sábado, 5 de noviembre de 2016

GUERRA DE LAS GERMANIAS...VALORACION HISTÓRIOGRAFICA

Con este nombre, o con el abreviado de Germanías, se conoce al levantamiento armado llevado a cabo durante los primeros años (1519-1522) del reinado de Carlos I de España en diferentes zonas del levante peninsular, principalmente en el reino de Valencia, pero también en las islas Baleares. Como todo movimiento de estas características, en el levantamiento subyacen toda una serie de motivos, coyunturales y estructurales, que denotan el particularismo de los territorios mediterráneos con respecto a su inclusión en el futuro imperio de Carlos V.
En valenciano, el vocablo germania corresponde al castellano 'hermandad', de ahí que la designación de los rebeldes como agermanats pueda ser traducido como 'hermanados'. Las connotaciones medievales del término coinciden con el sentimiento popular que, en el reino de Castilla y León, mantenían las tradicionales Hermandades, en tanto defensoras de los intereses del común y, principalmente, también parece relacionar el movimiento, al menos en clave sociológica, con la famosa revuelta medieval de los irmandiños gallegos, si bien la característica antiseñorial de esta última no parece haber sido de ninguna forma factor desencadenante en las Germanías valencianas. Lo que sí parece ser meridiano es que los rebeldes, con su habitual profusión a utilizar el término germanía (casi siempre en singular, es decir, 'hermandad'), mantenían unos postulados altamente populistas, luchando a favor de unos valores (justicia, ecuanimidad y honestidad) que, a sus ojos, habían estado cercenados y continuarían estándolo de perpetuarse el orden propugnado por el emperador y por el estamento nobiliario del reino.
A modo de introducción, decir que se ha interpretado la revuelta en un encuadramiento como sucedía en otras partes de Europa, que marcaban todas ellas la crisis del régimen feudal y la implantación progresiva del capitalismo en occidente. Similares connotaciones encontramos en las jacqueries francesas, la insurrección inglesa de 1381, los Ciompi italianos, los Irmandinhos gallegos, las Comunidades en Castilla o las guerras campesinas alemanas del s.XVI.
Los analistas de la época muestran discrepancias al señalar a la Guerra de las Germanías como una “primera revolución moderna” o por otro lado, como un intento del alzamiento retardatario y feudal hacia el europeísmo moderno que implantaba Carlos V. Esta complejidad de análisis proviene de las múltiples luchas existentes dentro de la revuelta como la de los artesanos y pueblo llano contra la oligarquía urbana valenciana, la de campesinos siervos contra señores feudales y la del uniformismo cristiano contra la singularidad morisca.
Ciñéndonos más al contexto que vivía Valencia en la época, es necesario ambientar la situación refiriéndonos a su pasado más cercano, la prosperidad alcanzada durante la segunda mitad del siglo XV por la ciudad era inmensa, destacan en ella el incremento demográfico y la económico producto de la riqueza generada por el comercio.
Valencia desbancó a Barcelona como puerto peninsular aprovechando la crisis catalana del XV, a finales de la centuria, Valencia doblaba en población a Barcelona. La capacidad financiera de Valencia se denota en los continuos préstamos realizados a la Corona, pero también a la construcción de grandes edificios emblemáticos como la Lonja, las Atarazanas, el Palau de la Generalitat, Las Torres de Serranos y Quart, el Micalet, la Universidad, así como una amplia actividad cultural y artística en la que destacarían la producción de libros.
Sin embargo, existían grandes desequilibrios estructurales en la riqueza valenciana, donde en la Ciudad de Valencia vivía una élite formada por la clase nobiliaria y burguesía mercantil con grandes fortunas empleadas en gastos suntuarios, mientras que las condiciones de vida para el resto del Reino descendían vertiginosamente, provocando ello el primer factor de ruptura: la crisis agraria, con el encarecimiento progresivo de la producción de grano entre 1474-1500.
A ello cabe añadir las continuas oleadas de peste endémicas, con virulentos rebrotes en los años 1474, 1478, 1489 y 1508, a las que había que sumar las violentísimas luchas de bandos (bandositats) entre la aristocracia valenciana, que se habían recrudecido especialmente en los últimos años del reinado de Fernando el Católico.
Tantos eran los pleitos entre las diferentes familias que la justicia se encontraba colapsada, a lo que se unió una relajación de costumbres que derivó en toda clase de inmoralidad y corrupción pública, cohechos en asambleas de representación como la Generalitat y el Consell.
Por último, señalar específicamente, por su tremenda importancia en el desarrollo de las Germanías, las tensiones en el ámbito de la organización gremial del Reino de Valencia, con luchas entre maestros, oficiales y aprendices, que a su vez tuvieron nefastas consecuencias para la economía municipal.

