sábado, 7 de octubre de 2017

GUERRA DE LAS INVESTIDURAS Y EL TRATADO DE SUTRI

La Guerra de las Investiduras es el nombre con el que es conocido el conflicto que enfrentó durante los siglos X y XI a los dos máximos poderes del mundo medieval: el Imperio Germánico y el Papado.
Básicamente, el conflicto parte de la lucha entre dos concepciones imperiales y antagónicas. Por un lado, la política de Renovatio Imperii Romanorum puesta en marcha por los monarcas de la dinastía otónida tuvo las tendencias necesarias para convertir al Imperio en la única fuerza cristiana universal. Además de su innegable fuerza militar y económica, el Imperio también contaba con el poder de las iglesias privadas, concedidas por su voluntad a aquellos clérigos afines (sobre todo en las sedes episcopales) que recibían por ello una investidura laica, que es el origen etimológico del conflicto.
Por parte del Papado, la intromisión imperial en el nombramiento de dignidades eclesiásticas y aún en la del propio pontífice, era algo que la dirección teocrática y jerárquica no podía tolerar. El cesaropapismo (nombre que recibía dicha intro y, sobre todo, Enrique IV , chocaba frontalmente con el espíritu renovador de la Iglesia propagado por los cluniacenses, encabezado por el monje Hildebrando de Cluny y por Humberto de Moyenmoutier, cardenal de Silva Cándida. Precisamente fue éste último el que abrió la caja de los truenos, exhortando al papa Esteban IX  a no pedir confirmación imperial de su elección. En su obra Libri adversus simoniacos, Humberto arremetía contra las investiduras laicas que acababan por convertir las elecciones de cargos eclesiásticos y episcopales en un infame negocio de compra y venta de cargos (simonía). Además de las dudas eucarísticas que podía suscitar el nombramiento de personas, generalmente, sin un mínimo de preparación eclesiástica, lo cierto es que menoscababa gravemente el poder imperial y universal del cual la Iglesia quería ser cabeza rectora.

Resumiendo lo que en la historia ha quedado definitivamente como “querella de las Investiduras” fué (dicho en lenguaje familiar) una pelea por el poder que mantuvieron determinados papas y algunos responsables de Estado, personificados en dos emperadores. Se trataba por una parte de la intención y propósito papal de imponer la doctrina de que el poder temporal estaba sometido al poder espiritual y ello suponía, por ejemplo, que hasta que un papa no aceptase a un emperador, éste no tenía aún la autoridad, dado que el papa estaba por encima de los reyes o emperadores a los que tenía que legitimar. Mientras que a su vez, por la otra parte, el asunto era que el poder civil consideraba tener derecho, tal como se venía haciendo “desde siempre”, a elegir a obispos, regidores, dignatarios eclesiásticos (y hasta al mismo papa), dada la incidencia política, social y económica que traían consigo estas jerarquías supuestamente sólo religiosas. El papa defendía que él era quien elegía los cargos eclesiásticos mientras que los poderes civiles mantenían que ellos no dependían de la voluntad papal.
A partir de ese planteamiento se fueron sucediendo a través del tiempo diversos incidentes y discusiones. Ello ocurrió entre los años 1075 y 1122, fecha que fija su fin en virtud del Concordato de Worms.



En febrero de 1111, en torno al día 9, el papa Pascual II y Enrique V firmaron un acuerdo (Tratado de Sutri) con el que se pretendía poner fin al conflicto. Pero no ocurrió así y el enredo siguió un año más. La querella había sido desencadenada por el Papa Gregorio VII y el Emperador del Sacro Impero Romano Germánico, Enrique IV .
En aquella época los cargos eclesiásticos eran nombrados en muchos casos por los poderes civiles, los reyes. Hay que tener presente que entonces, por ejemplo, un obispo, además de una autoridad religiosa, era sobre todo un poder político, económico y militar. Las diócesis, los arciprestazgos y demás puestos similares, tanto por donaciones privadas como públicas, reunían inmensas riquezas y, aunque también había diócesis pobres y de escaso valor representativo, otras estaban encumbradas en todos los órdenes civiles, formaban parte de la corte e intervenían en las grandes decisiones del estado. Recuérdese que a veces los titulares ni aparecían por sus sedes eclesiásticas, siempre pendientes de su prestigio y poder personal y de los graves asuntos públicos. En estas condiciones parece lógico que al rey le interesara poder nombrar y destituir a quien casi podía hacerle sombra.
Y aquí vino el problema, cuando el año 1075 el recientemente nombrado papa, el monje Hildebrando, Gregorio VII, promulga un decreto en un tono muy  firme en el que, a través de 27 puntos, trata de modificar el "statu quo vigente".




Viniendo como venía de vivir en un convento y con la mentalidad de la preponderancia de lo espiritual sobre lo material, establece la absoluta supremacía del papa, manifestando que sólo él tiene el poder de nombrar obispos y demás cargos eclesiásticos. Pero no solo es eso sino que su concepción del papado le lleva a exigir también el sometimiento del emperador y los príncipes que están subordinados al papa. cuyo nombramiento tiene que ser refrendado por él. En definitiva, preconiza la teoría del poder omnímodo de la iglesia sobre toda soberanía y jerarquía temporal.
Al mismo tiempo, en el ámbito eclesiástico, prohíbe la venta de cargos eclesiásticos y exige a los clérigos vivir célibes, de acuerdo al decreto que el papa Nicolás II había preconizado unos años antes, si bien en ese momento del devenir histórico se impuso esta condición para evitar el carácter hereditario de los feudos y propiedades ante una posible descendencia y los derechos de los hijos.


Como era previsible, no aceptó el emperador Enrique IV esta doble pretensión papal, especialmente la de colocarse por encima de los reyes, transformando el papado en una especie de rey universal, sobre todo y sobre todos y no modificó sus prácticas: siguió nombrando obispos en Alemania, más aún, nombró arzobispo en Milán, territorio que había rechazado de cuajo las nuevas directivas papales. Y así empezó una serie de trifulcas entre los dos, Gregorio VII y Enrique IV, que con los debates teóricos de uno y otro bando, es lo que se llama la “querella de las investiduras”. ¿Tenía el papa derecho a investir como tal al emperador?, ¿era el poder religioso, papal y eclesiástico, un poder de poderes ante el que tiene que someterse cualquier otro o, por el contrario cada uno en su sitio? Más o menos así es ahora pero en aquellos tiempos de comienzo del siglo…
Gregorio VII llama la atención al emperador por su desobediencia; este por su parte convoca a un conjunto de obispos que lo apoyan y se niegan a reconocer las nuevas directrices; el papa recurre a la excomunión y lo destituye de la corona imperial; Enrique decide entonces pedir perdón al papa y reconciliarse con él para lo que marcha a la población de Canosa, donde el pontífice se encuentra, y tras pasar tres días y tres noches de invierno a la puerta del castillo, es recibido por el papa que le perdona, le levanta la excomunión y le restablece en su puesto por lo que ya sus enemigos no tienen excusa para exigir su cese; no obstante, mientras tanto, estos, aprovechando la ausencia de su viaje a Italia, han elegido a su cuñado Roberto de Suabia; Enrique exige de Gregorio una condena firme para Roberto y, al no obtenerla, convoca de nuevo a los obispos partidarios suyos; el papa confirma al cuñado; y el emperador destituye al papa nombrando un antipapa, Clemente III. Con lo que en la práctica ya hay dos papas, dos emperadores y un conflicto sangriento ente ambos en el que sufrió todas sus consecuencias el pueblo de Roma.
El papa, que ha huido a Salerno, muere en 1085 y es sustituido por Víctor III , al que costó convencer pero que, dada la brevedad de su reinado, solo intervino en esta querella para confirmar la excomunión de Enrique. Urbano II , que ha pasado a la historia por haberse implicado en las cruzadas al convocar la primera, aunque lo intentó con otra refriega sangrienta) apenas pudo vivir en Roma por estar ocupada por el antipapa Clemente III.



