación les reclama los tres mil marcos de la dote de sus hijas, que la disolución del matrimonio les obliga a restituir. Los infantes, que unen a sus anteriores defectos el ser unos dilapidadores, deben devolverle al Cid esa suma en especie, pues carecen de liquidez. Con todo, se avienen a ello pensando, como antes, que la demanda se acaba ahí. De nuevo se equivocan, pues el héroe ha dejado para el final el asunto más grave: la afrenta recibida por el maltrato y abandono de sus hijas. De acuerdo con los usos de la época, se produce un desafío de los caballeros del Cid a los infantes, a los que se suma su hermano mayor, Asur González. El rey acepta los desafíos y determina que las correspondientes lides judiciales se efectuarán en Carrión al cabo de tres semanas. En ese momento, los embajadores de los príncipes de Navarra y de Aragón llegan a la corte para pedir la mano de las hijas del Cid, lo que provoca gran satisfacción en la corte.
El héroe da instrucciones a sus caballeros y regresa a Valencia. Vencido el plazo, se reúnen en Carrión los hombres del Cid y los de Carrión, bajo la supervisión del rey. Tienen entonces lugar los tres combates, con todas las formalidades previstas por la ley. En ellos, los caballeros del Cid, Pedro Bermúdez, Martín Antolínez y Muño Gustioz, vencen a los dos infantes y a su hermano, que quedan infamados a perpetuidad. Los campeones del Cid regresan satisfechos a Valencia, donde son acogidos con gran alegría. En este momento, el héroe, recuperada su honra y emparentado con los reyes de España, ha alcanzado su cumbre. Tras ella, nada queda por contar, salvo recordar que su muerte acaeció en la solemne fiesta de Pentecostés.



El mayor de los cantares de gesta españoles de la Edad Media y una de las obras clásicas de la literatura europea es el que por antonomasia lleva el nombre de su héroe: el Mio Cid. Este cantar se ha conservado en su forma poética en un único códice, que actualmente se custodia en la Biblioteca Nacional de Madrid. Se trata de un códice en cuarto (con dimensiones medias de 198 × 150 mm), de 74 hojas (originalmente 78), elaborado con pergamino, posiblemente de cabra, grueso y de preparación algo tosca. Consta de once cuadernillos, cosidos entre sí mediante cinco nervios y encuadernados con tabla forrada de badana barnizada de negro y estampada con orlas de oro (del que quedan muy pocos restos) y conserva parte de dos broches de cuero y metal con los que se mantenía cerrado. Esta encuadernación es del siglo XV y fue la segunda que experimentó el códice, sin que se tenga certeza sobre la fecha de la anterior, seguramente coetánea de su escritura. La impaginación o distribución del texto en la página se realizó mediante un pautado a punta seca en el primer cuadernillo y a punta de plomo (o quizá de plata) en los restantes. Dicho pautado está formado por dos líneas maestras verticales y otras dos horizontales, que delimitan una caja de escritura que varía entre los 174 x 121 mm y los 163 × 112 mm. El texto está escrito a renglón seguido, con una media de 25 líneas por plana, en letra gótica libraria híbrida de notular y textual (también denominada cursiva formada), a una sola tinta (sin duda negra en su origen, pero que hoy se ve de color pardo), escrita sin lujo, pero con esmero. Todos los versos se inician con una mayúscula gótica. En catorce ocasiones se emplean capitales lombardas de gran tamaño como iniciales ornamentales de sobria decoración, las cuales, sin embargo, no parecen desempeñar ninguna función específica en relación con el contenido. También hay dos ilustraciones que representan sendas cabezas femeninas de largas melenas, realizadas en el margen derecho del f. 31r, las cuales se ha pensado que podrían aludir a las hijas del Cid, allí mencionadas, aunque esto es muy inseguro, entre otras cosas porque la segunda cabeza es copia, con peor mano, de la primera, lo que hace pensar en un mero ejercicio de pluma, de los que pueblan los márgenes de los manuscritos medievales, antes que en una figura relativa al contenido.



Este manuscrito lleva una suscripción de copista que fija su realización en el año 1245 de la era hispánica, correspondiente al 1207 de la cristiana:

               Quien escrivió este libro dél’ Dios paraíso, ¡amén! Per Abbat le escrivió en el mes de mayo
                en era de mill e dozientos cuaraenta e cinco años.

