miércoles, 4 de marzo de 2020

POBLADORES PRERROMANOS,LOS VETONES Y LAS CUEVAS-SANTUARIO IBERICAS



Los Vetones (en latín vettones) eran los habitantes del occidente de la península ibérica. Estaban asentados entre los ríos Duero y Tajo, y su territorio se correspondería con las actuales provincias de Ávila, Salamanca, y parte de Cáceres, Toledo y Zamora, llegando incluso a la parte oriental de Portugal.





Dados los datos arqueológicos y epigráficos de los que se dispone resulta factible afirmar que estos pueblos (segun las fuentes clásicas) que han asimilado a la cultura vetona gozaban de un tipo de sociedad compleja en el que sin duda se daría un poblamiento jerarquizado manifestado por la desigualdad en el acceso y distribución de los recursos.
El elemento fundamental para determinar la estructura social de los Vetones es el estudio y análisis de las necrópolis en lo referente a la distribución de tumbas y ajuares. Se parte por tanto de que los ajuares y la localización y complejidad constructiva de los diferentes túmulos que conforman la necrópolis poseen una elevada carga social y simbólica que reflejan la distinción social y las relaciones de poder, para llegar a establecer una estructura piramidal que simularía la estructura social, basada en los grupos de edad y la capacidad para ejercer las actividades guerreras de acuerdo con la variedad de objetos presentes en los ajuares.
De este modo se ha determinado la presencia de tumbas de guerreros en las que predominan las armas y los arreos de caballo, tumbas de artesanos evidenciadas por la presencia de elementos de trabajo como punzones y diversas herramientas de hierro, tumbas de mujeres determinadas por la presencia de instrumentos destinados a las labores textiles y domesticas como la fusayolas y algunos escasos elementos de adorno personal y un gran número de tumbas sin ajuar de las que por lo tanto no se pueden extraer una actividad determinada dentro del poblado.

A partir de esta clasificación de los túmulos se puede organizar la estructura piramidal de los Vetones con marcadas diferencias de estatus que determinaría las relaciones de poder dentro de la sociedad vetona. En la cúspide de la pirámide se ubicarían las elites militares caracterizadas por los arreos y bocados de caballo así como las armas de lujo, lo que hace pensar en una supuesta clase gobernante ecuestre que pondría de relevancia la importancia simbólica del caballo presente también en otros objetos como fíbulas, grabados o cerámicas. En el siguiente escalón de la pirámide nos encontraríamos a la amplia masa de guerreros cuyas tumbas están caracterizadas por una panoplia más modesta sin armas lujosas ni elementos relacionados con el uso del caballo. Aun por debajo de los guerreros estarían los artesanos o especialistas como los metalúrgicos, los carpinteros, los alfareros… cuyas herramientas necesarias para el desarrollo de sus actividades no siempre se reflejan en los ajuares aunque la existencia de este grupo es necesaria dadas las características económicas del mundo vetton.
Los Vetones
guerreros en un altar de sacrificio
La presencia en algunos ajuares de herramientas y armas de manera combinada hace pensar en un posible artesano-guerrero a tiempo parcial cuya actividad dependería de las necesidades del momento. En la base de la pirámide de los Vetones nos encontraríamos al grupo más numeroso, relacionado con las tubas pobres sin ajuar, que tradicionalmente se ha asimilado a los individuos de carácter más humilde dedicados a las labores básicas del proceso productivo como la ganadería, el trabajo agrícola o la construcción del poblado y sus defensas. En el caso de las mujeres se diferencia una gradación de modo similar a la expuesta aunque en el caso de sus ajuares resulta más reseñable el estudio de los objetos de adorno más ricos o más pobres ya que el resto de elementos son los relacionados con las actividades domesticas mostrándose la existencia de una fuerte división sexual del trabajo siendo el hombre quien realizaba las tareas económicas más importantes, hecho que se reflejaría en el sistema de descendencia o de prestigio aunque no afectaría necesariamente a las relaciones monogamias que parecen probadas por la presencia de prácticamente el mismo número de hombres que de mujeres.
Los Vetones
guerrero tras ritual de sauna
Del estudio de la distribución de los túmulos dentro de las necrópolis resulta la identificación de agrupamientos específicos de tumbas separadas por aéreas estériles que presumiblemente dispondrían de rituales funerarios homogéneos y en cuyo interior existe un pequeño grupo de tumbas socialmente preeminentes. Estos datos arqueológicos han sido interpretados como el reflejo de un sistema de grupos familiares que determinarían una organización social basada en el régimen gentilicio, también demostrada por la presencia de inscripciones latinas ya tardías presentes en los valles de ríos como el Yeltes, el Duero o el Jerte que determinarían la presencia de diferentes grupos tribales o gens. De este modo los diferentes individuos se hallarían unidos por lazos de consanguinidad y relaciones de parentesco complejas diferenciadas de las presentes en la familia patriarcal romana. Algunas de las características de estos grupos gentilicios, determinadas por Morgan en su estudio de las tribus Iroquesas, son la obligación de no contraer matrimonio dentro de la gens, las obligaciones reciprocas de ayuda, defensa y desagravio de ofensa, los derechos naturales de herencia de tipo lineal y masculino, el derecho de adopción de extraños en la gens, la celebración de ceremonias religiosa comunes o la existencia de un cementerio común, entre otros factores que pueden ser observados en el estudio de las sociedades vettonas. En este punto cabe destacar la capacidad de un grupo familiar o gens de adoptar a extraños que adquirirían los derechos del grupo gentilicio que le acoge, esto es el Hospitium. Estos pactos de hospitalidad también eran aplicables a las aldeas, tratándose entonces de grupos aislados de individuos que eran aceptados por una comunidad, estos pactos solían ser ratificados por escrito mediante pequeñas planchas de bronce llamadas teseras en lengua celtibera, o latina ya en épocas tardías. Con la conquista romana y el proceso de romanización este concepto de hospitium se fue asimilando a la clientela romana, acentuándose los lazos de dependencia personal entre el cliente y el amo que llego a vincularse con conceptos religiosos de fidelidad dando lugar al debotio.
Siguiendo con el estudio de las necrópolis de los Vetones y complementándolo en esta ocasión con los análisis del poblamiento basado en la consideración de las estructuras de habitación las conclusiones obtenidas en materia de paleodemografia han arrojado una esperanza de vida media de unos 30 años y unas poblaciones de entre 160 y 250 habitantes por poblado, aunque concentraciones de población especialmente extensas como Ulaca han podido albergar a unos 1000 habitantes.
Los Vetones
 Castro de Ulaca
En cuanto a las instituciones políticas que regirían la vida diaria en el poblado cabe destacar la posible dualidad de poder entre una magistratura ordinaria de carácter civil y religioso y otra magistratura temporal y extraordinaria de tipo militar. Esta última se basaría en la elección por parte de la asamblea o el consejo de caudillos militares por criterios de valor, elocuencia o pericia personal que las fuentes clásicas han denominado como Hegoumenos. En el caso de la primera magistratura se conjetura con la elección de un rey o autoridad civil elegido por las familias aristocráticas que ostentaría el poder civil y posiblemente religioso de por vida.
Para finalizar este apartado cabe destacar que la sociedad vetona no fue estática a lo largo de toda su historia sino que sufrió un proceso de evolución acentuado por el contacto con las civilizaciones mediterráneas que llevó desde la organización en unidades familiares extensas al surgimiento de instituciones políticas complejas como cabe observar en el proceso de evolución desde el estatus guerrero de las clases dominantes ecuestres (ajuares con armas que muestran prestigio) al estatus de tipo económico (ajuares con joyas y tesoros) predominante en el ámbito urbano.