Clemente III
     
                                                               Pascual II
    
Le sucedió Pascual II que ensayó procedimientos similares a los empleados por sus antecesores pero en 1106 moría Enrique, pasando el trono imperial a su hijo Enrique V y, aunque este al principio mantuvo la misma intransigencia, (habían muerto tanto Clemente III como sus sucesores) poco a poco se fueron acercando las posturas entre ambos, el papa Pascual y el nuevo emperador. A Pascual, más pegado a la realidad le parecieron algo exageradas las pretensiones de su antecesor Gregorio y el nuevo emperador por su parte trataba de llegar a un acuerdo para poder ocuparse de otras cuestiones. Así en líneas generales, los clérigos se dedicarían solo a la tarea religiosa y renunciarían al poder temporal y a sus posesiones de concesión real mientras que el emperador lo hacía a su vez a intervenir en los nombramientos eclesiásticos. Con el acuerdo cerrado (hay diversas interpretaciones, que ahora no procede exponer, sobre este acuerdo en cuanto a si fue impuesto por Enrique y otros matices), se decidió dar carácter público al documento en una ceremonia, a celebrar en Roma el 9 de febrero de 1111, en la que al mismo tiempo el papa investiría a Enrique emperador. El caso fue sin embargo que, leyendo el pontífice el documento, los clérigos presentes (abades, prelados y demás dignatarios eclesiásticos incluidos los cardenales) viendo que a fin de cuentas todo se arreglaba con el precio de que ellos perdieran sus riquezas, se amotinaron, impidiendo al papa finalizar la lectura del documento. El emperador mandó a sus tropas a detenerlos y aquello acabó de la peor manera posible.
Pascual se vio obligado a firmar un nuevo documento, esta vez del emperador, que, una vez en libertad y ante las presiones de los cardenales, desechó, volviéndose de nuevo a la coacción, la violencia y la excomunión de Enrique V. “La querella de las investiduras, que por un fugaz momento pareció llegar a su fin, se intensificó si cabe. Pascual II murió en 1118 sin haber avanzado en el camino de la solución”.
Pero el acuerdo final estaba cerca. La querella se mantuvo hasta la llegada del Papa Calixto II , sucesor de Gelasio II , que lo había sido de Pascual, quien firmó el Concordato de Worms en 1122 confirmado muy poco después por el Concilio de Letrán (1123).

https://geohistsap.files.wordpress.com/2012/09/conflicto-de-las-investiduras.pdf http://www.conocereisdeverdad.org/pic/6118_10_4aee0ca8c7ded.jpg
http://juancarloslopezeisman.blogspot.com.es/2014/02/enrique-v-y-el-papa-pascual-ii-firman.html
http://www.enciclonet.com/articulo/guerra-de-las-investiduras/
http://araceliregolodos.blogspot.com.es/2015/02/tratado-de-sutrifin-de-la-querella-de.html
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/B_Clemens_III.jpg
http://www.escuelapedia.com/querella-de-las-investiduras/
http://es.thefreedictionary.com/Guerra+de+las+Investiduras
http://www.quo.es/ser-humano/guerra-de-las-investiduras


