jueves, 25 de julio de 2019

FIODOR DOSTOYEVSKI..."EL IDIOTA"


La novela El idiota  fue empezada a escribir por Fiodor Mijailovich Dostoyevski  en septiembre de 1867, en Ginebra, y fue terminada en Florencia a principios de 1869. A medida que la iba escribiendo se fue publicando en el Ruskii Vestnik («El Noticiero Ruso» o «El Mensajero Ruso») de Mijaíl Kátov, quien abonaba a Dostoyevski, necesitado, como siempre, de dinero, 150 rublos por folio. El 15 de febrero de 1867, el escritor se había casado con Anna Grigórievna Snitkina, la fiel y entregada esposa que hizo todo lo posible por evitarle preocupaciones para que se dedicase exclusivamente a su pasión de escribir. La había conocido en 1866, cuando la contrató como taquígrafa y le dictó en octubre la novela El jugador. El 22 de febrero de 1868, en medio de la redacción de nuestra novela, nació, primer fruto de este segundo matrimonio, su hija Sofía, que moriría el 12 de mayo siguiente.
El protagonista de El idiota, el príncipe Liov  Nikoláyevich Mischkin, representa el más elevado arquetipo espiritual y moral salido nunca de la pluma de este gigante de la literatura universal, personaje portador de un ideal moral tan alto que sólo puede ser comparado con Don Quijote, el inmortal personaje cervantino tan admirado por el propio Dostoyevski. Al igual que el Caballero de la Triste Figura, el príncipe Mischkin constituye un complejísimo epítome del ideal moral cristiano, que, en el caso del novelista ruso, se inspira de manera clara y directa en la figura de Jesús de Nazaret y en la enseñanza ética del Evangelio, una figura que para Dostoyevski no es sólo el Verbo hecho carne, el Dios-Hombre, sino la encarnación suprema y absoluta de la bondad, de la misericordia, de la humildad, de la piedad, de la compasión, de la dignidad, de la defensa de la vida y de la libertad auténtica, que son los rasgos que trata de trazar en el personaje de Mischkin, pero, como toda privilegiada encarnación de su portentosa imaginación creadora, dotándolo de una personalidad, de una sutileza y de una hondura psicológica inigualables, pues a Dostoyevski lo que le obsesiona es el alma del hombre, su espíritu, que es lo que lo conecta con Dios. Frente al hombre-dios que se materializará en algunos de los protagonistas de su posterior novela Demonios, un hombre-dios que, precisamente por renunciar a Dios renuncia al hombre y niega por completo la posibilidad de la libertad, Mischkin tiene como modelo y referente de su conducta a Jesús, el Dios-Hombre que mantendrá ese clamoroso silencio en la Leyenda del Gran Inquisidor frente al nonagenario anciano que representa el nihilismo y la muerte de la libertad.

El príncipe Myspkin es dado de alta de una casa de reposo de enfermos mentales en Suiza y vuelve a San Petersburgo, su ciudad natal, con poco dinero. Allí se entera de que es dueño de una rica herencia y se manifiesta no apegado al dinero. En los salones de la ciudad imperial se muestra como un verdadero cristiano: perdona las ofensas, piensa bien de todos, no cede al mal. Al principio le miran con escepticismo y sonrisas enigmáticas, pero termina haciéndose simpático a todos. 
Llega un momento en que la historia toma un giro de infortunio. El príncipe es objeto de disputa entre mujeres y se ve arrastrado a asistir a un crimen. Es incapaz de impedirlo. Lo llevan a la cabecera de un enfermo de tuberculosis moribundo. La única reacción que le sale es decir: 


                          Muérete y envídianos a nosotros la suerte que tenemos de vivir





A causa de los efectos de su enfermedad, se piensa que es un idiota, pero también por su carácter franco y su inocente bondad. Durante el viaje, entabla conversación con Parfyon Rogoyÿn y con un funcionario apellidado Lebedev, que le hablan de una mujer de vida borrascosa llamada Natasya Filipovna, de la que Rogoyÿn parece estar absolutamente prendado. Recién llegado a Petersburgo, el joven acude a visitar al general Yepanchin, ya que piensa equivocadamente que su esposa, Lizaveta Prokoyevna, y él pueden ser parientes lejanos. Así conoce a las tres hijas del matrimonio y a Gravila Ardalionovich (Ganya), un funcionario que trabaja para el general como secretario. Tras contemplar un retrato de Natasya Filipovna, el príncipe queda profundamente impresionado por esta mujer. 