Corre el siglo II a.C. El final de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), además de estar marcando el declive de Cartago frente a Roma, esta determinando el inicio del paulatino proceso de romanización de los pueblos iberos en la Península. Este imparable proceso ira poco a poco trasformando las estructuras sociales del mundo ibérico, pero también sus esquemas mentales. Lo que incluye su faceta quizás mas personal, como es el mundo de las ideas, sus dioses y esquemas religiosos.
Las Cuevas-Santuario ibéricas ante la llegada de Roma
Poco se sabe de la religion ibérica (Moneo, 2003).Conocemos alguno de los nombres de sus deidades mas importantes como Endovelicus o Ataecina vinculadas especialmente al suroeste peninsular. Por haber hallado advocaciones a estos en los restos epigráficos localizados en algunas aras del área mencionada. Así como la mas que probable presencia en este desconocido panteón, de una gran deidad femenina vinculada a los ciclos naturales, que los historiadores venimos denominando con carácter general como Gran Diosa Madre. Conocemos también la practica habitual de inclusión en las zonas cercanas a los poblados de santuarios urbanos. Pero de las múltiples facetas cultuales del mundo ibérico quizás la mas desconocida sean las cuevas santuario.
Estos "loca sacra libera" conviven con los santuarios urbanos. Constatando su uso desde el s. VI a.C. hasta su desaparición con la paulatina romanización que conlleva la monumentalización de los espacios sagrados circa en s.I a.C. Se trata de cuevas y especialmente abrigos naturales inhabilitados a priori para su uso habitacional en los que la cantidad y/o calidad de los materiales nos revela un uso cultual de los mismos. Especialmente conocido es el santuario rupestre de la Cueva de la Lobera (Castellar de Santiesteban, Jaén) donde desde la década de los años 50 del siglo pasado se vienen localizando múltiples exvotos antropomorfos realizados generalmente en bronce.
Las Cuevas-Santuario ibéricas ante la llegada de Roma

Estos santuarios rupestres presentan una serie de características comunes: Están situados en enclaves de difícil acceso, comúnmente sobre barrancos. Normalmente con un solo punto de entrada. Constituyen hitos referenciales en el paisaje. Vinculados a las rutas de comunicación. Contienen o están relacionados con afloramientos de agua, presentando a menudo piletas naturales o modificadas donde se recoge esta. Y muestran en su espacio una gran cantidad de cerámica fragmentada, así como ofrendas de diversa índole.
Las Cuevas-Santuario ibéricas ante la llegada de Roma

Nuestros estudios nos llevan a la conclusión de que estamos ante una de las muestras de religiosidad mas antigua del mundo íbero. Probablemente recogiendo esquemas previos fenicio-púnicos, pero que hundiría sus raíces en manifestaciones mágico-religiosas prehistóricas.
Presentamos una brevísima aproximación a la comprensión de estos espacios sagrados poco conocidos. A raíz de los resultados obtenidos de la primera excavación arqueológica de uno de estos santuarios rupestres, La Nariz (Moratalla, Murcia). Ubicada en una posición de privilegio, dominando el extenso valle de San Juan a sus pies. Se trata de un gran abrigo con una morfología marcadamente antropomorfa, situado sobre un gran cortado, en el paraje conocido como Salchite.
Su excavación además de valiosas informaciones objeto de futuras publicaciones, nos reveló un primer dato de extrema importancia; su exacta cronología. El yacimiento conocido desde la década de los 70 (Lillo, 1981) "nunca había sido intervenido arqueológicamente, posiblemente por la dificultad de su excavación que tuvimos que realizar sujetos mediante útiles de escalada". La cronología que aportaron sus materiales revelaron un abanico del s. IV a.C. al primer cuarto del s. I a.C. Con un uso pleno en el s.II a.C. El ejemplo paradigmático al que aludíamos en líneas anteriores de La Lobera se enclava grosso modo del VI al IV a.C. Por lo que podíamos atender a la lectura de los últimos usos cultuales de estas cuevas propiamente ibéricas antes de su desaparición con la progresiva asimilación de los cultos romanos.
La lectura nos revela de forma muy general que el santuario rupestre de La Nariz se constituye como un santuario extraurbano, alejado una media de 20 km. de los enclaves ibéricos que lo rodean El Macalón (Nérpio, Albacete) y Molinicos (Moratalla, Murcia). Prácticamente equidistante de estos y en el paso natural que constituiría la vía de comunicación entre las zonas de influencia de ambos. A el según la cantidad de materiales acudirán las gentes en lo que constituiría una versión de las actuales romerías. Posiblemente en días determinados según los estudios por los ciclos naturales. En la cavidad se procedía al culto que incluye libaciones de las aguas de la cueva así como comidas comunales, transcurridas las cuales se llevaba a cabo la destrucción intencional de la cerámica utilizada. El ritual o uso cultural del santuario incluía, así mismo la colocación de ofrendas. En este siglo II a.C. el carácter de estas ha cambiado respecto a los característicos exvotos de siglos anteriores. Ahora las ofrendas presentan un carácter mas simple y personal. Estando integradas por pequeños objetos de adorno, algunos de carácter perecedero y especialmente importante según nuestra lectura; objetos cotidianos de carácter femenino.
Las Cuevas-Santuario ibéricas ante la llegada de Roma

Con este sentido femenino se entiende la anónima deidad con la podría estar vinculado el santuario rupestre. La extraordinaria iconografía del fragmento cerámico 28-110-0-1 proveniente de La Nariz y conocido como la “Diosa de Salchite”. Esta haciendo referencia a una Potnia Theron o “Señora de los Animales”. La interpretación apunta que en este s. II a.C. el pueblo íbero que utilizaba el santuario representaba a su deidad asumiendo en ella características importadas del mundo fenicio-púnico como puede ser el carácter alado de la representación o la presencia de la conífera y su carácter inmortal. En referencia a los ciclos de muerte y renacimiento natural, que también se detecta en el hecho de que la deidad parezca surgir o elevarse sobre las llamas del morillo que aparece a sus pies. Atributos heredados de Tanit-Astarté. Pero también características de la Artemis Efesia traída por los Focenses como muestra el contexto iconográfico de la diosa con los brazos abiertos rodeada por el mundo animal y flanqueada por columnas.