lunes, 10 de abril de 2017

CARTAGO Y LA LEYENDA DE DIDO


Muchas fueron las civilizaciones que emergieron y cayeron en la antigüedad, Egipto, Sumeria, Persia, Grecia, Roma, son algunos de sus ejemplos, pero quizá una de las que peor ha sido tratada por desconocimiento y por la posterior propaganda de sus vencedores fue Cartago. Una ciudad que fue fundada antes que la propia Roma y que dominó las aguas del Mediterráneo occidental durante siglos.
Como toda ciudad importante que se precie, Cartago tiene su propio mito de la fundación de su ciudad aparte de los hechos estrictamente históricos, así que vamos a tratar primero los datos conocidos y después dedicaremos unas líneas a la leyenda de la princesa Dido. El primer escollo lo encontramos en la fecha de su fundación, dependiendo las fuentes que se tomen en cuenta. Filisto de Siracusa, historiador del siglo IV a.c. data la fundación de Cartago justo después de la guerra de Troya por dos fenicios llamados Azoros y Karchedón, pero historiadores modernos desestiman esta posibilidad por dos razones, la primera es porque por aquella fecha los fenicios empezaban a fundar colonias en occidente y se sabe que Cartago fue fundada bastante tiempo después que Gades (Cádiz) o Útica, que se encontraba relativamente cerca de la ubicación posterior de Cartago. La segunda razón es que los nombres Azoros y Karchedón son variaciones de los nombres de Tiro y Cartago.
Ilustración del puerto de Cartago
Ilustración del puerto de Cartago
En el siglo III a.c., Timeo, otro historiador griego, es más preciso y fecha la fundación treinta y ocho años antes de la primera olimpiada, que nos da la fecha de 814 a.c. Esta teoría es la que vino aceptada por los historiadores posteriores en la república romana, siendo ratificada por Josefo que afirma que la fundación de la ciudad norteafricana tuvo lugar en el séptimo año de reinado de Pigmalión de Tiro, que si comparamos con la lista de reyes en Israel nos da el resultado situado en el último cuarto del siglo IX a.c. Con estas fechas, ya que de manera arqueológica es prácticamente imposible de asegurar, podemos decir que la fundación de Kart Hadtha (Cartago) se sitúa entre los años 825 y 814 a.c.
La finalidad de este nuevo asentamiento deja muchas dudas, ya que Cartago, aunque fue fundada en un marco privilegiado para el comercio fenicio, no presentaba una actividad comercial exhaustiva como por ejemplo su vecina Útica, por lo tanto ¿cuál fue la primera intención de esta urbe? pues aunque parezca mentira la podemos deducir en la leyenda de Dido, que puede tener más de historia real de lo que pueda parecer en un primer momento y le debemos su conservación y difusión a Justino, cronista e historiador romano.
Muto, el rey de Tiro había muerto dejando dos hijos, Pigmailón y Elisa. Pigmalión era el legítimo heredero pero todavía muy joven para gobernar, lo lógico es que su hermana se hubiese erigido como regente hasta que Pigmalión cumpliera la mayoría de edad, pero por problemas que desconocemos parece ser que la oligarquía de Tiro apartó a la princesa de todo gobierno por alguna razón, no sabemos si justificada o no. Elisa por supuesto, no quería se relegada a un segundo plano y en lo que fue una maniobra para recuperar poder se casó con su propio tío, Acerbas, que era sumo sacerdote de Melkart, algo parecido a ser Pontifex Máximum pero con la particularidad de ser el segundo en poder después del propio rey. 
Así pues aunque no fuera la legítima soberana, su nuevo marido podría reclamar el trono en un momento dado. Pigmalión tenía muy claro lo que hacer, deshacerse de su tío-cuñado sin demora y estrechar el cerco sobre su hermana y los seguidores que se le habían unido cuando se desposó. Tras un tiempo de engañosa quietud, Elisa se percató que tarde o temprano su hermano encontraría una excusa para deshacerse de ella, sería mejor poner tierra o mejor dicho mar de por medio.
Viaje de la princesa Elisa/Dido
Viaje de la princesa Elisa/Dido
La oligarquía mercantil estaba con Elisa, ya que el rey Pigmalión daba preferencia en el poder (como es natural por otra parte) a los nobles y las familias de estos que copaban los puestos más influyentes y a los que nunca accederían a no ser por matrimonios convenientes. En el más riguroso secreto se fletó una pequeña flota y navegaron hacía el oeste, primero se detuvieron en Chipre donde Elisa fue recibida con honores, además se llevó ochenta vírgenes de la isla para asegurar la descendencia de sus compañeros de viaje. Tras hacer una parada más en Creta llegaron a Útica, muy cerca del emplazamiento final de Cartago, a pocos kilómetros de la actual Túnez. A pesar de ser bien recibidos en la ciudad, Elisa y sus acompañantes oligarcas decidieron continuar hacia el sur para fundar una nueva ciudad antes que prosperar en una ya establecida y con cierto estatus como era Útica. Probablemente no lo hicieron porque no pudieron, si habían huido de Tiro que era la metrópolis, por muchas simpatías que tuvieran en las colonias, estas no podían arriesgarse a tener problemas con el poder central y sólo podrían ofrecer apoyo moral a los exiliados.
Conocida ya como Dido, Elisa eligió un emplazamiento ideal para su nuevo asentamiento, con una península que se adentraba en el mediterráneo rodeada de lagunas, era perfecto para construir un puerto y poder defenderse de ataques por tierra, además las llanuras cercanas servirían para crear riegos y cultivos que podrían abastecer a generaciones enteras.
En este punto es donde la leyenda toma de nuevo las riendas, Dido, al llegar al emplazamiento se encuentra con la oposición del rey Yarbas, que poseía el trono de Libia, éste la entregó una piel de toro y afirmó que le regalaría la extensión de tierra que cubriera dicha piel, el resto tendría que pagarlo. Dido cortó la piel en tiras finísimas y las puso una a continuación de otra cubriendo lo que sería la extensión original de la ciudad, Yarbas fascinado por la inteligencia y belleza de Dido la exhortó a que se casara con él bajo amenaza de guerra, pero Dido demostrando que era una matrona fenicia de pura cepa se apuñaló ella misma antes de tirarse a una pira ardiente. Quizás los supuestos sacrificios posteriores al dios Baal Hammon tuvieran origen en esta parte de la leyenda.
Encuentro entre Eneas y Dido de Sir Nathaniel Dance-Holland.
Encuentro entre Eneas y Dido de Sir Nathaniel Dance-Holland.
Pero también existe otra versión, la que nos dio Virgilio en la Eneida, más romántica y por supuesto más trágica. Cuando Eneas recala en Cartago huyendo de Troya, Dido le recibe y da cobijo a los refugiados, ella queda totalmente enamorada de Eneas y al parecer él la corresponde de igual manera. El tiempo pasa feliz entre los dos, pero Eneas sabe que tiene que partir y seguir los designios que le ha profetizado el mismísimo Júpiter: fundar una ciudad en el Lacio italiano. Una noche embarca y parte sin decir nada a su amada, Dido viéndole marchar grita desesperada, es tal el dolor que siente que al amanecer y en otra pira ( el fuego en la antigüedad significaba para muchas culturas purificación o renovación) maldijo al troyano y a toda su descendencia, también apeló a los dioses para que un día uno de sus descendientes fuera su vengador y llevase a cabo su profecía, al terminar de clamar al cielo se clavó la espada su amado y cayó a las llamas.
Una leyenda que marcó el pistoletazo de salida para una de las culturas más influyentes de la antigüedad, nuestro territorio fue influido por su mano y grandes personajes cartagineses pasaron por aquí enriqueciendo nuestra cultura y abriéndola a nuevas posibilidades. Siglos después Roma y Cartago se enfrentaron hasta la muerte para dilucidar quién era la potencia que gobernaría el Mediterráneo. Todos sabemos cuál fue el resultado, pero la maldición de Dido quizás tuvo algo de fuerza en la figura del hombre que casi derrota a Roma, Aníbal, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.
BIBLIOGRAFIA Y FUENTES:
Carlos G.Wagner, Jaime Alvar, José María Blazquez. Fenicios y cartagineses en el Mediterráneo.
Sabatino Moscati, Cartagineses.
http://historiaoleyenda.com/cartago-la-leyenda-de-dido/ 
http://arquehistoria.com/dido-la-reina-de-cartago-que-se-quito-la-vida-14931
https://seguicollar.files.wordpress.com/2007/08/didoeneasguerin.jpg
http://www.mujeresenlahistoria.com/2012/08/la-reina-de-cartago-dido-siglo-ix-ac.html
http://entreclasicosymodernos.blogspot.com.es/2011/10/dido-y-eneas_18.html
http://sobreleyendas.com/2008/05/02/el-mudo-lamento-de-dido/


lunes, 6 de marzo de 2017

LOS VIKINGOS EN INGLATERRA




Durante doscientos cincuenta años, los vikingos fueron protagonistas de la historia de Inglaterra, primero como saqueadores de ciudades, más tarde como jefes guerreros que litigaron con la casa real sajona por el dominio de la isla, y finalmente como reyes de los ingleses.
A finales del siglo VIII, mientras Carlomagno creaba un inmenso imperio en el continente europeo, Inglaterra se hallaba dividida en siete reinos surgidos de sajones, anglos y jutos, los pueblos que habían invadido Gran Bretaña cuando declinaba el Imperio romano. De todos ellos sobresalía el florecientre reino sajón de Wessex, hasta el punto de que sus monarcas se creían soberanos de los ingleses. Sus reyes avanzaron hacia el norte, ocupando incluso el reino anglo de Northumbria, cuyos habitantes «lloraban por su libertad perdida» convencidos de que para ellos había acabado la historia. Pero no fue así.


