sábado, 16 de enero de 2016

ABDERRAMAN III SE PROCLAMA CALIFA...CULMINACION DE AL-ANDALUS


El 16 de enero de 929 se produjo un singular e importante evento en la Península Ibérica. Abderramán III se proclamaba califa de Al-Ándalus. A muchos de vosotros el dato os dejará indiferentes, pero la importancia de tal decisión es enorme. Y, tal vez, por ella, Al-Ándalus pudo continuar siendo un reino musulmán independiente del resto de reinos musulmanes.
Abderramán III fue uno de los más importantes y conocidos gobernantes de Al-Ándalus. En una crónica anónima que trata sobre su etapa de gobierno, podemos leer el siguiente resumen de su reinado:
“Conquistó España ciudad por ciudad, exterminó a sus defensores y los humilló, destruyó sus castillos, impuso pesados tributos a los que dejó con vida y los abatió terriblemente por medio de crueles gobernadores hasta que todas las comarcas entraron en su obediencia y se le sometieron todos los rebeldes”.
El autor, demasiado vehemente en sus comentarios, no fue justo con la realidad. 
No vamos a centrarnos en las desgracias, en esta ocasión,sinó que describiré uno de sus momentos más importantes y llenos de gloria, la adopción del título califal. Pero antes, iniciemos el camino por el principio.

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Abderramán III accedió al trono un 16 de octubre de 912. Era un joven de 21 años y sucedía a su abuelo Abd Allah. No estan claras las razones por las que el antiguo emir escogió al joven Abderramán como su sucesor,(resulta sorprendente que no escogiera antes a alguno de sus hijos). Tal vez, Abd Allah encontrara en Abderramán al enérgico gobernante que necesitaba Al-Ándalus para sobrevivir. No en vano, la situación era muy delicada, con varios enemigos acechando las fronteras: cristianos en el norte, fatimíes al otro lado del estrecho y muladíes (los nuevos musulmanes convertidos desde el cristianismo) descontentos con las élites gobernantes que les menospreciaban por ser conversos.
Abderramán III logró imponerse a todos sus enemigos en diferentes enfrentamientos con ellos. Primero resolvió las disputas internas que afectaban al emirato, acabando con todos los conatos de revuelta e independencia respecto al poder centralizador cordobés. Luego se ocupó de los enemigos externos. A los cristianos les quitó las ganas de avanzar con diversas campañas de castigo. A los hermanos de religión del otro lado del estrecho, los rivales más peligrosos, los contuvo de dos formas: por medio de las armas y por medio de la religión.

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Debemos remontarnos un poco a los tiempos inmediatos de la muerte de Mahoma para entender los distintos movimientos religiosos musulmanes. Los califas eran los sucesores en la tierra del profeta en la tierra. Pero como Mahoma no había previsto su sucesión, los problemas no tardaron en aparecer. Básicamente se formaron dos grupos: unos defendían que el poder debía recaer sobre Alí, primo del profeta y marido de su hija Fátima (Si´íes); otros opinaban que el sucesor debía elegirse entre los miembros de la tribu de Qurays, a la cual pertenecía Mahoma (Sunníes).