La ausencia de material en el santuario rupestre de La Nariz, posterior al primer cuarto del s. I a.C. nos indica que su uso desaparece en este momento. El proceso de romanización del pueblo íbero ya es imparable. Los antiguos dioses y cultos comienzan a diluirse en las brumas del tiempo, asimilados por las nuevas deidades que acompañan a las legiones romanas.



lunes, 2 de marzo de 2020

CARTAGO,LA CIUDAD QUE SE MIRÓ EN EL ESPEJO DE ROMA


Fundada por mercaderes fenicios hace casi tres mil años, Cartago llegó a ser una potencia capaz de disputar a Roma la hegemonía del Mediterráneo… hasta que los legionarios de Escipión la arrasaron. Siglos mas tarde, con Adriano, llegaría a ser la segunda ciudad más importante del Imperio, después de Roma. Tras pasar por numerosos períodos de decadencia y resurgimiento, su soberbio emplazamiento sobre el golfo de Túnez y su clima sin par la han convertido en la actualidad en una ciudad jardín que muestra orgullosa al mundo las ruinas de su glorioso pasado.
En torno al año 500 a.C., se produjo el ataque de los tartesios a Gades, colonia fenicia fundada en el siglo VIII a.C., apoderándose de la ciudad y dejando a los fenicios únicamente la ciudadela de la isla de San Sebastián . Asimismo, es muy posible que, a la vez que el ataque a Gades, se produjeran otros a las demás colonias y establecimientos fenicios.
Los cartagineses acudieron en auxilio de los atacados, hasta expulsar a los tartesios, iniciándose a partir de estas fechas la colonización púnica de la Península, no siempre hecha “manu militari”, por lo que no tuvo nada de rápida, a la vez que poco intensa. Durante un amplio período de tiempo, la colonización debió limitarse a la explotación de las minas del Sudeste peninsular y al reclutamiento masivo de mercenarios.
Las tensiones entre griegos y cartagineses, que se disputaban el Mediterráneo Occidental, desembocaron entre el 493 y 490 a.C. en una auténtica situación de guerra,  que culminó con un enfrentamiento naval en aguas de Artemisión (Denia) con victoria de los primeros. Todos los textos y hallazgos arqueológicos confirman que, a partir de esta batalla, reinó en Iberia un “statu quo” que facilitaba  las relaciones de los colonizadores entre sí, y también con los colonizados.
Esta poco firme presencia cartaginesa en nuestra Península, se vio aún más debilitada como consecuencia de un nuevo enfrentamiento con los griegos marselleses en el año 340 a.C., adverso también para las armas cartaginesas. La decadencia de la dominación púnica en Iberia se prolongó largo tiempo, y no fue hasta después de su derrota frente a Roma en la I GP, que su interés por nuestras tierras, se despertó de nuevo.



Por antigüedad hay que remontarse a la Cartago fenicia, fundada en el año 814 antes de Cristo por mercaderes procedentes de Tiro, en el Líbano actual, para consolidar sus rutas comerciales en el Mediterráneo. El alma de Cartago siempre fue la colina de Birsa, dominando el mar, donde se levantaba el templo al dios Eschmoun. Las casas descendían por las laderas hasta el puerto y todo el perímetro de la ciudad estaba defendido por una muralla de 34 kilómetros. Hoy sólo quedan ruinas de la época púnica (fenicia) en lo alto de la colina.



Quizá lo más extraordinario de la época fenicia fueran los llamados puertos Púnicos, uno mercante y otro militar, ambos comunicados por un canal. Mientras el puerto mercante estaba jalonado de almacenes y tenía acceso directo al mar, el puerto militar se hallaba encerrado por una imponente edificación circular y una especie de isla artificial techada en el centro, donde se escondían y reparaban cientos de navíos de guerra, que quedaban así ocultos a la vista del enemigo. En lo que era la isla central, los romanos construyeron posteriormente un templo y en la actualidad hay un pequeño museo, donde se exhibe la maqueta que aparece en la imagen.


En la época romana, Adriano convirtió a Cartago en una urbe de casi medio millón de habitantes, que competía con Roma y Alejandría. De esa época, quedan en Cartago numerosas ruinas como las termas de Antonino o el Anfiteatro, aunque ninguna tan importante como el llamado Templo de las Aguas, en Zaghouan, un hontanar de donde se obtenía el agua para abastecer la ciudad por medio de un acueducto de 132 kilómetros, muchos de cuyos tramos aún se encuentran en pie.


Restos del antiguo acueducto Zaghouan

Los cartagineses descubrieron que los acantilados del lejano Cabo Bon estaban compuestos de una maleable y colorida piedra arenisca, de donde extrajeron sin desmayo grandes bloques que transportaban por mar para la construcción de Cartago. Siglos más tarde, los romanos siguieron explotando las canteras e incluso llegaron a extraer de aquí toda la piedra empleada en la construcción del Coliseo romano. Como quiera que la mejor piedra era la de la base, la explotación incluía sofisticadas técnicas mineras con pozos verticales, que en la actualidad sólo pueden verse en una maqueta, ya que, por seguridad, están cerrados al público.


Las ruinas de Kerkouane, una misteriosa ciudad púnica que data del siglo VI antes de Cristo y no fue descubierta hasta 1952, arrojan una gran luz sobre el estilo de vida de la época fenicia, la organización de sus ciudades y de sus hogares. No se han encontrado cultivos de ningún tipo en los alrededores, pero si muchas evidencias de que sus habitantes eran orfebres y canteros. Es muy probable, dada su proximidad a las canteras de El Haouaria, que fuese el lugar donde se tallaba la piedra antes de ser enviada a su destino final. Por su antigüedad, extraordinaria situación encima del mar y estado de conservación, las ruinas de Kerkouane han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad.