En 787, según la Crónica anglosajona, atracaron tres naves en la costa de Wessex y de ellas salió un grupo de hombres aguerridos procedente del otro lado del mar del Norte. Los llamaron wicingas, «ladrones del mar», es decir, vikingos, un nombre que los identificaba perfectamente ya que se dedicaban al pillaje y el saqueo en medio de crueles rituales. Regresaron cinco años más tarde, en 793, pero ahora a la costa de Northumbria, donde saquearon el prestigioso monasterio de Lindisfarne, y un año después hicieron lo mismo con el de Jarrow. En la década de 870, la mayor parte de Inglaterra al norte del Támesis ya estaba sujeta a los vikingos. Pero aún no habían sucedido los acontecimientos más memorables de esta historia.
Éstos comenzaron en el invierno de 878, cuando los vikingos se internaron por fin en el reino de Wessex, una decisión que obligó al rey sajón Alfredo a huir a una ciénaga. Fue un momento crítico, en el que Wessex estuvo al borde del colapso. El reino perduró gracias a la inteligencia política y militar del rey, que mil años después le valdría la admiración de Voltaire: «No creo que haya habido nunca en el mundo un hombre más digno de respeto de la posteridad que Alfredo el Grande». El monarca expulsó a los vikingos de sus tierras y fundó ciudades a las que rodeó de fortificaciones, así como mercados a fin de cobrar impuestos que sirvieran para mantener un ejército permanente y evitar, así, la sorpresa de un ataque de los terribles «ladrones del mar». Las refriegas eran continuas, habida cuenta de la fuerte instalación de los vikingos en la costa de Northumberland y la facilidad de navegación desde su bases en el continente. Se sucedieron años de saqueos y de pactos, y los descendientes de Alfredo tuvieron que elegir entre la diplomacia o la guerra.



En 937, el rey Atelstan, nieto de Alfredo, optó por jugarse el reino en la batalla de Brunanburh, con resultado inicialmente incierto, pero que a la postre fue un triunfo que consolidó a los miembros de la dinastía sajona de Wessex como los verdaderos reyes de los ingleses. Fue tal la resonancia de su triunfo sobre los hombres del norte que los reinos continentales lo tuvieron como ejemplo a la hora de contener el empuje vikingo en sus tierras. Lo hizo, sobre todo, el duque de Sajonia Otón el Grande, que con el tiempo se ceñiría la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. En 929, Otón se casó con Edith, hermana de Atelstan, para fortalecer los lazos con la emergente Corona inglesa.
Desde su privilegiada posición, Edith contribuyó a la estrategia política de su marido instándole a fundar el gran monasterio de Magdeburgo, clave de la expansión alemana hacia el este. Pero también siguió de cerca la política de su hermano Atelstan de fundar la ciudad fronteriza de Exeter para consolidar su dominio sobre el país de Cornualles y el suroeste de Gran Bretaña. En 938, Atelstan se hizo coronar rey en la ciudad de Bath, un lugar famoso por sus reliquias de santos de época romana, con el deseo de competir –sin lograrlo, naturalmente– con la brillante aureola de Roma. Convenció a algunos príncipes de dinastías célticas para que llevaran su manto río abajo en una ceremonia que vista de cerca era más tosca de lo que el rey de los ingleses había esperado.
Desde luego, Wessex era un reino compacto y Atelstan el rey más poderoso de su tiempo, aunque había señales de alarma en el horizonte. Por un lado, crecía una fuerte tensión en el seno de la casa real, entre los herederos al trono; por otro lado, persistía la siempre inquietante presencia de los vikingos en la frontera septentrional. Ambas circunstancias convergieron cuando falleció el rey Edgar, nieto de Atelstan, en el año 975. Cuando se reunió el Witan, la asamblea de hombres sabios más importantes del reino para elegir al heredero del difunto Edgar, tuvo que escoger entre dos personajes de temperamento muy diferente. El primero, Eduardo,hijo de la primera esposa del soberano, era un adolescente despiadado e inestable, cuya candidatura creaba todo tipo de resistencias. El segundo candidato, Etelredo, era hijo de Elfrida, la segunda esposa del monarca y la mujer más poderosa y ambiciosa del reino. Etelredo contaba con muchas credenciales para ser coronado, salvo una: la edad. Tenía siete años. Como era de esperar, el Witan se decantó por Eduardo. Elfrida se retiró resentida, y desde entonces comenzó a respirarse una atmósfera de guerra civil. En 978, el rey Eduardo se marchó a la costa para cazar. Allí fue rodeado por hombres armados que acabaron con su vida. Fue un escándalo porque por primera vez en la tradición sajona se asesinaba a un rey ungido, lo que llevó la inestabilidad al reino.
La ocasión fue aprovechada por Elfrida para elevar a su hijo Etelredo al trono. Éste pronto fue sospechoso de asesinato, y, lo que era más grave, la inestabilidad hizo crecer la sensación de que en poco tiempo podrían volver los vikingos con sus terribles saqueos de ciudades y aldeas. No era una exageración, ya que en la vecina Northumbria, donde numerosos aristócratas eran escandinavos, se difundían constantes rumores sobre una inminente invasión de los reinos sajones.




La diplomacia intervino para retrasar lo inevitable. Se gastaron grandes sumas en sobornar a los vikingos para que no atravesasen las fronteras; se prefería pagar ese «rescate» a soportar sus incursiones, que eran incluso más gravosas económicamente y resultaban más terribles para la población. Fue entonces cuando apareció en escena el terrible Olaf Trygvasson, apodado Cracabnbe, «Hueso de Cuervo», un noruego con excelente olfato para el pillaje, que en poco tiempo dominó las rutas de navegación inglesas con una pericia fuera de lo común. A comienzos de la década de 990, la fama de Trygvasson era tal que muchos jefes vikingos se unieron a sus expediciones por las costas de Kent y Essex. En cierta ocasión se reunieron más de noventa barcos, saqueando y prendiendo fuego a todo lo que salía a su paso. Fue entonces cuando tuvo lugar la batalla de Maldon, el hecho de armas más importante en Inglaterra en el primer milenio de la era cristiana. En agosto de 991, Trygvasson acampó junto la isla de Maldon, al norte del estuario del Támesis, no lejos de la actual Londres. Allí acudieron los sajones y le retaron a cruzar desde su campamento a tierra firme. Frente a Trygvasson estaba el conde Britnoth, un sajón elegante de cabello rubio, con un pequeño séquito de guardaespaldas cubiertos de hierro. La batalla fue encarnizada y sangrienta, al final de la jornada los sajones huyeron dejando el cadáver del valiente Britnoth, que se había negado a abandonar el lugar. La derrota no dejó a Etelredo más opción que pagar a Olaf un fuerte tributo de diez mil libras, el precedente de otros muchos tributos convertidos en impuestos ordinarios que pasaron a llamarse danegeld.
En 994, el codicioso Trygvasson regresó a por más tributos, atacó Londres y asoló los territorios adyacentes. De nuevo se le pagó para comprar su retirada, lo que generó el sobrenombre de Etelredo, un soberano apocado y cobarde al que comenzaron a llamar Unroed, «el desaconsejado». La ironía era clara: no había reino en Europa que recaudara más dinero que Wessex, pero Etelredo lo debilitó cada vez más al no tener ningún plan para frenar las ambiciones vikingas salvo el pago de rescates permanentes.