Sin embargo, el códice que nos transmite esta indicación no es de principios del siglo XIII, sino del siguiente, y probablemente deba situarse, por sus características paleográficas, entre 1320 y 1330. Cabe pensar, entonces, en que el copista sufrió un error o incluso en una alteración deliberada de esa suscripción. En realidad, los numerales aparecen en el texto original en cifras romanas, “mill. & .C.C.   xL.v· años”, con un espacio entre las centenas y las decenas que podría haber contenido una tercera C, lo que permitiría fechar el colofón en la era de 1345, es decir, el año 1307, una fecha más acorde con la que puede deducirse de la constitución material del manuscrito. Esta hipótesis fue la habitualmente defendida desde que Tomás Antonio Sánchez (con el auxilio de Juan Antonio Pellicer) publicó por primera vez el Cantar de mio Cid en 1779, y se convirtió en canónica tras la monumental edición de Ramón Menéndez Pidal aparecida en tres volúmenes entre 1908 y 1911. Sin embargo, para admitir esta hipótesis, hay que suponer que dicha C fue raspada para envejecer artificialmente el códice ya en la Edad Media, puesto que en la copia extraída en 1596 por el genealogista Juan Ruiz de Ulibarri (cuando el manuscrito se conservaba en el concejo de Vivar) la fecha se lee ya como en la actualidad, lo que supone un planteamiento anticuario ajeno a la mentalidad medieval y, por lo tanto, obliga a imaginar una operación anacrónica. Por otra parte, la posibilidad de inspeccionar el códice único en 1993 con un video-microscopio de superficie y una cámara de reflectografía infrarroja me permitió determinar que en realidad no había nada raspado en ese punto, por lo que no pudo haberse eliminado la supuesta tercera C.



Esto plantea la cuestión de por qué un manuscrito del siglo XIV presenta una suscripción fechada un siglo antes. Esta situación puede sorprender, con razón, a un lector moderno, pero en la Edad Media no era extraño, en particular en los scriptoria o talleres de copia de los monasterios benedictinos, que cuando un códice se copiaba, se hiciera íntegramente, es decir, conservando incluso el colofón del modelo seguido, a fin de saber de qué ejemplar antiguo procedía la nueva copia. Esto daba lugar a lo que técnicamente se denomina una subscriptio copiata, que obviamente no transmite los datos de producción (copista, fecha y a veces lugar) de un manuscrito dado, sino de su modelo. Esta posibilidad se ve reforzada teniendo en cuenta que muy probablemente el códice conservado procede originariamente del monasterio de San Pedro de Cardeña, donde estaba enterrado el Cid, lo que hace de la subscriptio copiata una operación normal. En todo caso, puede darse por seguro que el códice que se conserva procede de un modelo perdido que databa de mayo de 1207 y había sido escrito, es decir, copiado a mano, por cierto Per Abbat o Pedro Abad. Lo que hay que dejar bien claro es que ni la fecha es la de composición de la obra ni el nombre propio es el de su autor, puesto que se trata de una típica suscripción de copista, de las que se conservan otras muchas similares en multitud de manuscritos medievales.



lunes, 16 de septiembre de 2019

CULTURA MOCHICA... ARQUITECTURA Y EL SEÑOR DE SIPAN


                                               

La Cultura Moche es una civilización prehispanica del antiguo Perú que pertenece al denominado periodo Intermedio Temprano. La tradición cultural del Estado Chavín fue debilitándose y así surgieron estilos locales como de la cultura Vicús y la cultura Pukará, que hicieron de puente hacia el Intermedio Temprano, donde destaca la cultura Moche (100 d.C. - 750 d.C.) en la costa norte. Al desarrollarse esta cultura se conformó una confederación de señoríos mochicas en los valles de La Libertad, Lambayeque y Ancash. Cada una era dirigida por un Cie-Quich ayudado por poderosos curacas llamados Alaec. Los centros más importantes fueron Moche y Galindo en La Libertad y Pampa Grande en Lambayeque.