A pesar de sus numerosas destrucciones, Cartago siempre ha sabido reinventarse. La legendaria ciudad es hoy un auténtico oasis, un vergel, un paraíso entre cipreses y buganvillas que se asoma a las aguas azules del Golfo de Túnez. Muchos tunecinos pudientes y no pocos extranjeros han establecido aquí su residencia. Próxima a la capital y al aeropuerto internacional y bendecida por un clima privilegiado, Cartago es hoy una especie de ciudad residencial de lujo que se extiende con naturalidad sobre las ruinas de su glorioso pasado. Otro lujo. Uno de los pueblecitos costeros próximas a Cartago, Sidi Bou Saïd, que lleva el nombre de un famoso santo sufi del siglo XIII, comparte con la antigua capital púnica el favor de las nuevas elites tunecinas y de muchos visitantes europeos. Aquí tienen su residencia la mayoría de los embajadores acreditados en el país y personajes como Bettino Craxi lo eligieron también para su retiro dorado. Sin embargo, conserva un aire popular en sus calles empedradas, empinadas y peatonales. Todas sus casas aparecen rigurosamente encaladas, con la carpintería (puertas, ventanas, balcones…)  de un intenso color azul que recuerda de inmediato a los pueblos de Lanzarote, pero con un inconfundible toque bereber: callejones estrechos, escaleras, puertas de ensueño…


Y para terminar, no se puede dejar de mencionar el Museo Nacional del Bardo, escenario de un dramático atentado terrorista no hace tanto. Es el gran museo de Túnez, capital. La mayoría de los objetos y mosaicos que se exhiben allí proceden de Cartago o de barcos hundidos en sus proximidades. Hay auténticas joyas, aunque tal vez ninguna como la extraordinaria colección de mosaicos de todo tipo, maravillosas obras de arte representando las más variadas escenas de la vida cotidiana de la época. Estas obras maestras están formadas por pequeñas piezas que, como si de un rompecabezas se tratara, componen imágenes bellísimas. No hay pintura, todo el color se obtiene de los diferentes tonos de piedra empleados por los artistas y, por lo tanto, no se desvanece jamás. Lo más interesante es que constituyen un documento vivo de las costumbres de la Cartago romana.



jueves, 27 de febrero de 2020

LOS CINCO AÑOS DE PRISION QUE INSPIRARON A CERVANTES

 

En la ciudad de Argel,el 19 de septiembre de 1580 es liberado Miguel de Cervantes,tras cinco años de cautiverio en manos de los corsarios,merced al pago de un rescate y a la mediación de lo Padres Trinitarios....
De no haber estado cautivo en Argel, quizá nunca hubiera escrito "El Quijote". Allí Cervantes convivió con gentes de toda raza y condición. No le degollaron porque era valioso: llevaba las cartas de recomendación que recibió tras la batalla de Lepanto, y eso elevaba a 500 escudos el rescate que pagó su familia por él. El periodista recorre los lugares donde estuvo y entra en la cueva en la que se ocultó en una de sus fugas.
El 26 de septiembre de 1575, Miguel de Cervantes viaja junto a su hermano Rodrigo camino de España en la galera Sol tras seis años de servicio en el Ejército. A medio camino, el barco es asaltado por una flota corsaria, mandada por el turco Arnaute Mami. Es conducido a Argel y adjudicado en condición de esclavo a un corsario menor, Dali Mami. Lleva consigo cartas de recomendación que Don Juan de Austria le brindó por su valeroso comportamiento en Lepanto, lo que hace creer a sus captores que se trata de un prisionero notable y fijan por él un rescate de 500 escudos, imposibles de reunir por su familia.
Comienza entonces la etapa más intensa de su vida, toda ella digna de sus propias novelas. Puso en juego su existencia intentando escapar en cuatro ocasiones; en todas falló. Conoció a numerosas personalidades, convivió con piratas, renegados, musulmanes y cautivos. Cuando, pasados cinco años, los padres trinitarios pagan la suma del rescate reunida en parte por su familia, Cervantes se dirige a España con la idea de ganarse la vida como autor de teatro y escritor, decisión que, es posible, jamás hubiera tomado de no haber cumplido esta peculiar condena.
Fue allí, con 28 años de edad, donde Cervantes creció moral e intelectualmente. Hay un antes y un después del cautiverio. Adriana Arraigada de Lassel, cervantista residente en Argel y experta en su cautiverio, cree que en esta ciudad terminó de edificar su personalidad, "su conciencia religiosa y su identidad española".
Sus cinco años en Argel son los más documentados de su biografía, pero a la vez los más controvertidos, ya que si bien se han hallado los escritos en los que figuran la partida de rescate, sus nóminas como soldado y otros datos biográficos, siguen ocultos los detalles sobre su intimidad y espiritualidad. Que renegó de su religión, que mantuvo relaciones homosexuales (en Argel se le han buscado varios novios—, que se planteó no volver jamás a España... Existen multitud de conjeturas sobre su periplo argelino, difuminadas más si cabe por la cantidad de referencias autobiográficas que aparecen en las numerosas obras y personajes ambientados en el filo de la Cristiandad y la Berbería, con los que Cervantes enturbia su propia huella mezclando sus vivencias con la ficción.



La sociedad fronteriza de Argelia fue escenario en las obras teatrales Los baños de Argel, El gallardo español, Los tratos de Argel, la novela corta La gran sultana y, especialmente, los tres capítulos de El Quijote donde se narra la historia de El cautivo, que algunos estudiosos consideran como el germen mismo de El Quijote, una historia con entidad propia que pudo haber sido escrita años antes que iniciar su gran novela.
A finales del siglo XVI, Argel, el corazón del Mediterráneo bajo el dominio del Gran Turco, goza de la mayor gloria de su historia. Su puerto guarda la flota de 35 grandes corsarios que, con sus veloces embarcaciones, salen en primavera al asalto de los barcos españoles e italianos. Su población cosmopolita —desde musulmanes, judíos y turcos a todo tipo de pobladores de tránsito— se comunica gracias a una lengua franca. Aislada por tierra, servía de cárcel natural para 25.000 cristianos cautivos que esperan su rescate, alojados en prisiones —conocidas como baños— donde disfrutan de cierta libertad de movimiento.


Siempre se habla de una forma global de la estancia de Cervantes en Argel. Sin embargo, Adriana Lassel identifica tres etapas en el periplo argelino del escritor. "Con la libertad que Dali Mami le deja para moverse por la ciudad, recién llegado a Argel, encuentra a su hermano Rodrigo y toma contacto con muchos compatriotas, no todos ellos esclavos, pues había españoles en la milicia (entre los jenízaros y los mercenarios), entre los corsarios y los comerciantes que atracaban en el puerto para sus negocios". Así pues, Cervantes pronto contacta con compañeros y planea su primera fuga: la marcha hacia Orán, en compañía de un guía. Los nombres de estos soldados se conocen, eran sargentos, alféreces y algunos caballeros.
La aventura de Orán fue un auténtico fiasco, era imposible recorrer a pie los más de 450 kilómetros entre ambas ciudades, más aún cuando la costa argelina está llena de montañas. No se podía caminar sin más en dirección Este, había que conocer el camino y el guía que había accedido a acompañarles por una cantidad de dinero les abandonó.