Los primeros califas, Abu Bark, Umar y Utman lograron mantener la cohesión interna gracias a una política de expansión fronteriza que tuviera ocupados a los suyos. Pero tras morir Utman, asesinado por unos soldados descontentos, los descontentos con Utman, que eran muchos, aclamaron como califa a Alí. Eso era algo que no consentirían los partidarios de Utmán, quienes deseaban vengar su cruel asesinato. Por ello ahora se produjo la primera ruptura de la comunidad de creyentes, la llamada 1ª Fitna.
De las luchas de poder que ocurrieron entonces salió ganador Mu´awiyya, gobernador de Siria. Alí murió a manos de un jariyí, un seguidor de los jariyíes, movimiento escindido de los seguidores de Alí, los cuales consideraban que el califa debía ser el musulmán más devoto.
El triunfo de  Mu´awiyya supuso la victoria definitiva de la ortodoxia sunnita, la cual volvió a aglutinar a toda la comunidad de creyentes (umma) bajo un mismo poder. Además, supuso la creación de la primera dinastía hereditaria dentro del Islam, la de los omeyas.
A pesar de la aparente unidad, las ambiciones políticas de los si´íes partidarios de Alí no acabaron aquí. En un movimiento clandestino mantuvieron su oposición al poder omeya, y cuando tuvieron la oportunidad de alzarse lo hicieron con rabia.
La ocasión se presentó a inicios del Siglo X, cuando el califato omeya ya había desaparecido a manos de los abasíes, y la fragmentación de su imperio era más que evidente. Aunque el califa abasí seguía siendo la cabeza religiosa de todos los creyentes, en diversas partes del imperio se alzaron poderes independientes. En Persia gobernarán los Tahiríes, en el Magreb los Idrisíes, en Túnez los Aglabíes, en Egipto los Tuluníes. Todos estos movimientos tuvieron como precedente la escisión de Al-Ándalus, que se convirtió en un emirato independiente de Damasco con la llegada al poder del último omeya superviviente, Abd al-Rahman I.
Como decimos antes, los si´íes ismailitas, conocidos como Fatimíes, lograron derrocar a los aglabíes y nombrar a Ubayd Allah como nuevo califa en el año 910. Este personaje era el esperado mahdi, descendiente de Fátima y Alí. A pesar de las distintas revueltas que tuvo que sofocar entre los beréberes de la zona, los fatimíes tuvieron tiempo de presionar a los emiratos limítrofes.
Abderramán III sabía del peligro que suponía el nuevo califato fatimí para Al-Ándalus. La toma de Sicilia por los fatimíes podía cortarle el comercio mediterráneo, ahogando la economía andalusí y preparando un futuro desembarco desde el otro lado del estrecho. Además, la propaganda religiosa de los fatimíes, la cual negaba la legitimidad dinástica de los omeyas, debía ser contrarrestada de alguna manera. El emir de Al-Ándalus pasó al ataque en varios frentes.
                             
Lo primero que hizo fue atacar el norte de África, lanzando contra los fatimíes a sus ancestrales enemigos, los beréberes de la tribu zanata. Con ello logró desestabilizar la zona lo suficiente para luego pasar a la acción. En el año 927 conquistó Melilla y en el año 931 Ceuta. Su objetivo era tanto militar como económico, pues de esta forma alejaba a los fatimíes de las rutas comerciales de la zona controladas por los andalusíes. La toma de Ceuta fue especialmente importante, pues era el punto final de las caravanas que traían oro al mediterráneo desde el centro de África y el puente tradicional para un desembarco en la península. Con estas acciones se aseguraba cierto dominio militar y económico en la zona. Pero faltaba contrarrestar el ataque religioso. Para ello se aproximó a los alfaquíes, guardianes de la ortodoxia, como primer paso antes de proclamarse califa. Con este último título se igualaba en rango tanto al califa fatimí como al abasí, y dejaba claro que en ningún caso Al-Ándalus caería en manos de los otros dos califatos existentes.


Fuera por esta proclamación o no, lo cierto es que los fatimíes dejaron de mirar a la Península al cabo de unos pocos años. En el año 952 los fatimíes lograron entrar en Egipto y expulsar a los ijsidíes. Fundaron una colonia militar junto a Fustat, la anterior capital, la cual, con el paso de los años, evolucionaría hasta convertirse en el actual El Cairo; y controlaron el país tan eficazmente que para el año 973 la capital de su califato fue trasladada a Egipto.
Por lo que respecta a Al-Ándalus, el califato supuso diversos cambios en varios aspectos, tanto políticos como sociales, respecto a la manera de dirigir el emirato que se había llevado a cabo hasta entonces. No se trató de un título sin fondo, sino, al contrario, cambió la fisonomía del poder totalmente. Veamos los cambios más importantes:

  • Se acentuó la orientalización iniciada en el S. VIII.
  • El califa ya no sólo era el jefe político, como un emir, sino que también representaba a Dios en la tierra. Inevitablemente eso se tradujo en la inmediata sacralización de la persona de Abderramán III, la cual la podemos observar en la implantación de un ostentoso ceremonial alrededor del califa. El objetivo de esta pompa era tanto realzar la figura del califa como alejarlo de sus súbditos, pues sólo los altos funcionarios o los árabes del clan omeya tendrán derecho a reunirse con el califa.
  • Entre los nuevos símbolos de poder destaca el sello real, símbolo de deseo de independencia, el cetro, recuerdo del bastón del Profeta, y el trono.
  • Se crea una nueva moneda de oro con el nombre de Abderramán III, olvidando definitivamente al califa abasí.
  • Entre sus muchos poderes y privilegios está el presidir la oración de los viernes, impartir justicia y dirigir tanto la administración como el ejército del reino. Si bien, en la práctica, las tareas cotidianas serán resueltas por funcionarios controlados en última instancia por el hachib, una especie de primer ministro. 
  • El nuevo concepto de poder que impone Abderramán tiene su plasmación artística en dos edificios. Por un lado, embellece la mezquita de Córdoba con un bello alminar o campanario nuevo, restaurando parte de su fachada y ampliando el patio de entrada. Por otro, construye una nueva y enorme ciudad palatina a escasos kilómetros de Córdoba, siendo ésta su manera de demostrar, a ojos de todos, el poderío económico del nuevo califa.

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Medina al-Zahra, la ciudad palaciega de Abderramán, fue destruida a los pocos años, cuando el califato dejó paso a la anarquía y a la implantación de los reinos de taifas. Pero su esplendor, sólo conocido por las crónicas literarias, está empezando a volver a la vida gracias a la labor de los arqueólogos. La visita de estas ruinas es una de las más evocadoras y sugerentes que podréis hacer dentro de nuestro país, por lo que dejar una mañana libre cuando visitéis Córdoba para acercaros a este lugar.
Como dijo un día Abderramán III, o eso al menos es lo que le atribuyen los cronistas, “Los monarcas perpetúan el recuerdo de su reinado mediante el lenguaje de bellas construcciones. Un edificio monumental refleja la majestad de quien lo mandó erigir”.



Lo que provoca más la admiración cuando se estudia este reinado,es el obrero más que la obra el poder de esta inteligencia universal, a quien nada se le escapaba y que se mostraba tan admirable en los más pequeños detalles como en las más sublimes concepciones. Este hombre frio y sagaz, que centraliza, que funde la unidad de la nación y la del poder, que con sus aliados establece una especie de equilibrio político, que en su amplia tolerancia llama a sus consejos hombres de distinta religión, es un rey de los tiempos modernos más que un califa de la Edad Media.” (Dozy)
Hasta aqui,disfrutamos de una pequeña parcela de la parte histórica,ahora recordemos alguna de sus leyendas y lirica.


"La melancolia de Abderraman III"
Hace tiempo, leyendo una revista, encontré algo que llamó mi atención. Al parecer, el primer califa omeya de Córdoba, Abderramán III, sufrió los últimos meses de su vida “melancolía involutiva” , era incapaz de hablar sin llorar. Me resultó más enfermizo aún, el hecho de que se hablara de que, durante toda su vida, llevase a alguien consigo que anotase los días de felicidad que había vivido. Estas anotaciones le permitieron llegar a la siguiente conclusión:

 “He reinado más de cincuenta años, en victoria o paz . En esta situación, he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce.....No cifréis por tanto vuestras esperanzas en las cosas de este mundo." 

 Entonces me pregunté, ¿por qué catorce días?¿cómo es posible que alguien tan poderoso hubiera disfrutado de tan poco tiempo de felicidad, teniendo una vida tan dilatada?