La cultura moche o Mochica data entre los siglos I d.c y VI d.c. ocupando un territorio que se extendió por gran parte de lo que hoy es la costa norte del Perú, abarcando lo que vendrían a ser, los departamentos de Ancash, Lambayeque y La libertad, en el valle de Chicama ,Viru y moche

Localización geográfica de la cultura Moche




Organización Politicosocial Mochica

Los mochicas costituyeron una cultura clasista- Aristocracia guerrera (Sacerdotes guerreros) siendo una Sociedad Militarista.
La sociedad moche estuvo dividida en:
* El Cie-Quich(jaguar): Era el rey del valle y los dominios mochicas.
* El Coriec: Era el rey vencido y subordinado al poder del soberano mochica.
* El Sacerdote o Pillac (zorro): Encabezado por el sacerdote guerrero, habitaban en los templos de forma piramidal.
* El Pueblo (lagarto): Agrupaba a campesinos y pescadores quienes vestían en forma sencilla. Desempeñaban labores agrícolas, de pesca o se dedicaban a otras actividades. El idioma que hablaron fue el Muchic.





Economía de la Cultura Mochica

-Tuvo como escenario la larga y angosta franja desértica de la costa norte del Perú donde se encuentran los restos de sus obras de irrigación que testimonian su alto desarrollo artístico, tecnológico y compleja organización.

Los Mochica vencieron al desierto mediante la irrigación artificial desviando el agua con canales provenientes de los ríos que bajan de los Andes, construyeron canales(Wachaques) que se muestran como notables obras de ingeniería Hidráulica, como el de Ascope y el de la Cumbre. Su ingeniería hidráulica les permitió contar con excedentes agrícolas y una sólida economía que, complementada con los productos del mar, constituyó la base de su portentoso desarrollo.

  Los moche desarrollaron una agricultura planificada al igual que los chavin
Acueductos mochica: chicama - ascope - represa san jose
Utilizaron abono para fertilizar sus tierras (el guano fue el fertilizante más importante, el cual extraían de las islas de Chincha con sus caballitos de totora)
La Pesca : Fueron diestros pescadores los moche, ellos ingresaron al mar adentro con los míticos caballitos de totora, que ya tenían cerca de tres mil años de antigüedad.

Los artistas moche plasmaron su vida cotidiana en sus bellas cerámicas. Cerámica donde se puede observar la pesca en caballitos de totora




Arquitectura Mochica

Usaron Predominantemente el Barro y el adobe
La sociedad Moche construyó centros urbano-ceremoniales compuestos por palacios (donde vivía la elite), edificios administrativos, talleres artesanales y unidades domésticas. Estos centros estaban formados por plataformas de adobe dedicadas al culto y casi siempre decoradas con pinturas murales.


                                                         Huaca de la Luna




                                                                 Huaca del Sol


                                                    Mural de la Huaca del Sol


                                                           Dios Hacedor (Aia paec)

Pacatnamú

                                           Huaca Rajada de Sipan,en Lambayeque


                                      Plano del Valle del Moche siglo XVIII. 

Huaca rajada(Señor de Sipan) :En marzo de 1987 el arqueólogo peruano Walter Alva logró erradicar a los huaqueros (ladrones de tumbas) y procedió a realizar excavaciones. Fue la única tumba de un gobernador precolombino hallada intacta en Perú.Actualmente se encuentra en el Museo Tumbas Reales de Sipán, en Lambayeque.
En la zona donde se halló al Señor de Sipán y otros trece complejos funerarios, se han reanudado las excavaciones en la base de una de las pirámides del santuario moche para conocer el diseño arquitectónico de las construcciones truncas, edificadas hace 20 siglos.



   EL SEÑOR DE SIPAN

Antes del descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, los estudiosos pensaban que las imágenes o representaciones del arte Mochica formaban parte de escenas mitológicas sólo existentes en la imaginación de sus creadores. Por ello fue una sorpresa constatar que muchos de los emblemas, ornamentos y atuendos encontrados en este magnifico entierro, los cuales fueron usados en vida por su propietario, resultaban semejantes a los figurados en los temas clásicos del arte Mochica, principalmente en "La presentación" o "Sacrificio de prisioneros". La correspondencia de símbolos y ornamentos no podía ser más exacta, lo que constituyó una clave importante para reconocer el rol y jerarquía del Señor cuya tumba acabábamos de descubrir




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El Señor de Sipán fue un antiguo gobernante del siglo III, dominando una zona del actual Perú. El arqueólogo peruano Walter Alva Alva, junto a su equipo, descubrió la tumba del Señor de Sipán en 1987. El hallazgo de las tumbas reales del Señor de Sipán marcó un importante hito en la arqueología del continente americano porque, por primera vez, se halló intacto y sin huellas de saqueos, un entierro real de una civilización peruana anterior a los Incas. El ataúd de cañas en que se halló, fue el primero en su tipo que se encontró en América y reveló la magnificencia y majestuosidad del único gobernante y guerrero del antiguo Perú encontrado hasta la fecha de su descubrimiento, cuya vida transcurrió alrededor del año 250.