La segunda etapa de Cervantes comienza en 1577, en abril, cuando llega a Argel la galera San Pablo, con 269 cautivos, entre los que está el clérigo portugués Antonio de Sosa. Este personaje mantendrá una verdadera amistad con Cervantes, un hombre delicado de salud, teólogo, conocedor de la cultura humanística y de la poesía y que tendrá para el escritor gran influencia. Empieza una amistad entre un hombre de una gran cultura y un joven con inquietudes deseoso de conocer y escribir. "Cervantes tuvo que haber escrito en Argel, esto es seguro, y de Sosa tiene que haber sido su oyente pero, lamentablemente, no hay documentos sobre esto", observa Lassel.
Esta etapa de Cervantes fue muy fructífera en cuanto a su enriquecimiento literario y la afirmación de su fe religiosa (frente a la opción de renegar, que hubiera supuesto su libertad inmediata), pues Antonio de Sosa era teólogo. A Sosa se le atribuye la autoría de La Topografía General de Argel, publicada en 1612, y obra clave para el estudio del cautiverio de Cervantes. Se dice que Sosa se ayudó de libros de geógrafos que habían pasado por Argel, como León, el Africano o Estrabón. "Seguramente viajaba con estos libros cuando fue capturado. En Argel había libros y una cultura literaria, pero se desconoce qué tipo de libros había en las bibliotecas y por eso es muy aventurado qué pudo haber leído Cervantes allí", añade.



Durante este periodo, el escritor español protagoniza el segundo intento de fuga. En 1577, aprovechando que su familia paga el rescate de su hermano, da órdenes de comprar una galera que debía llegar desde Mallorca. A la espera, 14 prisioneros se esconden en una cueva junto a la bahía, en unos jardines propiedad del rey Hassan Pachá, el Veneciano. Durante semanas, Cervantes va y viene a la cueva, cuyo paradero sólo conocen el jardinero, que era español, y un melillense apodado El Dorador que les asiste y que, con la galera ya a la vista, será quien les denuncie. "Ninguno de estos cristianos que aquí están tiene culpa de este negocio porque yo solo he sido el autor del plan y les he inducido a que huyesen", confesó Cervantes ante el rey. A pesar de que los intentos de evasión se castigaban con la muerte (suerte que corre el jardinero), su jugoso rescate despierta la codicia del rey, que se apropia del esclavo y lo confina cinco meses en los baños reales. "Como tuviese guardado al estropeado español, tenía seguros sus cristianos, sus navíos y a toda la ciudad", se dice que comentó el rey cuando le encarceló.



Tras este largo encierro, Cervantes vive un nuevo periodo obsesionado con encontrar la libertad. Por tercera vez lo intentó por medio de un musulmán, enviando unas cartas al general de Orán, Martín de Córdoba, pero fueron descubiertas y el mensajero empalado. "Esta vez se libra de ser apaleado por intercesión de un renegado influyente amigo de Cervantes", aclara Lassel. Este renegado era un poderoso corsario español, Mourad Raïs Maltrapillo, cuya demanda "podía ser una petición o algo más, en función del poder de entonces de la taifa corsaria. Renegado murciano, que mandaba una galera de 22 bancos, posiblemente es la figura notable que inspira el personaje de el renegado en el episodio de El cautivo", añade.
Finalmente, en septiembre de 1579, consiguió la ayuda de un comerciante valenciano, Onofre Exarque, quien aportó el dinero para que otro renegado, Abderramán, comprara una barca para huir, en una historia muy similar a la que se narra en el pasaje de El cautivo, en El Quijote. Para la evasión, Cervantes había contactado con 60 ó 70 caballeros, "lo más florido de Argel", según las crónicas. Pero la información sobre la fuga llega a manos de Blanco de Paz, otro cautivo, ex dominico, que había acusado a Cervantes de "comportamientos deshonestos", y se lo comunica a Hassan Pachá, conocido por su crueldad. Es una incógnita la causa de la enemistad de Blanco de Paz y el escritor, aunque algunos biógrafos hablan de que el primero sentía rencor porque Cervantes no contactara con él para la huida.


Es obvio que, para conocer y convencer a tanta gente y tan diversa, Cervantes tuvo que gozar de un carisma y una simpatía personal. En sus obras, describe a los cabileños, a los jenízaros, a los turcos. Aprendió algo de árabe, que más tarde empleó en sus comedias. En El trato de Argel, habla de representaciones teatrales que se llevaban a cabo en los grandes baños de la ciudad. También, en algún momento tuvo que haber estado en las mazmorras subterráneas, bajo la actual Plaza de los Mártires, lugar donde los franceses pusieron en el siglo XVIII una placa con la leyenda: "En estas mazmorras permaneció Cervantes encerrado cinco años". Y, como esclavo real, debió pasar tiempo en palacio, donde pudo entablar relación con Hassan Pachá, que en las obras de Cervantes no aparece mal parado. "Pudo existir entre ellos un franco cruce de ideas y opiniones. El cautivo repudiando el reniego y defendiendo los valores de la libertad, y el rey, divertido o admirado, considerando que más valía una vida brillante, afortunada y aventurera, que ser un pobre habitante de su país de origen. En los momentos que hablaba con él (en italiano) pensaba que no le quedaba mucho por perder, creyendo que iba a morir. Si hubiera temido a Hassan, éste le hubiera matado", reflexiona Lassel.


En Argel, Cervantes se convirtió en un defensor de la libertad. Como afirma Emilio Sola, otro biógrafo cervantista, "nunca sometió a burla ni a un humor corrosivo ningún concepto o actitud humana de gravedad esencial, como la libertad, la pobreza o la muerte". Doce años después de su marcha, Cervantes pone de nuevo los pies en la Península en septiembre de 1580, en Denia, liberado por los trinitarios Juan Gil y Antonio de la Bella, una vez que entre su familia y los religiosos pudieron reunir había reunido la alta suma del rescate.
En 1605,publicó la primera parte del Quijote,su obra cumbre,pero esa es otra historia...