Olaf no se contuvo a la hora de exprimir el reino, y la gente comenzó a creer que los ataques de sus huestes eran un presagio de que el final del mundo estaba cerca. A pesar de que el influyente y culto obispo Wulfstan de Londres afirmó que «nadie sabe ni el día ni la hora» del fin de los tiempos, el pueblo estaba cada vez más convencido de que la espada flamígera de los jinetes del Apocalipsis tenía la forma de espada vikinga. En un significativo episodio, los vikingos quemaron una iglesia en Oxford con todos los feligreses dentro; habían acudido allí a refugiarse con la esperanza de que Dios les librara de la muerte. Se produjo un respiro cuando Trygvasson marchó a Noruega con el deseo de ser coronado rey de aquella tierra. Pero el vacío de poder que dejó en Gran Bretaña pronto fue ocupado por un jefe tan frío y calculador como él, aunque más cruel. Era danés, se llamaba Sven y llevaba el apelativo de «Barba de Horquilla». Sin embargo, tras una primera etapa dedicada al saqueo, Sven cambió de estrategia y decidió apoyar a la casa real sajona con la intención cada vez menos oculta de crear un reino danés en Gran Bretaña. Al final consiguió aislar a Etelredo.
Éste envió a su esposa, la culta e influyente Emma, a Normandía, y él languideció en una especie de exilio interior. A su muerte, en 1016, los vikingos se hicieron con el trono gracias a la habilidad de su nuevo jefe, Canuto el Grande, hijo de Sven. Su primer gesto fue contraer matrimonio con la reina viuda Emma y buscar su apoyo en un proyecto político que terminó por convertir a sus sucesores en reyes de los ingleses, poniendo un broche de oro a la historia de los vikingos en Inglaterra.

http://www.historiainglaterra.com/Los-vikingos-y-la-historia-de-Gran-Bretana.aspx
https://es.wikipedia.org/wiki/Inglaterra_anglosajona
http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/7765/los_vikingos_inglaterra.html
http://www.mentenjambre.com/2012/12/sajones-vikingos-y-normandos.html
http://www.ab-initio.es/wp-content/uploads/2014/10/02-VIKINGOS.pdf

domingo, 5 de marzo de 2017

EL COSTUMBRISMO LITERARIO ESPAÑOL EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII


El costumbrismo es una modalidad literaria que se interesa por la descripción de los tipos y costumbres de la sociedad. Linda con el realismo, aunque el autor costumbrista prefiere pintar los ambientes populares y típicos. Se expresa en prosa, pero en ocasiones utiliza el verso, en especial el romance narrativo. Estos mismos temas atraen en ocasiones a la literatura dramática como observamos en la comedia de figurón, en la zarzuela realista y en determinados géneros breves entre los que destacan el jocoso entremés y el sainete dieciochesco. La narración en prosa es, sin embargo, su forma de discurso habitual, adaptándose a estructuras formales que van variando con el tiempo. El relato costumbrista muestra casi siempre una intención moral: unas veces se llena de melancolía si observa la desaparición de las viejas costumbres españolas o surge su vena burlesca si las ve postergadas por otras extrañas, casi siempre desde puntos de vista conservadores y casticistas; otras, se impregnan de críticas sociales o morales que reconvienen los vicios, escritas desde la atalaya de sus propias convicciones ideológicas y éticas.

Aunque encontramos descripciones de costumbres aisladas desde la literatura medieval, el costumbrismo se configura como una fórmula autónoma en el siglo XVII. Aparece en esta centuria una abundante producción costumbrista, de variada temática, que tiene relación con géneros como la miscelánea y el ensayo. El cómico Agustín de Rojas Villandrando, considerado como uno de los mejores costumbristas de su tiempo, inaugura este género con El viaje entretenido , obra heterogénea tanto en la forma como en el contenido, que adopta el viaje como pretexto para integrar diversos elementos (poesías, anécdotas, costumbres...). Cristóbal Suárez de Figueroa escribió en diálogos su obra autobiográfica El pasajero , en la cual queda patente la vinculación que existe entre miscelánea (poesía, comedia, anécdotas, sermones) y costumbrismo. Siguiendo el artificio tópico del "alivio de caminantes" en un viaje, ensarta relatos, con descripciones de España y los españoles, a quienes enjuicia con severidad. Antonio Liñán y Verdugo compuso Guía y aviso de forasteros . En la conversación que mantienen cuatro personajes, intercala anécdotas sobre tipos pintorescos de la vida madrileña, cuyas tretas y picardías desenmascara, con la pretensión de que sirva de aviso a los incautos. Es un documento de primer orden sobre las costumbres y gente de la época.

El costumbrismo más original del siglo es el que intenta prescindir del componente novelístico. Juan de Zabaleta y Francisco Santos son sus principales representantes . El primero es autor de El día de fiesta por la mañana  y El día de fiesta por la tarde . En ambas obras, sin renunciar a la intención moral, nos presenta una excelente colección de cuadros costumbristas independientes unos de otros, que retratan las actividades de los españoles en un día festivo. Francisco Santos describe en Día y noche de Madrid  numerosos cuadros de la vida madrileña en la segunda mitad del XVII ligados por una leve fábula novelesca. El objetivo preferido por los narradores barrocos en sus descripciones es Madrid y sus habitantes. Profesiones, costumbres, acontecimientos públicos como romerías y festejos, desfilan por estas páginas con una gran colorido.
En el siglo XVIII se dan dos tipos de costumbrismo: uno es heredero del siglo anterior, mientras que la modalidad más novedosa es el costumbrismo crítico, conservador o progresista, testigo fiel de las reformas sociales que trajo la Ilustración.
El costumbrismo que continúa la tradición barroca pierde paulatinamente el tono moralista y sentencioso y se torna más festivo y pintoresco. El tema predominante será, durante los reinados de los primeros Borbones, la vida frívola de algunos cortesanos, aunque con el tiempo pasará a hacer comentario de determinadas conductas y tipos de la ciudad. En la misma línea de avisos de Liñán y Verdugo están las Recetas morales de Gómez Arias, los anónimos Sucesos trágicos de un pretendiente  y Arte de manejarse en la Corte , Falacias y engaños de la Corte de Luis Ignacio de Quirol, Diálogo entre económico y glotón  de Ángel de la Torre... La obra de Santos genera la pareja cortesano-paleto que pasea por la ciudad y comenta, desde su ignorancia o conocimiento, lo que observa en ella: Aventura en verso y prosa, del insigne poeta y su discreto compañero  de Antonio Muñoz, Carta del Marqués de la Villa de San Andrés de Hoyo Sotomayor, Madrid por dentro y el forastero instruido y desengañado de autor anónimo, Sátira de la vida madrileña  de Francisco de la Justicia, El instruido en la Corte y aventuras del extremeño ... Este costumbrismo evoluciona hacia el pintoresquismo al tiempo que se impregna de un tono sentimental. La descripción de la capital del reino es el motivo fundamental de algunas obras de la última década del siglo, como en Visita de las ferias de Madrid , Mis bagatelas o las ferias de Madrid , El café.
A finales del reinado de Fernando VI empieza a configurarse un nuevo modelo de sociedad con rasgos diferentes a la tradición española que ya desde comienzos del siglo había ido perdiendo algunas de sus señas tradicionales. Surge entonces un relato costumbrista crítico que reflejará la nueva ideología de la Ilustración. Así, un folleto clandestino titulado Virtud al uso y mística a la moda de Afán de Ribera critica las ceremonias trasnochadas y las falsas devociones de la religión católica.
Esta misma línea sigue el folleto el Bello gusto satírico-crítico de inscripciones del erudito Pedro de Estala donde se pasa revista de forma jocosa a los carteles o rótulos de la capital...
La máxima novedad del costumbrismo del Setecientos la encontramos en la prensa. Por vez primera aparecen artículos de costumbres, por lo general en periódicos ilustrados, a través de los cuales pretenden hacer un análisis reformista de la sociedad. No está, sin embargo, configurada todavía la fórmula romántica. Figura destacada del periodismo costumbrista es José Clavijo y Fajardo con El Pensador  donde se pintan críticamente tipos (mujer, petimetra, cortejo...) y costumbres (toros, teatro, tertulias, vestimenta). El publicista canario es un preclaro precedente del talante moral de Larra. Otros periódicos siguieron esta corriente: Diario noticioso, Diario Extranjero, Memorial Literario, El Censor, El Correo de Madrid...