Sin embargo su origen esta aun en discusión debido a que el historiador japonés Izumi Shimada le atribuye un nuevo origen, a otra cultura distinta a la mochica; Normalmente se le atribuye de la cultura Lambayeque, aunque muchas personas confunden este origen, al estar situados prácticamente en la misma zona ( valle de moche ). Se diferencian estas culturas por la orfebrería y la clase y refinado del trabajo que realizaron, además se trataría del dios Naylamp y no de Aia paec.



Sipán se encuentra en la parte norte del Perú, cerca de la costa, en el centro del valle de Lambayeque, 35 km al este de Chiclayo, Perú. Cuatro tumbas se han encontrado en la Huaca Rajada Sipán, un mausoleo construido por la cultura Mochica que gobernó la costa norte de Perú de alrededor de 1 dC a 700 dC.

El Señor de Sipán utilizó en vida variados ornamentos, emblemas y atuendos para distintas ocasiones y ceremonias. Estas vestimentas eran símbolo de su alto rango, investidura semidivina y poder. A su muerte, diversidad de bienes formaban parte del ajuar funerario para acompañarlo al mundo de los muertos donde, según la religión Mochica, seguiría ejerciendo los mismos roles y funciones.
Gracias a la investigación arqueológica y las pruebas de ADN, ha sido posible deducir determinadas características del Señor de Sipán, como el color de la piel, la forma de sus labios, cabello, ojos y otros rasgos faciales. It was also possible to provide an accurate estimate of his age at death, allowing for a more accurate facial reconstruction. También es posible ofrecer una estimación precisa de su edad al morir, lo que permite una visión más precisa la reconstrucción facial.



Descubrimientos en la tumba del señor Sipan...

 En la tumba del Señor de Sipán, se encontraron otras dos tumbas, la del sacerdote y, más abajo, la del Viejo Señor de Sipán.
En la del sacerdote, se hallaron piezas que indicaban que sería uno de los principales personajes en la jerarquía religiosa de la Civilización Mochica. Este sacerdote, por los análisis de ADN efectuados, fue contemporáneo al Señor de Sipán. En las piezas que le acompañaban destacan, como símbolos religiosos, la copa o el cuenco destinados a los sacrificios, una corona de metal adornada con un búho con sus alas extendidas y otros elementos para el culto a la Luna.

El Viejo Señor de Sipán

El Viejo Señor antecedió en casi 100 años al Señor de Sipán. Su tumba fue encontrada a seis metros de profundidad, donde estaba rodeado de todos sus atuendos, ornamentos y joyas que revelaron un nivel jerárquico similar al primer señor descubierto.
Entre sus principales ornamentos se encontraron una máscara funeraria de cobre dorado en tamaño natural y un pectoral, con piezas de cobre dorado y plata y ocho volutas en dirección de izquierda a derecha representando los tentáculos de un pulpo mítico vinculado al viaje de las almas por el fondo del mar.
También fueron encontrados en la tumba un impresionante collar de 10 arañas de oro, un juego de 10 cabezas de felino, un juego de 10 piezas representando a cabezas de ancianos y otro emblema de cobre dorado representado a un ser mítico con cuerpo de hombre, cara y garras de felino que constituía una de las deidades mas importantes de la época.




 
Vestimentas -Ropas y Joyas del Sr de Sipan

La ropa de este guerrero y gobernante sugieren que fue de aproximadamente de 1,67 m de altura. . Sus joyas y ornamentos que indican que fue de la más alta categoría, incluye pectorales, collares, anillos de nariz, orejeras, cascos, brazaletes y la cetrería. La mayoría eran de oro, plata, cobre, oro y piedras semipreciosas. En su tumba se encontraron más de 400 joyas.


 Se encontraron en la tumba del Señor de Sipán un precioso collar con bolas de oro y plata en forma de maní o cacahuetes para representar a la tierra. Los cacahuetes representan la tierra y significa que los hombres vienen de la tierra, y que cuando mueren, regresan de nuevo a la tierra. El collar tiene 10 núcleos en sí a la derecha que son de oro que significa la masculinidad y el dios sol, mientras que los núcleos que se encuentran en el lado izquierdo son de Plata para representar a la feminidad y el dios luna.