LOS CÁTAROS Y EL SANTO GRIAL



Cuenta la leyenda que en el año 1321, el último cátaro de Occidente, Guilhem Belibasta, pronunció la siguiente profecía antes de morir en la hoguera: "Después de seiscientos años, el olivo volverá a reverdecer sobre las cenizas de los mártires", vaticinio que ha inspirado durante muchos años una visión romántica del catarismo. Sin embargo, estas palabras no se encuentran en los documentos de la época; en realidad, el texto pertenece a un poema occitano de August Teulié titulado Mountsegur y publicado en 1905. Éste es uno de los muchos mitos del catarismo, la mayoría de los cuales nació durante el siglo XIX. Aparecieron en una época marcada por la interpretación esotérica de la historia de los cátaros que se realizó en el marco del movimiento felibre. Lo formaron escritores provenzales para proteger y cultivar la lengua occitana, que se hablaba en la Francia meridional, la antigua Occitania (y de la que el provenzal era una variante). Los felibres veían en el catarismo un símbolo de la identidad de esta región, cuya cultura e historia se proponían recuperar. Y es que fue allí, en el sur de Francia, donde en el siglo XII arraigó aquel movimiento herético.
Para los cátaros no había un solo dios, sino que existían dos realidades opuestas: el bien y el mal, y dos divinidades irreconciliables, Dios y Satán. El primero era el creador del mundo espiritual y el segundo había creado todo lo material: el mundo y sus criaturas. El espíritu vivía prisionero en los cuerpos de los hombres, atado por los deseos y las pasiones. Jesucristo, hijo de Dios, era un ser puramente espiritual que vino a la Tierra para proporcionar un bautismo que garantizaba la salvación: el consolamentum, que se había ido transmitiendo desde entonces mediante la imposición de manos. Era el único sacramento que admitían los cátaros y lo administraban los miembros más puros de la comunidad, los bons homes, a quienes la Iglesia católica llamó «perfectos» en son de burla.



Protegido por la nobleza occitana el catarismo fue destruido por una cruzada que empezó en 1209, y tuvo su hito más significativo en la toma del castillo de Montsegur en 1244 y la quema de los cátaros allí refugiados. Éste fue el origen de una de las leyendas más famosas: la del «tesoro de los cátaros», surgida de las declaraciones inquisitoriales realizadas tras la caída del castillo. En una de ellas, el hereje Arnaut Rotger de Mirepoix afirmaba que «cuando los perfectos salían del castillo de Montsegur para ser entregados a la Iglesia y al rey, Pèire Rotger de Mirepoix retuvo en el castillo a Amiel Aicart y su compañero Hug, y de noche, después de que el resto de perfectos hubieran sido quemados en masa, Pèire Rotger los escondió y se evadieron; y esto se hizo para que la Iglesia de los herejes no perdiera su tesoro que había sido escondido en los bosques». Otra declaración, de Imbert de Salles, afirmaba que «sacaron el oro y la plata e infinidad de monedas».
Estas palabras ponen de relieve que existía un tesoro cátaro y que fue evacuado del castillo antes de la conquista cruzada. Posiblemente debió de estar formado por el dinero con el que se sufragaban los gastos del castillo y los objetos de valor que conservaban los asediados.  Por otras declaraciones sabemos que los perfectos lo pusieron a salvo dos veces: la primera, durante la Navidad de 1243, en pleno asedio y para esconderlo en los alrededores; la segunda, durante la noche anterior a la rendición, para llevarlo a otro escondite. Como los relatos no ofrecen más información, se han planteado muchas hipótesis sobre este nuevo emplazamiento. Lo más plausible es que fuera ocultado en alguna de las cuevas o grutas de las montañas del Sabarthez, donde se solían esconder los fugitivos de la justicia.



La naturaleza del tesoro también sería objeto de numerosas especulaciones. En el siglo XIX, el escritor Joséphin Péladan fue el primero que impulsó el vínculo entre el Grial y los cátaros, al relacionar Montsegur con Montsalvat, la montaña mágica que albergaba el Grial en una ópera de Wagner: Parsifal. Ésta, a su vez, se basaba en el Parzival de Wolfram von Eschenbach, una novela alemana sobre el Grial compuesta hacia 1240. A partir de esta teoría, varios autores desarrollaron la idea de que el tesoro de los cátaros era el famoso Grial de las novelas de caballería.
La leyenda que unía el Grial y los cátaros culminó después de la primera guerra mundial con la aportación de algunos intelectuales del nazismo. Su principal artífice fue Otto Rahn, autor de una teoría sobre el Grial que motivó la visita de Heinrich Himmler al monasterio de la montaña de Montserrat el 23 de octubre de 1940, en busca de su posible emplazamiento.
Otto Rahn había cursado filología y se convirtió en un estudioso de las leyendas literarias de la Edad Media, entre ellas, la del Grial. También visitó y estudió el castillo de Montsegur. En 1933 escribió La cruzada contra el Grial, un libro fundamentado en la novela de Von Eschenbach. Rahn buscó el trasfondo histórico de la leyenda de Parzival y llegó a la conclusión de que  los cátaros fueron los últimos protectores del Grial, que custodiaban en Montsegur.  Con el nazismo en el poder, Rahn fue reclutado por Himmler como oficial de las SS y trabajó para la inteligencia alemana en el sur de Francia.
A raíz de sus nuevas investigaciones, Rahn publicó en 1937 su segunda obra, La corte de Lucifer, esta vez de espíritu nacionalsocialista y con connotaciones antisemitas, que tuvo una gran repercusión y contribuyó a situar el Grial en la montaña de Montserrat.
¿Escondieron los cátaros el Grial? En realidad, el Grial es un producto literario de las novelas de caballería, un símbolo de perfección espiritual cristiana. Y no hay que olvidar que el motivo central del Grial es el oficio religioso, la misa, que los cátaros repudiaban: sólo aceptaban el ritual del consolament.


Después de la segunda guerra mundial aparecieron nuevas leyendas sobre Montsegur. Una de las más importantes fue la idea de que el castillo era un templo cátaro. Fernand Niel, ingeniero e historiador de Béziers, fue uno de los impulsores de esta hipótesis durante la década de 1950, cuando presentó una serie de trabajos con detalladas mediciones y cálculos para concluir que Montsegur era en realidad un templo solar y zodiacal meticulosamente preparado durante el período de los cátaros, capaz de detectar los solsticios y los equinoccios con la alineación de los muros. Sin embargo, los trabajos arqueológicos posteriores demostraron que la fortaleza fue derruida tras la conquista cruzada y que no se conservan trazas del recinto que en su día albergó a los cátaros. La estructura que aún hoy sigue en pie fue obra de los nuevos señores católicos, que remodelaron la fortaleza anterior.
Durante la década de 1960, la televisión contribuyó a la difusión de mitos cátaros y a consolidar los lugares de culto de su memoria. En tal sentido cabe recordar  un documental emitido en marzo de 1966 por la televisión francesa que dio a conocer al gran público la tragedia de los cátaros de Montsegur, convirtiéndolo en el lugar más importante de la historia de los cátaros. Este trabajo consolidó la imagen trágica del «campo de los quemados» de Montsegur, donde en 1244 ardieron más de 225 cátaros.
Desde entonces se ha desarrollado una imagen de los cátaros que poco tiene que ver con su historia y que en el sur de Francia ha dado lugar a una pujante actividad turística en base a la ruta de los «castillos cátaros». En realidad, no existen tales castillos: excepto en los casos de Montsegur y, en parte, de Quéribus, que acogieron a comunidades heréticas, el resto son, como mucho, fortalezas donde puede que, en algún momento, vivieran cátaros.
Tampoco existen las llamadas «cruces cátaras». No es de extrañar, porque, como se preguntaba Guilhem Belibasta, el último cátaro, ¿acaso algún cristiano puede adorar la cruz cuando fue el lugar del martirio del hijo de Dios? Las cruces que hoy día se conocen como "cátaras" son, en realidad, emblemas de la nobleza occitana que respaldó de forma más o menos intensa a los cátaros. La frontera entre leyenda y realidad es tan ambigua como frágil, y, como nos recuerdan los mitos sobre el catarismo,  la leyenda se ha impuesto muchas veces a una realidad demasiado prosaica.