El costumbrismo del XIX se emparenta, de modo tangencial, con el romanticismo y el realismo literarios. Los estudiosos han señalado varias causas para el nacimiento de este movimiento, que intenta pintar en cuadros o escenas una realidad española (matritense primero, de provincias después) y que participa más del tipo que de la individualidad y especificidad psicológica.
Con antecedentes remotos en el realismo de formas novelísticas como la picaresca, el surgimiento del costumbrismo se relaciona con dos hechos cruciales: la existencia de una sociedad en vías de transformación, donde las revueltas políticas, los desengaños y pasiones ciudadanas son abundantes (nos referimos a la época posterior a la invasión napoleónica); y el desarrollo del periódico, que permite transmitir de manera más directa que el ensayo, la novela epistolar o el discurso como modelos de exposición de ideas triunfantes en la centuria anterior, impresiones o ideas.

Su carácter de género independiente y autónomo queda subrayado por el hecho de que sus cultivadores tuvieron conciencia de escribir algo diferenciado de la novela. Mesonero Romanos, en su Panorama (a modo de manifiesto del género), lo definió por su rapidez, agilidad y cuidado estilístico. Los críticos han definido con posterioridad otros elementos formales y discursivos. En especial, la mediación que se produce entre el mensaje y el receptor a través de la figura de un narrador omnisciente (que se presenta por lo general escondido tras un seudónimo) a quien liga con el lector una complicidad, a modo de guiño, basada en la pertenencia a un mismo sistema de coordenadas culturales, espacio-temporales y morales.
La crítica también ha discutido, en el terreno del contenido, el grado de conformismo político e ideológico del género, que fluctúa desde la queja de Larra, al sosiego de Mesonero Romanos y el lirismo romántico de Estébanez Calderón. También se han señalado las diferencias entre el llamado género costumbrista y la novela de costumbres, que procura el análisis de conflictos sociales y humanos individualizados en los personajes, frente a la ausencia de caracteres del costumbrismo, en aras de la esquematización de la realidad y su abstracción en tipos.

Entre los autores y obras más representativos podemos citar a Larra (El Duende Satírico del Día,; Mesonero Romanos (Panorama, Mis ratos perdidos, Escenas matritenses); Estébanez Calderón (Cartas españolas, Escenas andaluzas), Sebastián Miñano y Bedoya (Lamentos políticos de un pobrecito holgazán), Antonio María Segovia, Santos López Pelegrín, Los españoles pintados por sí mismos (publicada por Boix en , Antonio de Trueba, Vicente Barrantes, Luis Taboada, Luis Mariano de Larra e Isidoro Fernández Flórez. A finales de la centuria, el género acabaría por desaparecer, aunque sus mejores exponentes ya se habían producido más de un tercio antes de su defunción definitiva.

Bibliografía

  • CORREA CALDERÓN, E.: Costumbristas españoles
  • ----: "Los costumbristas españoles del s. XIX", en Bulletin Hispanique, LI 
  • ESCOBAR, José: Los orígenes de Larra, Madrid
  • ----:"La mímesis costumbrista", en Romance Quarterly
  • ----: "Costumbrismo y novela", en Insula,
  • FONTANELLA, L.: "The Fashion and Styles of Spain's Costumbrismo", en Revista Canadiense de Estudios Hispánicos
  • MARUN, A.: Orígenes del costumbrismo ético-social
  • MONTESINOS, J. F. : Costumbrismo y novela. Ensayo sobre el redescubrimiento de la realidad española
  • VÁZQUEZ MARÍN, Juana: "Literatura costumbrista", en Historia literaria del siglo XVIII en España,
    http://www.enciclonet.com/articulo/costumbrismo/

lunes, 6 de febrero de 2017

LOS ACADIOS....SARGÓN FUNDA EN PRIMER IMPERIO DE LA HISTORIA


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La segunda mitad del tercer milenio fue una época de grandes cambios. Los pueblos indoeuropeos del oeste de Asia se desplazaron hacia el sur. Una tribu de grecohablantes ocupó el noreste de los Balcanes. Por aquel entonces los indoeuropeos ya conocían la agricultura, si bien se decantaban más por la ganadería. Sus armas eran de piedra, pues no conocían la metalurgia. En el sur de Grecia, la población nativa (no indoeuropea) hacía tiempo que comerciaba con el bronce, que obtenía principalmente de Chipre. Los pueblos semitas que habían invadido Mesopotamia cinco siglos antes empezaron a salir de su "edad oscura". La ciudad de Mari desarrolló una cultura mixta que conservaba su lengua semítica, pero, por ejemplo, adoraba a los dioses sumerios.
En Egipto se instauraba la V dinastía, que reinó desde el 2500 hasta el 2430 a. de C., cuando se instauró (obviamente) la VI dinastía. Al parecer, el monarca que sucedió a Menkure fue un sacerdote de Ra, lo que culminaba el ascenso político de este cuerpo sacerdotal. La construcción de pirámides entró en decadencia. Probablemente los egipcios decidieron invertir sus esfuerzos en cosas más útiles, como el refuerzo de sus ejércitos.
Mientras tanto, alrededor del 2425, los elamitas se unieron por primera vez bajo la dinastía de Awan. Siglos después pervivió una tradición según la cual esta ciudad había dominado Mesopotamia antes de la llegada de los sumerios. Puede ser cierto y puede ser que la leyenda se creara a partir de este periodo de esplendor. Por esta época, los elamitas ya habían adaptado la escritura sumeria a su propia lengua. 