Como necesita un lugar en donde residir, Myskhin alquila una habitación en el domicilio de Ganya y así entra en contacto con su familia y el resto de huéspedes. Natasya celebra una fiesta en su casa y el príncipe se presenta allí sin ser invitado. Granya le propone matrimonio pero ella lo rechaza y lo humilla delante de todos. Rogoyÿn irrumpe en la celebración, con un grupo de camaradas, tan borrachos como él, y le ofrece cien mil rublos a cambio de aceptar su propuesta de matrimonio. El príncipe Myskhim no puede soportar que se humille de tal modo a una mujer y le pide a Natasya que se case con él, delante de toda la concurrencia.
El autor ruso ayuda a esclarecer  desde su obra mas irónica radiografiando el acontecer socio-político de una Rusia a punto de esos cambios sociales históricos que signaron el rumbo de una nueva historia. Aquí también el autor demuestra su maestría para definir perfiles psicológicos en personajes con interesantísimos mundos interiores. Además, pese a pertenecer a una sólida posición social debido a su clase social aristocrática, como la mayoría de su clase no tiene un peso partido por la mitad. Miskin, solitario y enfermizo toda su vida debió retornar a San Petersburgo tras la muerte de su tutor y allí se encontró con una serie de situaciones determinantes para el resto de su existencia. 
Es una gran novela repleta de personajes reales que podían encontrarse en la Rusia de aquellos tiempos y es también la novela donde mas claramente Dostoievski se burla de la sociedad rusa ante los ojos de este pobre idiota, que no es más que un ser bueno e ingenuo desacostumbrado a las maldades de la sociedad. Es su aventura-novela más autobiográfica y valorada: el príncipe Mishkin, el idiota, y Dostoievski (1821-1881), el autor, conllevan maneras de vivir y sentir, casi idénticas o por lo menos singularmente comunes. 
El 23 de abril de 1849 Fiódor Dostoyevski fue aprehendido y encarcelado por formar parte de El Círculo, un grupo intelectual y liberal, calumniado por complotar contra el zar NicolásI. Unos meses más tarde era procesado y condenado a muerte. Sufría de epilepsia, durante esa época sus ataques fueron progresando y multiplicándose cada vez más. La figura del príncipe Mishkin, protagonista de El idiota, aparece retratada como la figura de un hombre bondadoso- la fuerte representación de la nobleza- probo, cordial, espontáneo, humilde, al que acaban minándolo sus bajas pasiones, signadas por los acontecimientos que el destino le va entretejiendo. 
Todos los estereotipos de la sociedad rusa de mitad de Siglo XIX -sociedad que lo tenía devastado- se hallan admirablemente dibujados en las setecientas páginas de una novela que tuvo su mayor logro en el hecho de poder adelantarse a su tiempo. El príncipe Mishkin, adorable, cautivador, tanto que le complacería al lector sacarlo del libro de Fiodor y llevárselo a vivir consigo, al que empieza a enternecerse con él, justo en el mismo instante en el que lee la descripciónescrupulosa que realiza Dostoievski de él (una de las mejores de la literatura universal), persigue la perfección moral dentro de una sociedad desgastada por el rencor, los celos, el poder, la mezquindad, él imagina, supone y da por sentado que todo el mundo es misericordioso, descree que existan personas con malas intenciones: cándido y compasivo, por demás; su compasividad lo enreda, lo aturde y, el idiota, pierde al amor por la vida.
Dostoievski deja a través de su obra una reflexión sobre la actitud perversa que el hombre adopta en sociedad, tal vez arrastrado por la malevolencia de los demás, ser incapaz de comprender a una persona buena, porque primero lo consideraron un falsario y, más tarde -cuando se convencen de su sinceridad- un idiota. 
Adentrarse en la lectura de El idiota es como observar un cuadro bellísimo cargado de infinitos matices, que despierta al espectador un cúmulo inagotable de sensaciones. La Rusia zarista, hasta mediados del Siglo XIX, apenas contaba con una breve trayectoria literaria escasamente relevante. Tal vez sea necesario buscar los motivos en la profunda espiritualidad del pueblo ruso, que encontró una vertiente de expresión conveniente en la literatura. Las letras rusas por aquellos años –aun dentro de las hormas del Realismo narrativo imperante- se diferencian de las de otros países en ese elemento espiritual que es parte principal de la novela del imperio zarista. 
En Rusia, los autores abordan sus temas de la realidad pero van un paso más allá que los de otros lugares: si en éstos el propósito perseguido es puramente documental, de reproducción fotográfica de la sociedad, en aquélla tratan de desentrañar que encontramos en los recovecos del alma humana para percibir y entender la esencia del hombre ruso y, con ello, del hombre en general. Naturalmente, esto comporta una crítica –en ocasiones, rigurosísima- de la sociedad, especialmente de la aristocracia, revelada como una clase indolente y frívola que supone un obstáculo para el progreso del país. Y es que Rusia, aún sometida a un sistema feudal en plena era de la industrialización, necesitaba de alguien que avivara las conciencias a favor del progreso. 
Sin embargo, el autor, aunque también luchó persiguiendo ese objetivo, fue un intelectual muy interesado en el estudio del ser humano. Esto ocurre en El jugador, pero, especialmente en “El idiota”, que nos muestra al príncipe Myspkin, un hombre que, tras estar recluido varios años en un hospital psiquiátrico, regresa a San Petersburgo. Como su perversión les hace incompetentes para comprender que el príncipe es un hombre bueno e ingenuo, pronto lo terminan bautizando como el idiota

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