Valoración historiográfica

No por obvio ha de dejar de señalarse que un conflicto tan profuso e ideologizado como el de las Germanías, donde se entremezclaron los intereses de una porción oligárquica de la sociedad, el descontento popular y la capacidad de maniobra de una incipiente monarquía de tintes autoritarios, ha sido objeto de diversas explicaciones teóricas por la historiografía, en la que los postulados científicos de cada época han influido notablemente en la percepción con que el conflicto ha sido analizado.
De esta forma, los primeros escritores que retrataron el suceso en el siglo XVI, normalmente anónimos redactores de Dietaris (aunque conocemos el nombre de algunos, como Guillem Mir, Guillem Ramón Catalá o Jerónimo Soria), cuyos anales sirven de fuentes a loc historiadores actuales, mantuvieron una actitud tremendamente hostil contra los agermanats; curiosamente, quien suele tratarles con mayor benevolencia es el primer cronista del reino de Valencia, Martín de Viciana, a pesar de que Viciana, en tanto representante de la nobleza del reino, fuese uno de quienes combatieron en el bando realista contra la Germanía. En los siglos XVII y XVIII, los nombres de Onofre Esquerdo, Gaspar de Escolano o el Padre Francisco Diago continuaron con los vituperios en contra de la revuelta para no menoscabar la grandeza y esplendor del imperio de Carlos V. La primera recuperación de las Germanías corrió de la mano de los idealistas liberales del siglo XIX, quienes, inmersos en el paradigma romanticista de la Historia, convirtieron a Vicent Peris y a los agermanats en los paladines del liberalismo pre-democrático. Vicente Boix, con su versión casi novelesca del conflicto, es el representante más destacado de esta ideologización de las Germanías, aunque tampoco cabe olvidar la obra de M. Fernández Herrero, en la que el levantamiento del siglo XVI es, ni más ni menos, que presentado como el antecedente histórico de la revuelta federalista de 1869.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la historiografía conservadora rechazó de plano las versiones románticas de las Germanías y llevó a cabo las que pueden considerarse como las primeras visiones más o menos neutrales del conflicto. El marqués de Cruilles y M. Dánvila (historiador éste también del levantamiento comunero) barnizaron de ciencia sus postulados conservadores de partida. Actualmente, existen tanto partidarios como detractores de ambos historiadores, si bien se tiende a significar que la reacción conservadora era evidente después de la pseudohistorización romántica del anterior período. Más avanzado el siglo XX, la pugna se estableció entre aquellos historiadores igualmente conservadores, como Gregorio Marañón o Ramón Menéndez Pidal, que hicieron tabula rasa entre Germanías y Comunidades de Castilla para concretar que ambos conflictos no eran sino los últimos estertores de la España feudal que acabaría por ser engullida en el océano imperial de la Edad Moderna. A esta visión se opusieron los historiadores progresistas, como José Antonio Maravall, John Elliot, Manuel Gutiérrez Nieto o Joseph Pérez, que daban la vuelta al argumento de sus opositores para presentar a Germanías y a Comunidades como movimientos con profundas connotaciones de revolución moderna, en tanto se oponían a la perpetuación del antiguo orden feudal emanado de la España sin cambios que pretendía el emperador Carlos V, más preocupado en mantener la paz interna al precio que fuese para acceder a su gran proyecto político de índole continental.
En la segunda mitad del siglo XX, la obra de diversos historiadores valencianos, como L. Piles, F. Mateu y Llopis, Joan Fuster, Joan Reglá, Eulalia Durán y Ricardo García Cárcel, han contribuido a despojar de mitos y connotaciones políticas el conflicto de las Germanías, para simplemente presentarlo tal como fue, con sus paradojas, sus alcances, sus límites y su notable heterogeneidad. La visión historiográfica que las Germanías mantenían en la historiografía de finales del siglo XX se basaba precisamente en esta dualidad, en hacer del conflicto una mezcla de elementos feudalizantes (separado así de la supuesta modernidad de las Comunidades) y de elementos de transgresión encaminados a conseguir un nuevo orden, un orden más justo que era, al fin y al cabo, lo que pretendían los agermanats. Otra cosa es que estuvieran en disposición de llevarlos a efecto, y otra cosa es que a medida que el conflicto avanzaba las pretensiones iniciales fueran sustituidas por elementos mesiánicos (como el encubertismo) o que sus propios dirigentes dudasen entre alargar la lucha armada hasta el final ante la siempre atrayente perspectiva de la solución negociada.
En lo que sí parecen estar de acuerdo todos los estudiosos modernos del conflicto es en negar la conexión entre las Germanías de Valencia y las Comunidades de Castilla. La cuestión es algo compleja; en las investigaciones del siglo XIX es cierto que se usó  de la consideración de ambas revueltas como idénticas, viniendo a significar que los agermanats valencianos no eran sino el reflejo levantino de los comuneros castellanos. En las investigaciones actuales, la reivindicación de un espacio propio y original dentro de los postulados de la Germanía ha llevado a los historiadores a centrarse más en los aspectos de discordancia entre ambos conflictos. Así, se niega que dirigentes de los dos movimientos tuvieran contacto entre sí o que los dos bandos rebeldes se prestasen ayuda mutua, cuestiones que, desde luego, son innegables. Ahora bien, en un plano más amplio, parece imposible negar que ambos movimientos comparten no sólo un mismo marco goegráfico y unos postulados análogos, sino que tanto Germanías como Comunidades también hallaron su epicentro de acción en el reajuste de todas las fuerzas políticas de la península ante el tremendo cambio que supuso la llegada de Carlo I al trono. La similar respuesta de las sociedades de Castilla y Valencia ante el mismo estímulo es indicativa de que, en efecto, los conflictos pueden estudiarse de manera conjunta sin que por ello haya de perder cada uno sus muchas peculiaridades de carácter local.
Como en tantos otros conflictos de similar raigambre, no existe una perspectiva única de explicación, sino que la objetividad historiográfica pasa por la aplicación de diversas perspectivas; sólo así, manteniendo además la puerta abierta a la aportación de nuevos descubrimientos documentales, se puede así intentar comprender el impacto de las Germanías de Valencia, sin duda uno de los acontecimientos más cruciales en la historia peninsular del siglo XVI.

Bibliografía

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http://blogs.ua.es/historiavalencia16/2013/09/05/introduccion-a-la-revuelta-de-las-germanias/
http://www.enciclonet.com/articulo/guerra-de-las-germanias/#
http://www.lahistoriaconmapas.com/historia/historia2/biografia-de-guerra-de-las-germanias-1519-1523/

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