Hacia el 2400 en Sumer destacó Eannatum, rey de la ciudad de Lagash, que al parecer derrotó a los ejércitos unidos de Uruk y de Ur. Como conmemoración de sus victorias, Eannatum erigió una serie de columnas de piedra o estelas con inscripciones e imágenes. La más famosa es la Estela de los buitres, en la que se ve una formación de soldados con cascos y lanzas avanzando sobre los cadáveres de los enemigos devorados por perros y buitres. Según las inscripciones, el ejército vencido era el de la ciudad de Umma, que provocó la guerra al quitar ciertas piedras que marcaban las fronteras. Naturalmente, no conocemos la versión de los vencidos. Lagash conservó su preeminencia durante algo más de un siglo. Llegó a dominar un territorio de unos 4.500 kilómetros cuadrados. Su último rey fue Urukagina, que ascendió al trono alrededor del año 2350. Por estas fechas los semitas crearon otro reino poderoso alrededor de la ciudad de Ebla, en Siria, cerca de Fenicia, que llegó a dominar muchas ciudades del norte de la media luna fértil, de Anatolia y de la Alta Mesopotamia. Otro tanto sucedió con la ciudad de Mari, que dominó muchas ciudades de su entorno, entre ellas Assur. 



Volviendo a Lagash, parece ser que Urukagina fue un rey ilustrado, que trató de impulsar reformas sociales para reducir el excesivo poder de los sacerdotes en beneficio del pueblo. Sin embargo, los sacerdotes podían llegar a tener más poder que el rey sobre un pueblo temeroso de los dioses. Lagash se debilitó por sus convulsiones internas y Umma encontró la ocasión de vengar su pasada derrota. A la sazón su rey era Lugalzagesi, que se apoderó de Ur, se proclamó rey de Uruk y, desde allí, en el año 2330 atacó Lagash y la saqueó. Pronto adquirió el control de todo Sumer.
Naturalmente, si conocemos todos estos detalles es porque a partir del año 2800 los sumerios empezaron a usar sistemáticamente la escritura con fines históricos y literarios (los egipcios harían otro tanto a partir del 2100). A los sumerios de siglos posteriores les debió de sorprender la ausencia de registros anteriores al 2800. Posiblemente no se les pasó por la imaginación que la causa fuera que antes se desconocía la escritura o, por lo menos, que ésta tenía un uso aún muy restringido, así que conjeturaron que ésa debía de ser la fecha del Diluvio Universal, una leyenda sobre una inmensa inundación que posiblemente era mucho más antigua. Los sumerios ubicaron todas sus leyendas en la época "antediluviana".
Según dichas leyendas, el mundo fue creado en siete días. El número siete se debe a que los astrónomos sumerios habían identificado siete cuerpos celestes, aparte de las estrellas: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno. Estos astros eran divinidades que influían sobre los hombres. El destino de una persona dependía fuertemente del astro dominante el día y la hora de su nacimiento. Cada día se nombraba según el astro que dominaba en su primera hora, y así surgió la división del tiempo en semanas de siete días.
Las listas de reyes sumerios fueron completadas con diez reyes antediluvianos, a los que atribuían reinados de decenas de miles de años. 


El último y más famoso de estos reyes fue Gilgamesh, rey de Uruk. Su leyenda se basa indudablemente en el Gilgamesh histórico que reinó hacia el 2700, pero el Gilgamesh legendario fue situado antes del Diluvio, como era preceptivo. Según la leyenda fue un héroe valiente que realizó hazañas increíbles. Tras la muerte de un amigo se puso a buscar el secreto de la vida eterna. Así pasó una larga serie de peripecias. Entre ellas sobrevivió al diluvio, causado por unos dioses enojados. Otro de los supervivientes fue Utnapishtim quien, favorecido por los dioses, construyó un barco en el que se salvó juntamente con su familia. Los dioses, sin hombres que les ofrecieran sacrificios, sintieron hambre, pero Utnapishtim, cuando el Diluvio hubo pasado, sacrificó animales en acción de gracias. Dice el poema:

Los dioses olieron su aroma, Los dioses olieron el dulce aroma, Como moscas, se agruparon sobre el sacrificio...
En agradecimiento, los dioses otorgaron a Utnapishtim el don de la inmortalidad. Se encontró con Gilgamesh y le indicó que debía buscar cierta planta mágica. La encontró, pero, cuando se disponía a comérsela, una serpiente se la robó (lo que explicaba la creencia antigua de que las serpientes rejuvenecen al cambiar de piel). 
Otra ciudad semita que había alcanzado cierto esplendor era Kish. Mientras Lugalzagesi reinaba en Uruk y ejercía su influencia sobre todo Sumer, el primer ministro del rey de Kish se las arregló para usurpar el trono, tras lo cual adoptó el nombre de Sargón, que significa "Rey legítimo". Su legitimidad no debía de estar tan clara, pues el nuevo rey prefirió trasladar la corte a una nueva capital fundada por él mismo y que no estuviese asociada a la monarquía anterior. Esta capital fue Agadé, o Acad, y desde entonces el rey fue conocido como Sargón de Acad. Alrededor del 2300 Sargón se enfrentó a Lugalzagesi y lo derrotó. Según sus inscripciones conmemorativas, esta victoria le dio el dominio de todo Sumer, pero parece ser que en realidad necesitó varias campañas más para lograr esta meta. En cualquier caso, Sargón acabó dominando una extensa región de Mesopotamia que incluía a todo Sumer y que fue conocida como el Imperio Acadio. Más aún, sometió al reino de Elam, dejándolo bajo el gobierno del rey de Susa, una de sus ciudades menos destacadas, que a partir de este momento empezó a ganar influencia.

                   

Sargón siguió combatiendo y sojuzgando ciudades del norte y del este, mientras la capital de Acad iba engrandeciéndose. Por ejemplo, la ciudad de Assur se había liberado recientemente del dominio de Mari, e instauró una monarquía propia, pero sus reyes se convirtieron en tributarios de Sargón. La propia Mari no tardaría en someterse también al yugo acadio. Por el contrario, Ebla estuvo a punto de derrotar a Sargón, quien, no obstante, logró rehacerse. Ebla conservó su independencia y se convirtió en un importante centro cultural que absorbió la cultura acadia (que a su vez había incorporado la cultura sumeria). En sus restos se han encontrado numerosas tablillas cuneiformes escritas en eblaíta con textos jurídicos, religiosos, diplomáticos, administrativos y económicos. Incluso se han encontrado diccionarios sumerio-eblaítas. Según los escritos acadios, Sargón llegó en sus campañas hasta la costa de Canaán. 