La Iglesia oficial,que imperaba en la Baja Edad Media (siglos XI-XV) estaba poco arraigada entre la nobleza y el pueblo llano del Languedoc francés. El catarismo fue para muchos una forma de liberarse de la tiranía eclesiástica de Roma. Para los cátaros la Iglesia católica se había alejado por completo del mensaje evangélico y era un símbolo de corrupción. La Iglesia cátara se consideraba plenamente cristiana y creía en un dualismo absoluto, esto es, en la existencia de dos principios en perpetuo conflicto: Dios, que era verdadero e incorruptible, y Satán, que había creado el mundo físico y con ello todas las cosas vanas y corruptibles, incluida la Iglesia católica. Los cátaros predicaban la salvación mediante un ascetismo severo con el que escapar del mundo material y demoníaco. La Iglesia de los cátaros fue víctima de una feroz persecución por parte de la Iglesia de Roma, que dispuso de todos los medios posibles, pacíficos o violentos, para acabar con ella. 


El castillo de Montsegur, situado a 1.207 metros de altura en un terreno escarpado al suroeste de Carcasona, se convirtió en el último refugio de los cátaros hasta la primavera de 1244, cuando la ciudadela fue tomada (tras nueve meses de asedio) por las tropas del senescal de Carcasona y del arzobispo de Narbona, promovidas por la Inquisición.

 El 16 de marzo de 1244, , más de 200 seguidores cátaros que no abjuraron de su fe fueron arrojados a una gran hoguera en el llamado Camp dels Cremats (Campo de los Quemados), al pie de la montaña, donde una estela que reza lo siguiente recuerda su sacrificio: A los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

miércoles, 26 de febrero de 2020

LEGIO IX HISPANIA



Pocas legiones de la historia de la antigüedad romana pueden presumir de la inmortalidad que atesora la Legio IX Hispana, la novena legión. Seguramente el mayor logro durante su existencia fuese la fundación de la ciudad de Eburacum, la actual York, pero sin embargo fue su desaparición de las fuentes la que la convirtió en un icono cultural británico a partir de mediados del siglo XX.No hay duda que desde las costas del Mare Nostrum romano, las civilizaciones se desarrollaron de manera imparable. Mientras tanto, el norte del continente y las islas esperaban el momento de caer sobre los señores del sur y construir un nuevo mundo sobre los cimientos plantados por estos. A menudo, nuestro conocimiento de tierras como las islas británicas se limita a lo que de ellas nos contaban los romanos que las habían visitado o que , incluso, habían nacido ya al otro lado del canal.No es de extrañar, pues, que parte de la historiografía y la cultura popular británica se lanzasen de cabeza a estudiar la que parecía haber sido sido la gran derrota del Imperio Romano en tierras británicas. Lo que no sabían entonces es que seguramente no estaban hablando solo de la historia, sino construyendo una nueva mitología.
El primer mito que se difundió en torno a la Legio IX Hispana se deriva de su propio nombre. A pesar de lo que este parece indicarnos, lo cierto es que la legión no tendría por qué estar formada por una mayoría de soldados de origen hispano. Esto se debe a la particular y a menudo compleja manera de denominar a sus legiones que empleaban los romanos.El nombre de una legión podía deberse a diferentes motivos. En ocasiones derivaba de la provincia donde se hubiese fundado; sin embargo, en otras ocasiones su denominación se refería al lugar en el que se hubiese distinguido en combate o en el que hubiese estado establecida durante largo tiempo. No pocas veces se podía deber también a su comandante o a las circunstancias que habían rodeado su fundación. Algunas denominaciones particularmente famosas fueron la de Victrix, o victoriosa, o la de Pia Fidelis, la leal. Los títulos, además, también iban cambiando con el tiempo a medida que las legiones eran eliminadas y refundadas, mientras que el numeral no variaba. Para acabar de enmarañar el asunto, podía haber varias legiones al mismo tiempo identificadas por un mismo número. Esto se debía a la costumbre de algunos emperadores de identificar las legiones que fundaban empezando de nuevo la cuenta. Baste comentar que la Legio XII Fulminata, una de las más longevas de la historia del Imperio y que fue fundada por el propio Julio César, contaba también con los títulos de Paterna, Victrix, Antiqua, Certa Constans y Galliena.
En el caso de la novena legión, su título se debía a su estancia en Hispania durante las Guerras Cántabras. Durante un tiempo, al parecer, su denominación fue la de hispaniensis, lo cual deja claro que su apelativo derivaría de su estacionamiento y no del origen de la misma. Posteriormente tomaría definitivamente el nombre de hispana. Todo parece indicar, pues, que su participación en las ya mencionadas Guerras Cántabras tuvo que ser bastante destacada.Así pues, y al contrario de lo que suponían muchos autores, el título de la novena legión no indicaría el origen de los legionarios presentes en la misma sino su participación en una campaña notable. De hecho, para cuando la novena legión entra en el territorio legendario, hacía más de un siglo que había abandonado Hispania y, probablemente, ya apenas quedarían miembros de origen peninsular.

La Legio IX Hispana llegó al territorio de Britannia durante la invasión dirigida por el emperador Claudio. Durante los primeros años sabemos que fundó el asentamiento de Lindum, la actual Lincoln, y que participó de manera activa en batallas contra Caratacus o Venutius.Sin embargo, resulta curioso que el primer momento de fama de la novena legión se deba, ya entonces, a una derrota. Pocas figuras entre los reyes y reinas nativos, si es que alguna,  pueden compararse en trascendencia cultural a la de Boudica (también conocida popularmente como Boadicea), la reina de los icenios que estuvo a punto de derrotar a los romanos. Si bien la reina guerrera terminó siendo vencida, no lo hizo sin antes haber estado a punto de hacer que la Legio IX Hispana desapareciese a sus manos en el año 61, cerca de la actual Colchester.