Abderramán era nieto del emir de Córdoba. Hijo de musulmán y cautiva cristiana, su padre murió veinte días después del nacimiento de Abderramán, por una paliza que le propinó uno de sus hermanastros. Desde entonces pasó a vivir en el harén de su abuelo, en compañía de su madre,el resto de concubinas, hermanastros de su padre, sirvientes, esclavas, amas de cría, eunucos... Al frente del harén se encontraba una de sus tías, concretamente la hermana del que mató a golpes a su padre. Así que es de suponer que la vida de Abderramán en el harén no sería el culmen de la felicidad. Cuando falleció su abuelo, fue Abderramán quien ocupó su lugar en lugar de sus tíos (hijos de su abuelo). Algunas crónicas aseguran que existió una asamblea para proceder a su nombramiento , pero la mayoría opta por creer las tan recurrentes intrigas palaciegas. Sometió a los rebeldes de sus fronteras internas y mantuvo a raya a los reinos cristianos del norte y la expansión fatimí de la frontera sur.
Abderramán, convirtió a Córdoba en la principal ciudad de Europa Occidental, alcanzando el millón de habitantes. Impulsor de la cultura, construyó bibliotecas, fundó una universidad, escuela de Medicina,otra de traductores. Amplió la Mezquita y construyó Medina Azahara, donde residió hasta su fallecimiento. Se ha mantenido durante mucho tiempo, que la la construcción de Medina Azahara fue inspirada por una de sus concubinas, sin embargo, actualmente los historiadores se decantan porque esto no es más que una leyenda.
Abderramán III, es calificado por unos como un consumado gobernante, sagaz, inteligente,generoso... y por otros como un déspota, cruel, maltratador , sanguinario, aficionado al alcohol, que no había sentido nada cuando mandó ajusticiar a su propio hijo. Ya dice el refrán que, cuando uno pone el culo al sereno, unos dicen que es blanco y otros que es negro. Abderramán III, ha llegado hasta nosotros con sus luces y sombras, y por supuesto, con su tristeza. Continúo preguntándome, qué llevo a este hombre a llevar una especie de calendario para contabilizar sus días buenos y malos, cómo midió su felicidad, qué entendía por tal.



VERSOS DE ABDERRAMAN III 
"Si yo pudiese mandar en mi amor quizás no la querría, pero a tanto no

llega mi poder. No la amo porque sus labios sean dulces ni brillantes sus
ojos, ni sus párpados suaves. No la amo porque entre sus dedos salte mi gozo
y juegue como juegan los días con la esperanza. No la amo porque su cuerpo
sea para mí la única primavera. No la amo porque al mirarla sienta en la
garganta el agua y al mismo tiempo una sed insaciable. La amo sencillamente
porque no puedo hacer otra cosa que amarla"

CONFIDENCIAS ANTES DE MORIR
También en el dolor fui más. Lamento

deciros con retraso que yo era
un alfanje sin fin y una manera
de aceptar mi interior derrocamiento.

No quise divulgar mi sufrimiento

por no haceros la envidia llevadera.
Nadie me conoció más que por fuera,
como el alto ciprés conoce al viento.

El laurel fue costumbre de mi frente,

la mujer de mi noche, el inminente
jazmín bajo los astros a mi lado.

Todo lo tuve. Cuanto el cielo abarca.

Recordad siempre al más feliz monarca:
Abderramán III el desdichado.

Les dejo este vídeo,para que puedan valorar en su justa medida las palabras de Abderramán III.




http://mismentirasfavoritasdiego.blogspot.com.es/2014/01/abderraman-iii-se-proclamo-califa-como.html
http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/7855/medina_azahara.html 
http://lapuertadeshecha.blogspot.com.es/2009/11/abderraman-iii-y-la-melancolia.html
http://es.humanidades.literatura.narkive.com/ma2jsw14/versos-de-abderraman
http://muse.jhu.edu/login?auth=0&type=summary&url=/journals/sirena_poesia_arte_y_critica/v2010/2010.2.alcantara08.html
http://www.forosperu.net/temas/el-califato-de-cordoba-la-gloria-de-occidente.129845/


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