El Imperio Acadio fue el primer imperio histórico en el sentido de un pueblo que dominó militarmente a otros pueblos extranjeros. En este sentido, el Imperio Antiguo egipcio no era un imperio, sino una cultura homogénea que poblaba un territorio extenso. El gobierno de Sargón fue opresivo para los pueblos que sojuzgó. Los gobernantes sumerios del sur fueron sustituidos por guerreros brutales, lo que causó muchas revueltas que Sargón tuvo que sofocar. Por otra parte, Sargón instituyó el acadio como lengua oficial del imperio y debió de tomar medidas para fomentarlo pues, a pesar del prestigio que tenía el sumerio, terminó desplazándolo.
Indudablemente, la entrada de los acadios conquistadores en las ciudades de Sumer debió de generar una gran confusión, agravada por el hecho de que los recién llegados hablaban una lengua que casi nadie entendía. Tal vez las gentes más humildes, cuya visión del mundo se reducía a su entorno más inmediato, ni siquiera entendían por qué "de repente" habían aparecido hombres que hablaban una lengua tan extraña que ahora se veían coaccionados a aprender. Era natural pensar en un castigo de los dioses. Con el tiempo, cuando Sumer y Acad se borraron de la memoria de las gentes, pervivió la leyenda de que hubo un tiempo en que todos los hombres hablaban la misma lengua (o sea, el sumerio), pero que un día los dioses los castigaron y sembraron la confusión haciendo que hablaran dos lenguas distintas. Por otra parte, los zigurats eran ya monumentos del pasado y lo que la gente sabía de ellos es que habían sido construidos para acercarse al cielo. Esto era cierto: muchos pueblos con divinidades celestes eligen lugares elevados para estar más cerca de sus dioses al hacer sus sacrificios, y los zigurats fueron la peculiar forma que tuvieron los sumerios de plasmar esta idea. Sin embargo la gente encajó muy bien ambas historias: los antiguos construían torres cada vez más altas con la pretensión de alcanzar el cielo, pero los dioses se enojaron por este intento de "invasión" y lo evitaron sembrando la confusión: les hicieron hablar cientos de lenguas distintas, con lo que ya no podían trabajar conjuntamente y el proyecto fracasó. Los hombres se dispersaron según sus lenguas, y esta era la causa de que en el mundo hubiera tantos pueblos con tantas lenguas diferentes. Por una cuestión de coherencia esta leyenda tuvo que ubicarse después del Diluvio (los hablantes de lenguas extrañas no habían perecido), lo cual, por otra parte también encajaba en la historia: tal vez los antiguos querían llegar al cielo para salvarse en caso de que los dioses provocaran otro diluvio universal. 




Hacia el 2300 se inicia un periodo de esplendor en el valle del Indo. La llamada civilización del Indo fue extendiéndose hasta ocupar un territorio mayor que el actual Pakistán. Se construyeron grandes ciudades de ladrillo con casas rectangulares y calles de 8 metros de ancho, disponían de instalaciones sanitarias, almacenes, piscinas y un sistema de canales muy estudiado. Sus habitantes cultivaban el trigo y la cebada, y se han encontrado los restos más antiguos del cultivo del algodón. Disponían de una escritura reducida de 270 signos diferentes (cuyo significado se desconoce), que únicamente se han encontrado en sellos, por lo que debían de ser identificaciones de mercancías. Sorprende la ausencia de templos en las ciudades, si bien se han encontrado objetos de culto, tal vez antecedentes de la futura religión de la India. Tampoco había palacios, lo que suscita muchos interrogantes sobre el tipo de estructura social de esta cultura. Las capitales más importantes eran Harappa y Mohenjo-Daro. Se ignora si eran capitales de estados distintos o si formaban parte de un mismo imperio. Hay constancia de un intenso comercio marítimo con Sumer.

                     

Por esta época reinaba en Egipto el tercer rey de la VI dinastía, Pepi I, nativo de Menfis. Los nómadas del desierto de Libia empezaron a hostigar el país, pero fueron rechazados cinco veces por los ejércitos egipcios, dirigidos por un general llamado Uni. Este general consolidó también el dominio de Egipto sobre la península del Sinaí, rica en metales, e incluso supervisó expediciones a Nubia, al sur de la primera catarata del Nilo. El Imperio Antiguo alcanzó así su apogeo. Probablemente, Pepi I decidió que las relaciones comerciales que Egipto mantenía con Fenicia desde hacía mucho tiempo no eran satisfactorias: los cananeos pagaban poco por las exportaciones egipcias y cobraban mucho por sus productos. (Cuando dos personas negocian y una tiene a sus órdenes un ejército poderoso, es natural que llegue a esta conclusión.) Los fenicios fueron exhortados a pagar periódicamente un tributo al rey, pero algunas ciudades decidieron negarse. Como consecuencia, Uni dirigió una expedición contra Fenicia: una columna marchó por tierra y otra, transportada por mar, desembarcó hacia el sur de Biblos. El ejército derribó murallas, incendió ciudades, destruyó cosechas, se apoderó de toda clase de objetos valiosos y, sin duda, consiguió que las ciudades castigadas se comprometieran a pagar el tributo. 




Hacia el año 2280 muere Sargón de Acad. Inmediatamente, Sumer y los pueblos de los montes Zagros vieron en la muerte del rey una oportunidad para liberarse de la tiranía acadia y se rebelaron. Sin embargo, Sargón fue rápidamente sucedido por su hijo mayor Rimush, quien, con ayuda de su hermano Manishtusu, sofocó las revueltas. 



En 2272 el hijo de Pepi I subió al trono de Egipto con el nombre de Pepi II. Era sin duda un niño, pues su reinado duró noventa años, y es, al parecer, el más largo de la historia. 



En 2252 Naram-Sin, nieto de Sargón, ocupa el trono de Acad. Tras sofocar varias revueltas internas, Naram-Sin continuó la tradición imperial de su abuelo, reemprendiendo expediciones a tierras lejanas. En el 2200 destruyó el floreciente reino de Ebla. Para consolidar su autoridad se hizo proclamar dios, organizó un cuerpo de nobles-funcionarios que supervisaban o sustituían a los reyes locales e instaló colonias de acadios en las ciudades sospechosas de rebeldía. La cultura floreció en la corte de Acad. Los escribas acadios desarrollaron y superaron las tradiciones sumerias. Aunque el lenguaje de la cultura siguió siendo el Sumerio, los comerciantes y la administración hablaban acadio.
Mientras tanto, como es habitual, en los cielos se reproducían los acontecimientos de la tierra: Los dioses acadios se mezclaron con los sumerios. Es fácil distinguirlos porque tienen nombre semíticos. Además son todos dioses celestes, como corresponde a las culturas de pastores. Así,  Sin, dios de la luna, se convirtió en el dios principal de Ur (Naram-Sin significa "amado por Sin").
 Ishtar, identificada con el planeta Venus, diosa del amor y la belleza, se convirtió en la diosa principal de Uruk, desplazando el culto a Anu. Esto era aceptable, pues pronto se descubrió que Ishtar era hija de Anu. También estaba Shamash, dios del Sol, que no consiguió tanta notoriedad como sus compañeros. 

http://www.historialuniversal.com/2009/05/los-sumerios-imperio-mesopotamia-sargon.html
http://sobrehistoria.com/los-acadios-guia-de-estudio/
https://www.uv.es/ivorra/Historia/Historia_Antigua/IIImilenio_B.htm
https://myrozco.wordpress.com/los-sumerios/
http://sobrehistoria.com/los-acadios-gobierno-y-economia/