Más fortuna tuvo la legión contra la tribu de los brigantes. Fue entonces cuando partió al norte de lo que ahora llamamos Inglaterra y fundó lo que terminaría siendo la ciudad de York. Su estancia en este nuevo emplazamiento no fue muy placentera, de todos modos, y según Tácito estuvo a punto de ser erradicada por los caledonios, las tribus que poblaban el territorio de nuestra contemporánea Escocia. Tal vez esto fuese una premonición de los hechos que terminarían dándole la fama.Durante mucho tiempo, la datación aceptada para las últimas inscripciones conocidas de la legión fue la del año 108, en la ciudad de Eburacum. Poco después, el emperador Adriano visita la región y ordena la construcción del muro que llevará su nombre. Estamos ya en el 122 y junto a Adriano llegará una nueva legión, la Legio VI Victrix. De la Legio IX Hispana parece no quedar ya ningún rastro.

Sin embargo, la tradicional teoría de su desaparición en el norte de las islas se vino abajo en la década de los años setenta del siglo XX. Fue entonces cuando se localizaron algunas inscripciones y restos atribuibles a miembros de la novena legión en la zona de Nijmegen (Holanda), así como un altar dedicado a Apolo cerca de Aquisgrán. La datación no es segura pero su consagración parece situarse entre los años 104 y el 120, lo que situaría a la Legio IX Hispana en el norte del Imperio durante los mismos años en los que su pista desaparece de las islas británicas.No obstante, estos hallazgos han estado muy lejos de acabar con las dudas en torno al final de la legión. Según varios estudiosos, en realidad, estaríamos ante los restos dejados por algún destacamento auxiliar de la legión y no ante la prueba de la presencia del grueso de la misma en Holanda. Siguiendo este razonamiento, otros historiadores siguen defendiendo que un incidente, todavía desconocido, en el norte de Inglaterra sería la razón más probable para la desaparición de la legión. De este desastre solamente se habría salvado un pequeño número de hombres que en ese momento estaría estacionado en el continente.Otros, sin embargo, defienden la tesis de que la Legio IX Hispana habría sido destinada a la frontera con los germanos tras su estancia en Eburacum. También que poco después sería desplegada en alguno de los diferentes territorios imperiales en los que abundaron los conflictos durante la época. Esta teoría afirma que la falta de nuevos restos relacionados con la legión es debida a que su desaparición se habría producido antes de que hubiese tenido tiempo a dejar alguna constancia física permanente en su nuevo destino. La rebelión de Bar Kojba en Palestina entre el 132 y el 135 y las guerras partias de Marco Aurelio son las propuestas con más partidarios entre aquellos que buscan un final diferente para la novena legión.Lo cierto es que todo lo anterior son poco más que especulaciones, teorías que todavía están muy lejos de ser probadas y que siguen subrayando el principal atractivo de la Legio IX Hispana: no sabemos cuándo ni dónde encontró su final.

Esto, por sí mismo, no tendría por qué ser tan relevante. Muchas legiones fueron fundadas y disueltas durante la historia de Roma, no pocas desaparecieron de manera brusca y algunas, como la Legio VI Hispana, incluso desconocemos si realmente llegaron a existir. La verdadera trascendencia de su historia, sin embargo, vino por la capacidad de la historiografía británica para convertir en icónica la imagen de la legión.La historia antigua de las islas británicas no puede hacer sombra a los sucesos del continente. La falta de fuentes historiográficas nos regala un panorama nebuloso y casi desconocido proclive a la ficción y al mito mas que a los estudios de naturaleza histórica. 
La leyenda que rodea a la novena legión puede no ser más, que la expresión de la voluntad de algunos historiadores y autores literarios de dotar a un país de un motivo de orgullo nacional. Frente al imperio mediterráneo, los británicos nos ofrecieron a los bárbaros definitivos, aquellos que erradicarían a más de cinco mil de los mejores hombres del enemigo en mitad de un territorio tan dado a la leyenda como los bosques y las marismas escocesas.Poco importa ya dónde acabara sus días la legión. Es difícil que nuestro imaginario colectivo pueda admitir que su verdadero fin no se produjo en medio de la niebla escocesa, a manos de unos invencibles pictos. Y es que, ya se sabe, ante la duda es mejor imprimir la leyenda. 

Y dejando a un lado la historia-mito...Actualmente, los arqueólogos han descubierto un "polígono industrial" romano cerca de unas ruinas, las cuales pudieron ser el hogar de la famosa Legión IX “Hispana”, la misteriosa legión perdida.El yacimiento desenterrado muestra una serie de elementos de abastecimiento como restos de un molino de agua, utilizado para moler el grano de harina y producir alimentos para los soldados, ropa, restos de comida, tumbas y cerámica.El lugar fue excavado entre Dishforth y Leeming, en el norte de Yorkshire. Se encuentra cerca de una fortaleza en ruinas, en el puente de Healam, el cual formaba parte de la frontera romana hace 2.000 años.La IX Legión había luchado en victoriosas campañas a través de todo el Imperio Romano, desde la Galia hasta África, de Sicilia a España, y de Germania a Britania. Muchos creen que la IX Legión desapareció después de haber sido enviada a combatir contra los  pictos, en Escocia, y nunca más regresó.

Las excavaciones han proporcionado a los arqueólogos una idea sobre la economía de mantenimiento de una guarnicionería militar de hace muchos siglos.El área fue desarrollada para abastecer de alimentos, bebidas y otros servicios relacionados con el comercio, a los vecinos de la fortaleza imperial en el Puente Healam, cerca de Dishforth.Había un molino de harina, movido por agua, que facilitaría la elaboración de alimentos para la guarnición, así como a las Legiones que viajaban a lo largo de la vía romana de “Dere Street”.Los grandes edificios de madera próximos a la puerta, ocupados probablemente hasta el siglo IV d. C., habrían sido utilizados para producir alimentos, guardar el ganado, y elaborar cerveza y cerámica.

Los arqueólogos han encontrado monedas, broches, fragmentos de cerámica y media tonelada de huesos de animales sacrificados en el lugar. También se excavaron 14 cremaciones humanas y un esqueleto, bien preservado, de un caballo debajo de un edificio. Se cree que habían sido sacrificados como ofrenda a los dioses para traer suerte a la zona de ocupación.Otras teorías sugieren que fue enviada a otra parte del Imperio donde fue disuelta, o que su nombre fue eliminado de los registros después de haber sido deshonrada en una batalla.